MonsivaisI EL BRIGADISTA

La boca seca. Toda esa gente escudriñándolo. Como que uno se marea con estos rostros a los lados. Nunca se había enfrentado a tantas caras desconocidas, claro que en la calle uno no conoce a nadie pero tampoco va viendo a ninguno. ¿Me explico? Y aquí, en este mercado, él se dispone a hablar, se invita al pueblo a la gran manifestación, les participamos democráticamente de la represión y de la intolerancia de las autoridades … Uno no tiene otro remedio, hay que reconocer que nunca había visto antes a este tipo de gente, es como un pueblo desconocido al que de pronto le salen rostros por todas partes y no hay más remedio que irlos viendo uno por uno aunque no se les observe con detalle (no hay tiempo). Casi al instante, todas esas miradas aprisionantes se convierten en una sola curiosidad, remota y próxima y al acecho. Oh, qué manera tan laberíntica de contar que este brigadista, en el mercado de Mixcoac, se va a subir al cajón a informarles a quienes lo miran y a quienes lo oyen -ojalá no sean los mismos porque serían demasiados- que ha llegado el momento de la justicia y de que el pueblo hará valer sus derechos constitucionales (él nunca sabe por qué pero esa palabra “constitucionales” le queda muy retirada ni siquiera le parece demagógica de tan lejana pero es buena consigna, aunque a él de la Constitución sólo le consta que la hicieron para violarla, como en los chistes).


Y ya le va a tocar el turno, ya volantearon y botearon y la gente dio dinero, eso sí, él se da cuenta de que a la mayoría les caen bien los estudiantes, uno que otro señor y una que otra señora se ponen pesados y les dicen que estudien y que no anden de alborotadores y que yo-a-tu-edad y pendejadas así y su voz se irrita como cascando la falta de buenos recuerdos, pero la consigna también es no aceptarles el enojo, si señora, si señor ¿no quiere cooperar?, si, tiene usted razón y nosotros tenemos razón… ¿para qué pelarlos? Pobres, si nuestra mejor venganza es su propio aspecto, tan tieso y momificado, ni hacerles caso, él nunca ha entendido a esa chava de la brigada de Ciencias que se pelea con los señores y las señoras que regañan y les dice que den razones y que no aconsejen mejor argumenten y se irrita y le gritan que el papel de la mujer es otro y ella termina mandándolos al carajo, a lo mejor tiene razón qué tipos más estúpidos, como los de la manifestación del primero de agosto, la que encabezó el rector Barros Sierra, que desde sus balcones los regañaban y les gritaban güevones y comunistas, y se les contestaba en el mismo tono y luego los de la comisión de vigilancia localizaron a los regañadores y pidieron no contestar a las provocaciones aunque una buena andanada de mentadas de madre no hubiera estado nada mal.

Pero la bronca está ahora aquí, en el mercado, hay que aventarse un discurso y esa si no es su onda, cuando se metió a la brigada advirtió que nada de hablar pero ni modo, de tripas corazón como en el dicho y a alzar la voz y a no saber qué se está diciendo, las palabras se le van, todo se le confunde, la ventaja es que no está concursando, sólo les dice compañeros populares, el gobierno nos reprime y nos mata a los estudiantes porque defendemos nuestros derechos y los derechos de los humildes, ustedes compañeros tienen que apoyarnos porque su causa es la nuestra y los esperamos en la manifestación, pueblo de México, somos tus hijos y termina con la boca seca, confundido y ni siquiera le queda el recurso vanidoso de “¿qué tal estuve?” porque ya quedaron en eliminar esa pregunta, no se trata de estar bien en la onda individualista sino de cumplir con la brigada, salir todos los días, pararse a la puerta de los cines, subirse a los camiones, entrar a los restoranes burgueses para echarles a perder la digestión a los cabrones, ir a las secundarias a informarles a los chavos que el gobierno reprime, vencer el miedo aguantándose el temblor de piernas, él nunca había conocido así a la ciudad, tan vertiginosamente, nunca se había dado cuenta del alcance de la policía, ahora que han salido huyendo de tantas partes ha comprobado muchas cosas, cuál régimen de libertades.

