100119-SunsteinHLRecordCass Sunstein es públicamente lo que en Estados Unidos se entiende por liberal (no necesariamente liberal clásico, sino a la izquierda del centro en un conjunto de temas de la agenda pública estadounidense). Entre otras cosas, por sus simpatías ha dedicado  parte de su trabajo a por qué y cómo los rumores se distribuyen fácilmente sin mayor consideración sin son verdaderos o falsos. En las campañas políticas cada vez encuentra más común el uso de rumores falsos para socavar la credibilidad de un candidato o para energizar a su oposición. Por ejemplo en la campaña de del 2008 en Estados Unidos, surgió como rumor la acusación de que Barack Obama no podía ser Presidente porque había nacido en Kenia (y era musulmán), pese a que nunca se presentó la más mínima prueba, el rumor se esparció y se ha mantenido vigente en por lo menos un grupo importante de simpatizantes del partido republicano (alrededor de 50%).

Su preocupación central son los rumores falsos, pues estos -dice- le pueden hacer mucho daño a las personas, instituciones, y socavar los fundamentos básicos de la democracia. En su libro On Rumors: How Falsehoods Spread, Why We Believe Them, What Can Be Done (aquí se puede descargar el texto académico que usó como base para el libro ” ‘She Said What?’ ‘He did that?’ Believing False Rumors“) define los rumores  de la siguiente manera:

…una afirmación de hechos -sobre personas, grupos, evento, e instituciones- que no han sido mostradas como verdaderas, pero que se mueven de una persona a otra, y por tanto tienen credibilidad no por que se haya mostrado evidencia directa para sostener la afirmación, sino porque otras personas parecen creerla. Así entendidos, los rumores suelen surgir y ganar espacio porque embonan, y apoyan, la convicciones previas de quienes los aceptan. Ciertas personas y ciertos grupos están predispuestos a aceptar ciertos rumores, porque esos rumores son compatibles con su interés propio, o con lo que creen que saben que es verdadero.

El tema la preocupa en particular, porque según Sunstein con las tecnologías de información y comunicación se está construyendo una nueva “sociedad de la vigilancia” que menos tiene que ver con la visión tradicional de el Estado como el “Gran Hermano” sino con la vigilancia de unos a otros de manera constante. El problema -dice- no es que todas nuestras vidas estén grabadas en Internet, sino que pequeños momentos sacados de contexto, o que simplemente fueron nuestro “mal momento” sean usados para generalizar y hacer daño. Su conclusión pesimista es que necesitamos que las leyes y acusaciones de difamación se adapten en algunos aspectos para enfrentar el reto del cambio tecnológico. Su conclusión optimista es que las personas aprenden, y cada vez más aprenderán a buscar información fidedigna, descartar rumores falsos (y también usar Internet pare hacerlo), y castigar con el desprestigio a quienes los propagan.

Este tema es particularmente interesante a la luz de distintas discusiones que han surgido en nuestro país a través del tiempo que van desde el “chupacabras” a mediados de los años noventa, el reciente “toque de queda del narco” en Cuernavaca, y un ejemplo reciente que documenta Raúl Trejo en su texto “La mentira como arma política“.

El mismo Sunstein hoy es vícitma, de la descripción que hace de estos ataques. En la página www.stopsunstein.org se puede constatar como un grupo conservador saca de contexto citas de su trabajo sobre los derechos de los animales (The Rights of Animals: a Very Short Premier). Esto es particularmente interesante pues Sunstein es considerado un “moderado” en este debate, pues distingue la posición que de “bienestar de los animales” de los “derechos de los animales”:

…quienes creen en el bienestar de los animales, creen en derechos de los animales, por lo menos si definimos los derechos de los animales como “protección en contra del sufrimiento”. Cualquier esfuerzo para prevenir el sufrimiento generará derechos de cierto tipo. Pero hay grandes diferencias entre aquellos que buscan el bienestar de los animales y los derechos de los animales. Si el sufrimiento es el centro de atención, la experimentación y comer carne pueden ser aceptables si el sufrimiento es mínimo.

Las razones por las cuales asume esta posición mínima es que considera que no hemos avanzado en la discusión, y consensos, sobre temas que tienen una variedad de implicaciones, por ejemplo:

  • ¿los animales pueden estar sujetos a control de los humanos? ¿cuáles?
  • ¿los animales deben ser tratados como propiedad privada? ¿como seres tutelados?
  • ¿los animales tienen autonomía plena y por tanto deben ser dejados a “decidir”? ¿de qué viviría un perro sin interacción humana?

Considerando esto, Sunstein cree que las leyes que hoy existen (en Estados Unidos) en alguna medida protegen el bienestar de los animales, pero que lo más importante es una pequeña modificación legal que permita que los animales maltratados puedan demandar y defenderse en las cortes a través de humanos que velen por su interés, como hoy se hace con los menores de 18 años. Si logramos que estas demandas existan -dice- nuestra intuición moral sobre el sufrimiento de los animales, no será una hipocresía, y empatará con la aplicación de la ley. Incluso va más allá y propone que las compañías que producen alimentos con animales muestren el procedimiento y el trato que le dan a los animales en su cadena de producción (“Animal Rights without controversy“):

Hagamos un experimento mental, con un elemento de ciencia ficción: imagina que las personas pudieran estar informadas, de manera inmediata y sin costos, del trato que se le da a los animales que son usados en la comida que compran. Imagina también que la revelación de información es tendenciosa o sesgada – que se hacer un esfuerzo  para presentar los hecho relevantes de manera correcta. Informados de esta manera, los consumidores podrían comprar la comida que quieran. En la medida en que estén dispuestos a pagar por el mejoramiento del bienestar de los animales, podrían hacer exactamente eso.

Al igual que en otros temas, Sunstein, deposita su esperanza en que las personas con un “empujoncito ” de información cambien su comportamiento, y dejen de comprar los alimentos que revelan provocar el sufrimiento de animales de manera que hoy encontramos moralmente inaceptable.

Mañana haremos la última entrega sobre el trabajo de Cass Sunstein.

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