Las tortas de milanesa son las que se acaban primero. Son deliciosas, me dicen. Jamás he tenido el gusto de probarlas. Nunca me he subido al avión presidencial de la Fuerza Aérea Mexicana, lugar en donde esta rica especialidad culinaria se sirve a los “compañeros” de los medios de comunicación que cubren las giras del presidente en turno.
Luego están las comilonas con “la fuente”, que generalmente paga esta última. Están también los actos de todo tipo y a todos los niveles en los que los reporteros son invitados a desayunar, comer o cenar mientras “cubren” la nota (o recogen el comunicado de prensa para armar su reporte, según sea el caso).
¿Importa?
¿Importa que los representantes de los medios de comunicación aceptemos esos “regalos”? ¿Importa que paguemos nuestro pasaje en el avión presidencial? ¿Importa que nos sentemos comer con políticos de cualquier color y aceptemos que éstos paguen la cuenta? ¿Nos compromete a algo?
Sí, la respuesta es sí.
Con sus honrosas excepciones, la prensa mexicana nos permitimos licencias que transforman –de origen- lo que debería ser la relación entre nosotros y nuestras fuentes. La prensa mexicana estamos también acostumbrados a no hablar de ello, nos incomoda. Nos parece una cuestión “cultural”…el acercamiento con “la fuente”, la grilla, la negociación de presupuestos publicitarios. Nos parece puritano y hasta de mal gusto hablar de estándares internacionales. “Esas son cosas que no funcionarían en México, aquí las cosas son diferentes”, me han dicho.
Cuando un reportero del diario The Washington Post vuela con Barack Obama, el Post paga su pasaje y la comida que el o la reportera consuman en el avión. Si van a una conferencia de prensa en donde hay desayuno –cosa que raramente sucede– no se sientan a comer. No aceptan viajes gratis de nadie ni regalos. Cuando invitan a platicar a una fuente ellos pagan y no pueden gastar más de 40 dólares a la semana. No hay comilonas en El Cardenal mientras se busca la nota o un contrato de publicidad. No hay tortas de milanesa gratis ni viajes todo pagado para cubrir absolutamente nada. Hay, sí, una estructura ética mínima que les permite hacer su trabajo sin comprometer –de origen– su libertad y su pensamiento crítico. ¿Alguien cree, en serio, que eso no es relevante?
Ana Francisca Vega. Editora de www.laloncheria.com y coordinadora de la Unidad de Inteligencia de El Economista.
Hola, me pueden dar el twitter de «la Lonchería»? Gracias
Como todo en este sistema de «torta de milanesa», hasta eso tenemos que pagar. O sea, nos cuesta doble porque pagamos los gastos de los «enviados» y luegpo tenemos que pagar para leer sus notas… ¡Y que notas tan vendidas¡
Cuando en Reforma decidimos no aceptar chayos, comidas, regalos ni invitaciones a cubrir cosas con todo pagado por el partido, el candidato o el funcionario (corría el año de 1993) todos nos veían como bichos raros. Sin embargo, muchos medios siguieron el ejemplo y con los años se fueron imponiendo reglas menos nefastas que las no escritas que operaban en la prehistoria del periodismo. Que yo sepa, ya no hay charolas de esas que les permitían a los periodistas estacionarse donde sea; cuando se cubre una gira internacional, cada medio paga para que su reportero pueda viajar en el TP-01, hospedarse, comer, hacer uso de teléfonos, computadoras y papelería en la sala de prrensa, etc…; hace años que no sé de listas para pasar con «Juan el leñador» por una mochada; creo que ya no hay reporteros en nómina ni como aviadores en ciertas instituciones y, sobre todo, se nota a leguas que ya no hay ese control férreo de la información que había cuando cada nota era leída en Bucareli, censurada o dde plano pagada. Hay sin embargo, mucho qué hacer: sería sano que todos los viajes en el TP-01 los pagara el medio, que las tortas de milanesa, los ddesayunos y los wiskies que se sirven en el avión presidencial corrieran a cuenta del medio y no del erario, que se eliminara por completo el embute y que las empresas (no sólo los reporteros) transparentaran sus relaciones comerciales con ciertos gobiernos, partidos y/o políticos.
Muy interesante. Es obvio y muy claro la diferencia entre dos países, ¿no? El origen de todo comportamiento está en la independencia con que éste se desarrolle. En nuestro país, como en casi todo el mundo, se puede comprar todo. La pequeña diferencia es que nosotros no hemos desarrollado la sabiduría necesaria para separar cosas que hagan que funcione mejor nuestra democracia incipiente.
Y eso sólo por referirse a la fuente política. En negocios y sus sucursales se da por sentado que viajar a conocer las matrices de empresas extranjeras o sus operaciones en otros países es lo más natural del mundo. Los periodistas de la fuente automotriz son quizás el ejemplo más claro de eso. Basta ver las diferentes publicaciones para darnos cuenta que no existen autos malos, ni deficientes. Claro, cómo puede ser un reportero crítico, después de haber estado en regiones en los que por su cuenta nunca habría ido. Y todavía firman con el famoso adjetivo de «enviado», como si realmente el medio hubiera pagado ese viaje.
Sería interesante conocer esa estructura ética mínima para que los periodistas mexicanos se ilustren…
En el México de hoy, la prensa ha encontrado que la nota no es nada, mientras «La Fuente», lo es todo.