
En días recientes, la protesta que hubo en la Universidad Iberoamericana en contra de Enrique Peña Nieto ha generado muy diversas reacciones e interpretaciones. Sin considerar la particularidad del caso, es inevitable dar un paso atrás para preguntarse ¿cuál es el sentido de las protestas en un contexto democrático?
Para algunas personas las protestas sólo tienen sentido en un contexto autoritario. Reconocen que si no existe otra forma de expresar una queja en contra de la autoridad, entonces la acción directa y colectiva se vuelve la única forma de hacer que su voz se escuche y de que el descontento individual goce de la protección colectiva. De esta reflexión deriva entonces la pregunta: si hay libertad de expresión, si hay medios libres frente a la autoridad del gobierno, si les personas pueden reunirse y opinar, si pueden meter quejas y denuncias en contra de la autoridad, si hay organos representativos resultado de procesos electorales, ¿para qué protestar?
La primera respuesta es del filósofo Michael Walzer. Para él la democracia no sólo es deliberación y discusión, incluye la manifestación y protesta, y varias actividades más que por definición no son parte de la deliberación. Es decir, hay momentos y actividades que son parte sustancial de la democracia que no tienen como objetivo intercambiar argumentos con otros para persuadirlos y llegar a un acuerdo, decisión o conclusión. Algunas de las actividades democráticas que no implican deliberación según Walzer son, votar, organizarse, manifestarse, debatir. Con esto lo que quiere decir es que son actividades consustanciales a la democracia, que podrían ser criticadas por no tener como objetivo intercambiar argumentos racionales. Por el contrario, son actividades democráticas aunque apelen a pasiones, marketing, sentido de pertenencia, etc.