Muchas de las cosas que oye lo entusiasman o lo dejan sin saber ni qué onda. Hay cuates muy locos, de plano, muy entrones como aquel zafado que se paró frente a una delegación de policía a hacer un mítin, él solo con su capa española politizando a los gendarmes y éstos oyendo fascinados el discurso donde se les reconvenía por su infamante profesión y se les exhortaba a hacer uso de su derecho cívico al disentimiento apoyando al movimiento estudiantil, dicen que algunos policías lo aplaudieron, el hecho es que no se le detuvo.

Y él se baja del cajón y sale del mercado y quisiera recordar lo que dijo pero es imposible, sólo se acuerda de que se sintió muy emotivo y ahora hay que irse a CU a ver si hay asamblea o reuniones del comité de lucha o volantes. Este pinche gobierno no se va a salir con la suya.


II EL POLÍTICO PROFESIONAL

Esos pinches estudiantes no saben de qué carajos están hablando. Yo sí sé, yo he vivido este país, lo conozco, tengo la obligación de conocerlo. No es fácil entender a México, con todas sus reglas y sus excepciones (aunque la primera regla es que no hay excepciones). ¿A qué le tiran estos jovencitos? ¿Están conscientes de los intereses a los que sirven? ¿Qué captan ellos de lo que costó construir este cabrón país? Lo más grave es que parecen olvidar quién es nuestro vecino (Guatemala no llega a vecino, es nuestro hermano separado). Si estos chamaquitos no advierten nuestra condición geográfica ya mejor que cierren las universidades. Yo, por ejemplo, creo que la están pendejeando con sus injurias al Señor Presidente. Mira, yo no soy reverente ni nada que se le parezca, pero en este país hay dos instituciones que no debemos tocar, nos unifican y nos identifican, carajo. Mientras le tengamos respeto a la Virgen de Guadalupe y al Presidente de la República no nos puede ir mal, de plano.

A mí estos muchachos me dan la impresión de manipulados, la verdad, por el Partido Comunista o por la CIA no sé, en eso estamos, averiguando quién los mueve y a esos les va a ir de la chingada. El gobierno ha sido paciente, incluso demasiado paciente. Te juro que a mí me hirvió la sangre al enterarme del grito ese de “Sal al balcón hocicón” y tonterías por el estilo. ¿Qué saben estos cretinos de lo que es gobernar, qué saben de hacer política? Hacer política es resignarse a entrarle a la mierda, que casi te cubra hasta las orejas pero que puedas ver y puedas sacar este desmadre a flote. Hacer política no es andarse con mamadas de pliegos petitorios ni correr por las calles ofendiendo a las autoridades. Hacer política es tomarle el pulso a la nación, actuar conscientes de que nos enfrentamos a enemigos muy poderosos y de que la paciencia histórica es nuestra fuerza. Con porras y con mantas y con pinches lemas copiados de los franceses no vamos a adelantar el socialismo. Estos cabrones están pidiendo mano dura y se les va a hacer porque en este país no andamos con mamilas y nos valen madre la fayuca de héroes y las boinitas milagrosas. Y si siguen jodiendo lo que van a obtener es una punta de chingadazos. Bajo presión no se concede. Nomás faltaba que estos pobres tarugos nos vayan a enseñar a gobernar.


