fo_solidarnosc_lEn el número de agosto de la revista Nexos, hay dos textos sobre la democratización y la alternancia en México. Por un lado María Amparo Casar, hace un diagnóstico y habla de la decepción generalizada que hay con los gobiernos después de la alternancia:

En realidad los gobiernos de la alternancia no han sido ni mucho mejores ni tampoco mucho peores que los anteriores. Han sido, eso sí, decepcionantes porque las expectativas generadas por la alternancia fueron desproporcionadas. Después de 70 años de un mismo partido en el poder se nos metió en la cabeza que el mero cambio de partido en la presidencia llevaría a la transformación radical del país en todos los órdenes. La decepción con la alternancia ha sido de la misma magnitud de las expectativas que ella generó. Se creyó que los males asociados al régimen priista —corrupción, impunidad, privilegios, uso patrimonial de los cargos públicos, corporativismo y clientelismo— desaparecerían. Lo que sucedió es que se amplió el padrón de beneficiarios de esos males; que los bienes que esos males acarreaban dejaron de concentrarse en un solo partido y se repartieron entre tres.

Por el otro lado, Leo Zuckermann argumenta que de cierta manera estas decepciones son “normales” tras un proceso de democratización y alternancia. Para ello cita, al español Javier Cercas, quien también se refiera a la decepción española tras la democratización, y explica:

la creciente capacidad de insatisfacción de los seres humanos, fruto paradójico de la creciente capacidad de las sociedades occidentales para satisfacer nuestras necesidades. “Cuando los progresos culturales son realmente un éxito y eliminan el mal, raramente despiertan entusiasmo —escribe Odo Marguard—. Más bien se dan por supuestos, y la atención se centra en los males que continúan existiendo. Así actúa la ley de la importancia creciente de las sobras: cuanta más negatividad desaparece de la realidad, más irrita la negatividad que queda, justamente porque disminuye”

En el blog del New Left Project, publicaron un texto sobre “Solidaridad” en Polonia,incluyeron un vínculo a otro texto, de Przemyslaw Wielgosz editor de la edición polaca de Le Monde Diplomatique, escrito en el 25 aniversario de la formación de “Solidaridad”.  La comparación con el caso mexicano (y el español) -con toda proporción guardada- tal vez vale la pena. En el texto tras una dura crítica, Wielgosz concluye:

En los 25 años que han pasado desde las huelgas de Gdansk en 1980, la sociedad polaca ha caminado un camino torcido e intrincado entre una muestra de prueba para realizar los sueños de la auto-determinación democrática a un estado de nihilismo político coherente con una erosión del concepto mismo de democracia. De una manera, esta camino parece un círculo. Así como hace un cuarto de siglo, en la Polonia de hoy, el único grupo que toma las promesas de la democracia en serio es el grupo que menos tiene de ellas.

El Polonia hoy, Solidaridad no significa casi nada. En los ojos de ciudadanos ordinarios, es vista como débil, corrupta, y traidora.

Te recomendamos: