La discusión sobre la reforma política continúa en los periódicos a partir de la idea de la “creación de mayorías”. El día de ayer el grupo parlamentario del PRI en la Camára de Diputados formalmente presentó su iniciativa de reforma política. Entre las propuestas presentadas, está una que ya había sido adelantada por el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto en un editorial de periódico, con la que se pretende derogar el inciso V. del artículo 54 de la constiución que establece:

EN NINGUN CASO, UN PARTIDO POLITICO PODRA CONTAR CON UN NUMERO DE DIPUTADOS POR AMBOS PRINCIPIOS QUE REPRESENTEN UN PORCENTAJE DEL TOTAL DE LA CAMARA QUE EXCEDA EN OCHO PUNTOS A SU PORCENTAJE DE VOTACION NACIONAL EMITIDA

Esto quiere decir que el porcentaje total de votos que tiene un partido en la Cámara de Diputados, no puede tener una diferencia de más de 8% del porcentaje de votos que sacó en la elección. El objetivo de esta candado de sobrerrepresentación es que haya cierta proporcionalidad entre el total de votos que emiten los electores por un partido y el total de votos que ese partido tiene en la cámara de diputados.

El día de ayer en el periódico Reforma salieron dos editoriales sobre el tema. Uno de Jorge G. Castañeda, en el que insiste en la necesidad de que el presidente “tenga” mayoría:

Para México hoy me parece preferible el sistema mayoritario, eso no quiere decir que sea permanentemente idóneo, ni para este País ni para otros. La razón es que el País requiere de capacidad de decisión.

Las mayorías se pueden lograr mediante segunda vuelta en las elecciones legislativas o eliminando el candado de sobrerrepresentación y/o restableciendo la cláusula de gobernabilidad o alineando las elecciones legislativas con las presidenciales, propuestas ya adelantas por Aguilar Camín y por mí. Todas tienen ventajas y desventajas. Todas logran más o menos el mismo objetivo.

En la misma plana editorial, José Woldenberg contesta al argumento de “las mayorías”:

Si algo bueno pasó en el mundo de la representación en las últimas décadas es que México pudo ofrecer un espacio institucional a su diversidad política. Hoy ninguna corriente medianamente asentada está excluida de los Congresos. En esos espacios coexisten, se pelean y se ponen de acuerdo los representantes de la pluralidad que es natural en un país masivo, contradictorio y desigual como el nuestro. Pero, claro, no hay bien que mal no genere. Y como siempre es más difícil forjar acuerdos entre organizaciones que tienen idearios diferentes que cuando uno se pone de acuerdo con uno mismo, surge y se reproduce una nostalgia por la eficacia que tenía el sistema de partido hegemónico: aquellos años en los cuales la voluntad del Presidente era la del Congreso, la de los medios, la de la Nación.

El día de hoy en El Universal, Macario Schettino, va un poco más lejos y arguye que tratar de sofocar la pluralidad es “una tontería suprema”, y lo que identifica en el argumento de otorgar mayorías es un intento de restauración:

La propuesta de otorgar mayoría artificial a una fuerza política tiene como objetivo bloquear esta posibilidad. Puesto que quienes quieren avanzar están más dispersos, lo que se busca es aprovecharlo para intentar la restauración. Porque no es otra cosa lo que puede esperarse del priísmo agrupado en torno a Peña Nieto y Beatriz Paredes. Lo han dicho con toda claridad: nada de reformas fiscales, laborales, energéticas. Es más, ni siquiera reforma política, salvo la mayoría artificial, que esperan ganar con lo que queda de nacionalismo revolucionario.

En la Mesa Política de Nexos, Victor Alarcón Olguín, se pronuncia en contra de eliminar el candado de sobrerrepresentación y se sale del debate al proponer que en vez de preocuparse por la construcción de mayorías en las reglas electorales, se hagan modificaciones la integración del qurom para las votaciones:

La pregunta abierta que nos queda es si queremos un modelo que permita construir consensos sustantivos más allá de una fuerza política (asumiendo los costos y las tendencias a la parálisis legislativa que se tienen con el modelo actual de tope con 60 / 40), o bien se intenta de generar un modelo de quórum de votación con miembros presentes, donde los legisladores se forzarían a no ausentarse de las sesiones, so riesgo de que su partido pudiera perder una decisión importante. De esta manera, la fuerza numérica y la dinámica de representación podrían tomar una ruta distinta sin tener que alterar en demasía los parámetros de integración actual del Poder Legislativo.

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