III LA MADRE DE FAMILIA

-Yo ya no entiendo nada, señor. Ese muchacho no le hacía daño a nadie, era buen estudiante, muy callado, pacífico. ¿Que se metió en el movimiento de los estudiantes? Sí, como todos sus amigos, desde que empezó la huelga se entusiasmó y llegaba y nos contaba de sus asambleas y sus brigadas y se le ponían los ojos húmedos. Por lo menos yo así lo recuerdo señor, qué quiere que haga. Ese día no vino a comer, nos habló para decir que llegaría muy noche. Andaba en una pinta, me contó uno de sus amigos, estaba pintando en una pared uno de los lemas del movimiento y un policía que lo vio, le gritó que se detuviera y sin decir más le disparó. Cuando llegó la ambulancia, mi hijo ya estaba muerto. Fuí a ver el cuerpo y unos agentes todavía me regañaron, me dijeron que eso se había sacado por andar de agitador. Yo soy también muy pacífica pero por primera vez en la vida grité y les menté la madre. Al policía lo detuvieron pero me dicen que lo van a soltar luego y seguramente lo ascenderán. No lo dudo. Ahora que yo no salgo ganando ni perdiendo. Esto ya se acabó. Por lo menos para mí.


IV UN BRIGADISTA (1978)

-Claro que participé en el 68. Era una experiencia generacional. Lo hice por convicción y por no dejar solos a los cuates. Me metí en las manifestaciones, salí varias veces con las brigadas, repartí volantes a lo bestia.

Y cuando vino lo de Tlatelolco hasta me quise ir de México para siempre. Esta chingadera no se merece a nadie, me dije… Y luego, no es que haya rectificado o transado o claudicado o entrado en razón pero las oportunidades van surgiendo y si uno es competente o más o menos, las oportunidades lo van formando y reformando. Creo que eso nos pasó a nosotros, los de la generación del 68, fue muy amarga la experiencia pero finalmente fue una experiencia de gobierno. Es inútil el autoengaño: nosotros éramos una generación de relevo que se hizo afuera, ya no domando sillas en las antesalas sino en las calles y manifestando. ¿Qué aprendimos en 68? A ser flexibles, a incorporar demandas, a no caer en provocaciones. Yo he madurado mucho en diez años. Cuando me metí al movimiento estudiantil ni me daba bien cuenta de las cosas. Ahora, creo medir la gravedad de la crisis a nivel vivencia y a nivel análisis y a nivel decisión administrativa. Me siento orgulloso de ser miembro de la generación del 68. Para que Tlatelolco no se vuelva a repetir gente como nosotros debe participar en las decisiones de gobierno.


V EL PRESO POLÍTICO

Ahora sí que te llevó la chingada. Te agarraron en ese camión con brigadistas y te llevaron a la comandancia y te reconocieron y te metieron a la cárcel. Antes de Tlatelolco. También sólo a ti se te ocurre, sólo a ustedes. Mira que un mítin frente a la cárcel de Santa Marta Acatitla. ¿Pues en qué país creían que estaban viviendo? Pero tú terco y los demás también. Ni modo de rajarse, de echarse para atrás, ustedes tenían el compromiso con los golpeados, los desaparecidos, los presos, los muertos. No era machismo, pero era asunto de entrarle, repito, de aprovechar tus experiencias en el desmadre de CU y en los agarrones con porros y en las ondas de los estudiantes de provincia, y meterte con todo eso de lleno en el movimiento. íQué semanas, carajo! De un lado a otro, hablando hasta enronquecer en los mítines, insultando a quienes te escuchaban a la salida de los cines para que se sintieran tomados en cuenta, acelerado verificando la producción de volantes, entusiasta interviniendo en el Consejo Nacional de Huelga. Todo al mismo tiempo, la energía y la compulsión y la avidez de hacer llegar el mensaje del movimiento a todas partes. Por eso el ánimo febril que traías la noche del 27 de agosto, el día de la gran idiotez del movimiento, no se midió el CNH decidiendo lo de la guardia en el Zócalo para presionar a Díaz Ordaz, todos después le echaron la bronca a Sócrates Campos por el discurso citando al Presidente a dialogar con ellos el primero de septiembre, pero lo cierto es que esa noche Sócrates cumplía la encomienda del CNH y resumía todo el orgullo sectario y la altanería de un movimiento salvaje y estúpidamente reprimido que de pronto, cuando se siente más amenazado, ve surgir en su apoyo a cientos de miles de manifestantes. Demandamos el diálogo sí, pero bajo nuestras condiciones. Y allí en el Zócalo se quedaron esos preparatorianos y esos jóvenes del politécnico jugando rondas infantiles, me cae de madre que así fue, y doña blanca y los encantados y demás sonseras que ya no juega ningún niño y ellos vanidosísimos porque habían tomado el Zócalo y lo usaban para cantar “¿qué nombre le pondremos matarilirilirón?” y en eso estaban cuando llegaron los tanques y con altavoces se acabó el jueguito y el interlocutor enérgico del gobierno fue expulsado del sacro recinto…

