binomEn este blog hemos hecho una extensa cobertura sobre las discusiones vinculadas a la Reforma Política en nuestros país (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 ). Uno de los temas centrales ha sido el sistema electoral, y en particular, el método de asignación de escaños en el Congreso de la Unión. Es decir, hay distintas maneras de responder a la pregunta ¿cómo y en que proporción se deben traducir los votos por un partido o candidato en curúles dentro de las cámaras legislativas? Esta discusión no es específica a México, ni nueva, como muestran varias referencias a las discusiones en el Reino Unido, España y Venezuela en donde cada vez es mas claro que una amplia disproporcionalidad entre votos y escaños es indeseable.

En este momento parece que la discusión sobre una reforma electoral se abre una vez más en Chile, en donde en la última elección presidencial el electorado se dividió en tres (en la primera vuelta): Sebastián Piñera 44%, Eduardo Frei 30%, Marco Enríquez-Ominami 20%, Jorge Arrate 6%.

Sin embargo, debido al peculiar sistema electoral conocido como “binominal” los dos partidos (o coaliciones mayoritarias) concentran la gran mayoría de los votos: Concertación/Juntos Podemos (Frei) 44% diputados, Coalición por el Cambio (Piñera) 43%, Nueva Mayoría para Chile (Enríquez-Ominami) 5%. Así el Congreso quedó básicamente dividido en dos, y Nueva Mayoría, pese a tener casi 5% del voto no tiene ni un solo representante.

Lo interesante del sistema chileno es que al poderse elegir dos diputados por cada distrito, la disproporcionlidad no es tangible en la diferencia entre votos y escaños, pues los votantes sabiendo que es casi imposible que gane un tercer partido sólo votan por candidatos (en listas) de las dos coaliciones más grandes. Esto a su vez hace que un candidato de una lista con mayor número de votos no sea diputado a menos de que su lista duplique en total la votación de la lista que queda en segundo lugar. En teoría una sola lista (o coalición) podría sacar los dos escaños, sin embargo parece no suceder muy seguido.

La discusión sobre el sistema binominal chileno la reabrió el Presidente Piñera calculando que puede beneficiar a su coalición. Para muchos fue una sorpresa ya que históricamente los partidos vinculados a la derecha pinochetista se habían opuesto a cualquier reforma, en cambio la Concertación en varias ocasiones promovió fallidas reformas electorales.

En un muy buen texto explicando el funcionamiento del sistema chileno y las razones para reformarlo, Mariano Montes concluye:

El cambio se da, en definitiva, no sólo porque la Coalición ahora es gobierno, sino porque aparece una tercera fuerza con gran presencia en la escena política, que reclama de esta reforma para viabilizar cualquier tipo de acuerdo legislativo con el oficialismo.

Es decir, un cambio en las condiciones política puede generar un cambio en cómo se acomodan los intereses a través de las instituciones. En el Reino Unido parece estar sucediendo algo parecido, con un cambio en la larga oposición de los conservadores a reformar el sistema de mayoría relativa para moverse hacia un sistema más proporcional.

Ambos casos sin duda pueden traer importantes lecciones para quienes insisten en tener un sistema de mayorías electorales sin vínculo alguno con la distribución proporcional de escaños en México, o quienes creen que alguna forma de bipartidismo es la solución a los problemas de nuestros sistema político.

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