Foto: Photo Jean

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En Estados Unidos e Inglaterra se han publicado en las últimas décadas largos artículos periodísticos sobre la industria de la pornografía. Entre ellos, hay un par particularmente famosos, de los escritores David Foster Wallace (orginialmente publicado en la revista Premiere (1998), el texto fue reeditado bajo el nombre “Big Red Son“) y Martin Amis (traducido al español en la revista Letras Libres (2002) bajo el título “Un negocio duro“)  y recientemente un reportaje independiente por Susannah Breslin ha vuelto a poner sobre la discusión pública por lo menos tres de los temas centrales en la industria del porno: el dinero, las condiciones laborales y la objetivización de las mujeres.

Sin embargo, el debate que parece que ha vuelto a cobrar fuerza no es sobre la industria de la pornografía o el porno en sí, sino sobre las consecuencias culturales de la pornografía -en todas sus variedades- pero sobre todo tras un incremento en el acceso a partir del crecimiento en el acceso a Internet. Dentro del movimiento feminista la discusión sobre la pronografía y las consecuencias que se le vinculan de la imagen de las mujeres en la sociedad, ha sido un largo debate con distintos matices que van desde la prohibición por considerarse humillante, hasta su celebración como acto liberador.

La preocupación de algunos autores, es que la estética que se exige en la pronografía está “cruzando” a la cultura popular (o lo que en inglés se entiende como mainstream). En un artículo publicado hace unos días en el blog de filosofía del New York Times,  la filósofa Nancy Bauer, se preocupa porque el “empoderamiento” de las mujeres se esté convirtiendo en una forma de “empoderamiento” que sólo tiene sentido a partir de la concepción que los hombres imponen de la sexualidad, pese a que parezca lo contrario:

…las mujeres jóvenes reales, quienes, como ha sido documentado, son presionadas para convertirse a sí mismas en juguetes para los hombres a edades cada vez menores, se sienten divididas…Cuando están de rodillas frente a un hombre que acaban de conocer en una fiesta, auténticamente se siente poderosas — incluso sádicas. Al fin y al cabo, aunque no se paran y se van, en principio podrían. Pero la mañana siguiente, las estudiantes me cuentan frecuentemente, son vulnerables frente a lo que llaman “la cruda del agarrón”.

El texto de Bauer, inicia con una descripción de este video, “Telephone”, de la cantante Lady Gaga en el que la cantante, con un aspecto estilizado, al estilo del porno sado-masoquista (en estos días salió este video más explícito en sus referencia al porno, de Christina Aguilera, aunque sin al argumento “feminista” de matar hombres), entra y escapa de una cárcel por matar hombres. La pregunta que deja Bauer sobre la mesa es: ¿esto es feminismo?

En Inglaterra, la discusión está planteada en términos similares. Por ejemplo en el libro Pornland: How porn has hijacked our sexuality de Gail Dines, la autora plantea que la industria pronográfica y la historia que cuenta sobre la sexualidad humana tiene consecuencias sobre los hombres, pues,

No existe la necesidad biológica en forma pura, vacía de significado cultural o expresión, y en la sociedad americana, el porno es probablemente narrador de historias, más visible, accesible y articulado, para los hombres.

En este extracto del libro publicado en la revista electrónica New Left Project, Dines también habla de los efectos sobre las mujeres, de la estética del porno, donde sostiene que las exigencias estéticas que está haciendo la sociedad  a las mujeres está basada en las estética de la pornografía, y que quienes no se pliegan a esta estética quedan excluidas de la idea del placer sexual:

Hoy, una mujer joven buscando una alternativa al look de Britney, Paris, Lindsay, llegará a la triste conclusión de que la única alternativa a verse cogible es volverse invisible.

Este debate en Inglaterra ha cobrado tal fuerza, que un reporte publicado por el gobierno llama a fortalecer la regulación para reducir la presencia de imágenes “sexualizadas” dirigidas a niñas y jóvenes. Incluso feministas que creían que buena parte de las batallas contra el sexismo estaban ganadas en el largo plazo, pero hoy creen que más bien el “sexismo” está de regreso. En la revista del New York Times, hace un par de semanas, una escritora muestra la misma preocupación por esta “hiper-sexualización” de las mujeres jóvenes y niñas (tras ver este video de unas niñas de 8-9 años en un coreografía de una canción de Beyoncé), pues cada vez más las mujeres dicen, “siento que me veo bien”, aunque “verse bien no sea un sentimiento”.

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