Y tú mientras en Ciudad Universitaria consiguiendo mantas y comida y al devolverte al Zócalo te detuvistes con tus compañeros a cenar algo (porque no era justo mermarle comida a los de la guardia) y luego ya enfilaron hacia allá y al ir llegando vieron los soldados y pensaron meterse rápido con el choche burlando el cerco para unirse a los compañeros que estaban allí sitiados y entonces tú hablaste por teléfono a CU y te informaron que en el Zócalo ya no había nada, si te metes los dejan secos, pero así era todo no por espíritu de heroísmo a lo cantar de gesta o comic de superhéroes pero es que las cosas se hacían a fondo, y tú no te sentías arriesgando la vida ni cumpliendo un deber sino viviendo la parte del movimiento que te correspondía, y eso era lo que te repetías ahora, mientras ibas rumbo a la cárcel de Lecumberri, y tratabas de adueñarte visualmente de todo lo que podías contemplar o atisbar, quién sabe cuando podrías ver todo esto de nuevo.

VI EL ESCRITOR (DESPUÉS DEL 2 DE OCTUBRE)

-Dejémonos de metafisiqueos. Este gran movimiento estudiantil-popular que el gobierno quiso reprimir definitivamente con la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, va a continuar, de otras maneras y con otros métodos, pero va a continuar. Yo parto de la siguiente premisa: el movimiento estudiantil no es un proceso aislado históricamente, sino que tiene sus raíces en la falta de independencia de la clase obrera y en la represión de diez años antes, contra la huelga ferrocarrilera. Esto terminó por mediatizar a la clase obrera, y por invalidarla. Pero como la historia se venga siempre de las contrariedades que sufre, caminó, digamos, por debajo de los acontecimientos hasta hacer estallar este sentido de independencia en el seno de la pequeña burguesía intelectual, que son los estudiantes. Han sido los estudiantes quienes -sabiéndolo o no- han representado a esta corriente proletaria postergada por la represión. Lo criticable es el mecanismo democrático del CNH, muy engorroso para plantear cuestiones positivas; no positivas en el sentido de que fueran buenas, sino en el sentido de exposición no polémica, de afirmaciones téoricas que permitan una autoconciencia del movimiento. Lo que critico es que la dirección del movimiento, el Consejo Nacional de Huelga, no ha tenido capacidad teórica ni capacidad de análisis político. Sus análisis han sido muy torpes y su funcionamiento muy engorroso, puesto que ni siquiera ha funcionado con orden del día. Cada quien ha ido al CNH a informar y desarrollar ahí su pensamiento y la manera de intervenir ha sido proponiendo una moción suspensiva, una moción para hablar, a su vez, y cada moción es un nuevo discurso. Entonces vienen los conflictos, la falta de criterio. Pero la pluralidad de ideas y corrientes es benéfica. Y además, es el esquema que nosotros preconizamos para una sociedad crítica, una sociedad abierta…

Pero ya basta de mi fluir teórico. Más bien, ahora aprovechándome de la condición de ustedes, sujetos cautivos del discurso de la Historia a mi digno cargo (así decía un camarada mío del Partido en los años treintas), aprovechándome del diluvio congnoscitivo (esa es otra frase de un camarada que estudió filosofía ya muy tarde), les leeré una carta que le enviaré en un rato al jefe de las azules fuerzas represivas: “Muy distinguido señor: Hace apenas unos días se consumó en la plaza de Tlatelolco una matanza con el objeto de acabar con la amenaza que para el régimen democrático (por usted tan celosamente defendido) representaba el movimiento estudiantil. En lo que a mi modesta persona respecta, es evidente (y hoy lo ratifico) que he apoyado y he participado activamente en el movimiento. Por tanto, se me persigue, se ha desatado la persecución en mi contra y lo más probable es que el destino (por usted tan tajantemente representado) cancele mi existencia. Me siento, me sé, un condenado a muerte y al revisar la experiencia histórica de los condenados a muerte he recordado su privilegio final: la petición que se les otorga de modo inexorable. Por eso, señor, a usted que comanda las fuerzas encarnadas de mi captura, le solicito una última voluntad con la seguridad de que su sentido del decoro lo llevará a cumplirla. Mi postrer deseo, distinguido señor, es que vaya usted y chingue a su madre. Suyo afectuosamente…” ¿Qué les parece mi carta, compañeros?

VII EL AUTO DE FORMAL PRISIÓN

– Le agradezco mucho señor agente del ministerio público federal, la oportunidad de hacerme de un punto de vista inmejorable sobre la administración de justicia de este país, el tercer poder. Se me acusa de invitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataque a las vías generales de comunicación y despojo. Nada menos. Lo que yo recuerdo, y con mucho gusto, es que el día en que el ejército tomó la CU dí una conferencia en Comercio sobre el movimiento estudiantil donde sostuve que el movimiento es democratizador y que considero que la posición del gobierno es de negligencia, incapacidad, falta de tacto y de compresión para resolver un problema estudiantil. Haber dicho esto me convierte en terrorista y al ver sus pruebas lo felicito señor agente del ministro público federal, usted irá lejos en su carrera, a lo mejor algún día lo dejan colgar personalmente a los acusados. En cuanto al auto de formal prisión, cuya copia se me entrega, permítame licenciado que la rompa ahora mismo y la vuelva lo que es, un pinche confeti, confeti del poder burgués y de sus ilusiones de dominio sobre la libertad individual. Mire cómo transformo sus decisiones inapelables en confeti, en vulgar y pinche confeti. No se moleste en recogerlo. Gracias, Licenciado.

VIII EL EX-PRESO POLÍTICO (1978)

