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El 28 de julio de 2010 representa mucho más que un muy merecido logro de los animalistas catalanes (Plataforma PROU!). La decisión del Parlamento Catalán de prohibir las corridas de toros es una señal de evolución, de democracia y de respeto al bien común. Con ello, la discriminación se ha rechazado oficialmente hasta en su forma más compleja: la que se ejerce por especie. Una sociedad primitiva tiene un círculo moral demasiado estrecho: solo caben en él los más parecidos. Cuando el nivel de conciencia crece es mayor la capacidad para comprender las necesidades de individuos muy diferentes, incluidos los de otras especies.

La sociedad catalana hizo valer su derecho a presentar iniciativas de ley, en tanto que sus legisladores respondieron de manera ejemplar reconociendo la supremacía del interés colectivo y haciendo a un lado las presiones de grupos que gustan de torturar y asesinar animales a nombre del “arte” y la “tradición”.

El activismo por los derechos de los animales ha ido creciendo en calidad argumentativa y en cantidad de adeptos y el caso catalán demuestra el éxito de ese crecimiento. Decir que es cuestión identitaria el voto para la prohibición es tan falso como la afirmación taurina de que “los toros no sufren”. Es la defensa de los esenciales derechos de todo animal: vida, no tortura y libertad (comprendiendo lo gradual de los procesos) lo que motivó y generó la prohibición de la tauromaquia en esa comunidad. La más absurda de las formas del abuso es la que se funda en la diversión o en una supuesta estética. El Parlamento Catalán escuchó los argumentos de uno y otro lado y tuvo la capacidad de comprender que ninguna escala seria de valores puede colocar encima de la ética a la estética, ni puede hacer prevalecer a la diversión o la costumbre, sobre los valores vida o capacidad de sufrir, estando este último científicamente demostrado en los mamíferos desde que se conoce el sistema nervioso central.

El beneficio de la prohibición alcanzará a su sociedad, pero irá más allá: esta nueva visión de la vida animal inexorablemente permeará otras comunidades, otros países, otros congresos. Hace años que la mayoría de los habitantes de las ocho naciones que mantienen aún como legal a la tauromaquia, repudia tal práctica y hay abundantes pruebas de ello, pero ahora, como hace casi veinte años ocurriera en Canarias, un parlamento ha demostrado corresponder a tal evolución. Trascendental primer paso que hasta los taurinos deberían agradecer, pues aprender a respetar todas las formas de vida nos acerca a la paz.

Bizet, músico excepcional que describiera en “Carmen” vergüenzas de su contexto social como la guerra, la prostitución o la tauromaquia, dijo: La tradición es el pretexto de los mediocres. Ojala que en lugar de insistir en los vicios, todos (incluido el sector público) lucháramos por superarlos, siguiendo la huella catalana.

Gustavo Larios Velasco. Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales-MANT.

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