Un poco más de dos mil millones de personas en el mundo tienen acceso a Internet, difícilmente podríamos seguir diciendo que se trata de una burbuja, si bien en países como el nuestro es un privilegio contar con Internet en casa, la idea de los seres digitales completamente conectados parece estar más cerca de la realidad ¿Qué pensar entonces de Internet? ¿Cómo pensarlo?
El 30 de abril de 1993 cuando la web fue puesta en el dominio público, significó el punto de partida de un barco del que se ignoraba su puerto de llegada, hasta hoy ese horizonte parece brumoso. Internet creció de manera vertiginosa en los años siguientes: los servicios financieros, el comercio electrónico, los blogs, los medios digitales, las redes sociales, la televisión en línea, los pagos sociales, los datos abiertos y un largo etcétera que se suma todos los días a un ecosistema basado en la confianza y combustible para la innovación.
La literatura nos ofrece algunas pistas sobre cómo pensar Internet pues la plataforma fácilmente desbocó a entusiastas y a críticos sobre su futuro. Pienso en dos libros que en esos primeros años marcaron la discusión sobre el tema, el primero es Technopoly: The Surrender of Culture to Technology (1993) de Neil Postman, en él Postman logra hacer una crítica social sobre las consecuencias de nuestra aparente rendición a la tecnología y cómo ésta logra de alguna manera volverse en nuestra contra, en su argumento señala los tres estadios de la relación entre la cultura y la tecnología: el uso de la herramienta, la tecnocracia y la tecnópolis como lente para observar el impacto de las computadoras en la sociedad estadounidense, al final propone un nuevo modelo de educación que replantee la relación con la tecnología. En el lado contrario, con un par de años de diferencia, se encuentra Being Digital (1995) de Nicholas Negroponte, el artífice del laboratorio de medios de MIT, que parte del punto contrario, asume que hay un miedo a la tecnología y a lo largo del libro intenta predecir lo que sucedería con la digitalización del mundo, pues lo ve como un hecho inevitable, desde la historia del desarrollo del CD-ROM hasta la web pasando por un énfasis en las diferencias entre bits y átomos, Negroponte de cierto modo funda una escuela de pensamiento sobre lo digital.