– De plano que si te fías en estas declaraciones se entiende ya casi nada. Nomás ve cómo se adornan todos estos jóvenes tecnócratas y funcionarios diciendo que participaron en el 68. A lo mejor salieron en alguna manifestación o acompañaron a su primo en alguna brigada (de lejitos) o le dijeron a la novia que ese día no podían verse porque él se iba a una asamblea. Casi te podía jurar que ninguno de esos mamoncitos hizo nada en el movimiento, ya andaban cuidando sus intereses y pensando en la ampliación de su biblioteca o en el viaje a París para justificarse como asesor rindiendo informes del eurocomunismo. Como lo quieran ver, de los que fuimos presos políticos -y creo con cierto derecho que representábamos el sentido del movimiento- casi ninguno transó y se metió al gobierno. (El caso de Sócrates es aparte. Ese cuate se ganó a pulso su destino y su fama. Delató por miedo o por lo que sea, y se sostuvo en su declaración y en su entreguismo por macho que es). Nosotros damos clases, trabajamos con grupos indígenas, en partidos políticos, publicamos revistas sobre el movimiento obrero, lo que sea y como podemos, pero no hemos transado. ¿Cuándo había pasado algo semejante? Ve a la generación del 29, tan famosa por su oposición a Calles. Fuera de uno o dos, los demás se dedicaron a lavar su “error” de rodillas ante el presupuesto. Hijos de la chingada, cuando se le acabó el boleto de la juventud se fueron de bruces. Nosotros estamos muy divididos políticamente y cuando podemos nos damos en la madre, pero ése es otro asunto. No llevamos trazas de ser -y ya van diez años, conste- diputados del PRI o secretarios de Estado progresistas o las “voces decentes” del aparato gubernamental o los prestigiosos asesores y funcionarios siempre equidistantes de la represión y la provocación. (Estos últimos son los que me caen peor, siempre en su moderación y su cita del pinche ensayista francés que dijo la mejor frase recomendando prudencia histórica o cualquier elaborada puñeta del conformismo). No me confundas, no estoy presentándome como un ultra, Juan Super Radical a tus órdenes, pero de plano que me prefiero así, matándome dando clases en todas partes y no de respetable sucesor. También te digo otra cosa: nosotros estamos muy conscientes del peligro de acabar de viudas del 68, llorándole al muerto de nuestra juventud. No, ni madre. Eso ya se acabó, fue una etapa chingona de nuestras vidas, y siempre la recordaremos, estamos marcados hasta el tuétano por las imágenes de las manifestaciones y el edificio Chihuahua y la luz de bengala y los interrogatorios y la disciplina de la razón en Lecumberri para no enloquecer. Eso sí, pero el país ya es distinto y por eso nuestro trabajo político es distinto. No le lloramos al 68 pero a mí no me dejan de dar risa estos oportunistas que quieren treparse al carro de la nostalgia prestigiosa.

IX EL 18 DE SEPTIEMBRE

– Una cosa es no sentirse el gran activista y otra ser indiferente. Por eso fuí a la Ciudad Universitaria esa tarde. Me había ido una semana a mi tierra dizque para descansar pero el caso es que me la pasé leyendo y subrayando los periódicos, discutiendo con la familia y los amigos, indignándome ante la manipulación de los locutores de Televicentro.
Esa tarde yo quería informarme, hablar con alguien del CNH, ver cómo andaba la bronca. Me había jodido perderme la Manifestación del Silencio. En las escasas fotos publicadas se veía a toda madre. Al llegar a CU percibí un ánimo muy tenso, muy duro, no sé cómo explicarlo y eso que han pasado dos meses en que no pienso en otra cosa. Había una mesa redonda en mi facultad y todos decían puras sonseras, la tensión era el mensaje real de las intervenciones. Me salí a pasear por los corredores, me encontré a dos de mi brigada y me platicaron con detalle lo de la manifestación. No es que fuera efectivamente silenciosa, me dijeron, para nada, pero era un rumor muy alegre, muy solidario, más efectivo que todos los gritos. Agarras la onda, ¿no? Fuimos a cenar algo y volvimos para la guardia, todo muy simbólico, porque nomás con barricadas y cadenitas valíamos madre pero nos levantaba el ánimo saber que estábamos defendiendo el ALMA MATER o alguna chingadera por el estilo. De pronto, ruidos, gritos, la voz de alarma. ííEl ejército en CU!! ¿Qué hacíamos? Por pronto y por después, nada. Desarmados, aterrados, rodeados, indignadísimos, sólo nos quedaba permanecer hechos unos pendejos, a la expectativa. Nosotros permanecimos fuera de los edificios, esperando. Otros se quisieron esconder pero estaba cabrón. Con magnavoces nos fueron concentrando en la explanada. Ahorita todavía me es difícil decirte mis sensaciones y eso que te digo que he tratado de ponerlas por escrito. Creo que la principal era la impotencia, una rabia inmovilizante, una amargura de pura jodedumbre y que iba de los pensamientos mortíferos a un deseo de llorar. ¿Qué podíamos hacer? La pura impotencia, me cae… Ya en la explanada nos ordenaron tirarnos pecho a tierra. La humillación en la humillación. Así estábamos cuando a un cuate se le ocurrió cantar el Himno Nacional. Hasta entonces yo del Himno Nacional sólo tenía dos imágenes reales: uno, la esposa del poeta Bocanegra encerrándolo, lo que siempre me ha hecho mucha gracia; otro, la vez que fue el gobernador de mi estado a la escuela primaria donde yo estaba y para adornarse el director hizo que el coro cantara el Himno Nacional y el gobernador que iba de prisa le pidió que mejor le hicieran un resumen. Eso era toda mi experiencia cívica, me cae. Total que cuando empezamos a cantar el Himno me emocioné mucho, no por la letra o la vivencia histórica o lo que fuera sino porque no podían callarnos y porque nosotros, así de jodidos y de pecho a tierra como estábamos, éramos finalmente mexicanos. Algo así. Ahora que te lo cuento como que tiene menos chiste o suena chantaje sentimental, pero en ese momento ante las armas y las amenazas, a nosotros, tirados y haciéndole la V a los soldados, házme favor, nos parecía que cantar el Himno Nacional tenía todo el sentido del mundo. Nomás nos sabíamos las clásicas dos estrofas y la voz nos fallaba y se quebraba o subía destempladamente y los soldados no se atrevían a sisear el Himno y así estuvimos un rato, muy corto seguramente, pero increíble. Luego nos subieron a los camiones.

