Para cualquiera que haya vivido en un país en vías de desarrollo, resulta muy difícil entender cómo es que se puede ser pobre y usar ropa de marca cara, comprar videojuegos, tener Blackberries y iPhones, usar audífonos que cuestan lo que una computadora portátil.
La reunión llevada a cabo la semana pasada en el Castillo de Chapultepec entre Felipe Calderón y Javier Sicilia, probablemente sea recordada como uno de los eventos más importantes de este sexenio. Lo puede ser, porque para unos la presentación de la posición de víctimas de la guerra contra el narcotráfico frente al Presidente es la evidencia más contundente de que la estrategia del Gobierno Federal no sólo no está logrando sus objetivos
En Ciudad Juárez el ambiente se siente distinto. Llega la Carvana a la glorieta del kilómetro 20, y un par de cientos de personas sobre la calle aplauden y ondean banderas. “Llevamos años esperándolos”. Supongo que es una forma de decir que se sienten solos y están desesperados.
¿Qué debes hacer: permitir que te maten; matar a la Perseguidora, quien plantea una amenaza injusta pero que no es responsable; o matar al Iniciador, quien ahora no plantea una amenaza pero es moralmente responsable de la amenaza que plantea la Perseguidora?
Los papeles se han invertido: ahora la incorrección política es la corrección política y a la inversa. Desde el momento en el que se discutió la pertinencia de las acciones afirmativas en Nexos, una serie de lecturas “críticas” han vociferado su descontento.
Cualquiera que haya ido a las marchas en torno a la inseguridad el 30 de agosto del 2008 y la del 5-8 de mayo del 2011 puede notar diferencias entre ellas. Una fue convocada por un empresario, Alejandro Martí, tras el secuestro y asesinato de su hijo. La otra por un poeta y periodista, Javier Sicilia, después de que su hijo fue asesinado en el contexto de la “guerra contra el narcotráfico”.
Entiendo la necesidad e incluso la importancia de lo políticamente correcto. Entiendo que Héctor Aguilar Camín haya querido subsanar la carencia de mujeres en su revista otorgándoles un número especial (aún cuando la medida me parece ya, en sí misma, discutible). Sin embargo, lo que no entiendo es la justificación editorial, y menos aún la fórmula para incentivar a estas veintitrés mujeres a escribir en el mencionado número.