Angelus Novus de Paul Klee

Angelus Novus de Paul Klee

El día de ayer hace 70 años murió el crítico y filósofo Walter Benjamin mientras huía de la persecución Nazi en Europa. Benjamin, hoy se ha convertido en uno de los pensadores del siglo XX, que de manera inesperada sigue siendo leído y valorado en buena parte del mundo occidental. Sobrevive su pensamiento en interpretaciones de críticos de arte, urbanistas, y filósofos. Hace una par de meses el escritor Félix de Azúa publicó en El País, un texto sobre Benjamin, con motivo de la publicación en español de sus obras completas, en él resume así su pensamiento:

La vida de Benjamin, como su obra, tiene el sello de lo propiamente humano desnudo de toda arrogancia: la búsqueda infatigable de alguna certeza, la fascinación de lo novedoso, el respeto por lo pasado, la seducción de la utopía, el no menos engañoso atractivo de la trascendencia, el cavilar premioso de la filosofía junto con la estampida poética. Sus escritos son a veces cegadoramente lúcidos e inmediatos, pero en no pocas ocasiones tienen la opacidad de la poesía moderna y son apenas comprensibles.

Como también señala una reseña publicada hace unos años en la revista The Nation, una de las cosas más sorprendentes de la obra de Benjamin, es que su reconocimiento y éxito han sido sobre todo póstumos. No sólo tiene lectores, sino seguidores que interpretan aquello que el filósofo escribiera en su libreta de direcciones o en cuenta de restaurante. El periódico argentino La Nación, publicó en estos días un par de textos sobre Benjamin en los que resalta su faceta de crítico. Para los urbanistas su trabajo, es importante en particular por el uso de un término que toma de Baudelaire, flâneur, que significa, “una persona que camina por la ciudad para experimentarla”.

Una de las obras más importantes de Benjamin son sus Tesis de Filosofía de la Historia, las cuales reflejan su pensamiento marxista, aunque poco ortodoxo. Entre ellas tal vez la más famosa sea su reflexión conocida como “El Ángel de la Historia”, de la cual ponemos la imagen, en este post, a la que alude:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

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