X EL DEBER PATRIÓTICO

– No me queda otro remedio y lo digo con esa convicción especial de quien toma decisiones irreparables todos los días. No me queda otro remedio pero no les guardo rencor. ¿Por qué habría de tenérselos? ¿Quiénes son ellos y qué me han hecho a mi, personalmente? Pobrecitos manipulados, infelices que desde su insignificancia me han arrojado injurias y calumnias y motines. Pero les falló el tino. No me han agredido a mí, una persona trabajadora y decente, sino a mi puesto y yo contraje la obligación -mientras sea lo que soy, un mexicano de excepción por la voluntad expresa de los mexicanos comunes- de no verme como a un ser concreto (licenciado en derecho y político profesional y amigo leal y hombre al que no le falta nada para serlo) sino como al ser a quien le tocó en suerte encarnar por unos años lo más profundo del destino nacional. Don Porfirio tenía razón: uno se pincha un dedo y puede decir: “Me duele México” y no está mintiendo, ni mucho menos… lo que hayan dicho de mí se los perdono. Lo que han dicho de mi puesto nos ofende a todos. Por eso, ahora, al tomar esta decisión, no soy yo quien responde, un hombre herido en su orgullo de hombre, un jefe de familia agredido en la honesta reputación que hereda a sus hijos (para que éstos, a su vez, la sigan transmitiendo intacta y acrecentada) sino el patriota que sabe distinguir entre lo que es él y lo que es la Patria que abandera… Despreocúpense, ya sé lo que quieren advertir: no soy un mártir ni un improvisado. Lo mejor del caso es que les va a doler unos días, van a chillar y a maldecir desde su impotencia y luego no pasó nada. Y aunque pasara (que no va a suceder) no le tengo miedo al porvenir. Al contrario. La historia tiene la obligación de hacerme justicia porque yo trabajo a su favor y el grave compromiso de esta noche lo asume por mí una nación que ya está harta del relajo patrocinado, una nación que quiere ser salvada del caos y la anarquía y que me exige, en cada una de mis pulsaciones, que yo respete y honre el sitio que concilia y armoniza todos nuestros intereses. Caiga quien caiga…

¿Por qué no? Se me encomendó tripular este navío, dirigir esta expedición hasta puerto seguro y yo soy el piloto y yo soy el padre y yo soy el capitán… Procedo, se los repito, con la mayor serenidad, luego de cerciorarme que todos ustedes me apoyan y están de acuerdo conmigo. Y tenían que estarlo, porque yo he creído siempre en su sentido común y en su razón patriótica. Entiendo el sentido de mi acción, lo he meditado generosamente y me entrego confiado en las manos rugosas del porvenir. Eso sí. PERO NADIE VA A GOBERNAR POR MI EL PRESENTE… No estoy enojado ni podría estarlo: México actúa dentro de mí y dirige mis pasiones, las ordena, las depura, las vuelve inflexibilidad de conducta… Con violencia y con gritos y con héroes traídos del forro de sus conciencias descastadas han querido hacernos olvidar que somos una gran familia, que somos un país unido que atravesó -entre sangre, sudor y lágrimas- por una gran revolución. Me corresponde ahora, a como dé lugar, hacer que el país siga teniéndole amor y respeto a nuestras instituciones. Hemos llegado a un límite y si no nos fajamos los pantalones y detenemos a la subversión después andaremos por ahí lamentándonos en vano. Que pase lo que tiene que pasar y que México me lo agradezca.

XI EL ESPECTADOR SORPRENDIDO

De que sientes el miedo sientes el miedo. ¿Pero cómo podrías definir esa interminable palabra ahorita, aquí, tirado en la plaza, casi sin atreverte a respirar, pensando en todas las pendejadas posibles, las que uno imagina para no darse cuenta que está pensando, las imágenes vacías y desoladoras que se entrometen para no dar paso a las otras, las que ahora contemplas mezcladas con esa variedad de ruidos y gritos y gemidos y llantos que se unifican en un solo ruido inacabado? Reuniones familiares, tardeadas sexuales al margen de la fatiga, lecturas que conviene realizar, promesas incumplidas… y se acaba tu repertorio de imágenes en fuga y vuelve el miedo, el estremecimiento que te describe tu insignificancia, el miedo es también saber que no eres nada, una pinche bala y al carajo, la Plaza de las Tres Culturas es una trampa ya te lo habían dicho pero tú necio, respondiéndoles con los derechos que otorga la Constitución y memorizando artículos, házme favor, a ver imbécil, recítalos ahora ante las ráfagas y los gritos… pónte cívico y -ésto no lo podrías decir así pero bien que te das cuenta- el miedo no es sentimiento indefinible, qué va, es una presión física que te cambia el cuerpo, te lo descifra, te lo enreda y te lo desenreda, tu segunda piel o tu segunda madre, tu cuerpo es otro, tu cuerpo se convierte en una idea recorrible entre espasmos nerviosos, entre sudores y temblores, ahora el miedo te incita a pensar en el sexo, ahora el miedo te dice que el sexo es una porquería porque tienes miedo de no volverte a acostar con nadie… y de pronto, van escaseando los disparos, ascienden los gemidos y los murmullos y una serie de gritos te conminan: “íPónganse de pie, hijos de la chingada!”

XII EL CHAVO NI SE INMUTÓ (13 DE DICIEMBRE)

– No me lo vas a creer pero así fue: el general subido sobre el tanque insultándolos y diciéndoles que si eran tan machitos que se acercaran a ver cómo les iba, y el chavo ni se inmutó. Sus compañeros trataban de detenerlo pero él, necio, insistiendo que quería hablar y quería informarle al pueblo de México que ya de la Constitución no quedaba ni madre, que los habían masacrado en Tlatelolco y nadie decía nada, pueblo de cobardes y cabrones, y el chavo gritaba y los demás iban retrocediendo sin dejar de gritar, pero ¿qué les quedaba? A más de dos meses de la matanza, ¿ya qué movimiento estudiantil permanece? Esta idea de salir de la Ciudad Universitaria fue una locura, en Insurgentes, a unas cuadras, ya los estaban esperando los tanques y las patrullas y los camiones llenos de granaderos y ni modo de defenderse, hacer barricadas o golpear a nadie con mentadas de madre, y los chavos se dieron cuenta de que la impotencia no es una metáfora de la reacción y retrocedieron, y una señora se acercó al tanque y le dijo al general que debería darle vergüenza y se fue, y el chavo siguió predicando hasta el final, furioso contra este pueblo de cobardes y cabrones.

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