En octubre del año pasado, el prestigiado periodista Malcolm Gladwell escribió un artículo en el que critica la idea de que “la revolución será tuiteada”. En él pretende desmontar lo que le parece que es un mito optimista sobre el efecto que pueden tener las “redes sociales” en los grandes cambios políticos. El texto se suma a un nota publicada en Foreign Policy unos meses antes, en la que se explica por qué las protestas electorales en Irán un año antes poco tuvieron que ver con tuiter y otras redes sociales. El objetivo principal de la crítica de Gladwell es el entusiasmo del Departamento de Estado de Estados Unidos, frente al impacto posible de las “redes sociales” en el activismo. Para contraargumentar Gladwell dice que las auténticas movilizaciones sociales están basadas en relaciones interpersonales intensas, y no en relaciones ténues como las que se establecen en feisbuc y tuiter. Que alguien sea tu amigo en feisbuc, no quiere decir que esté dispuesto a movilizarse y compartir los riesgos de la acción política.

Entre los argumentos que critica Gladwell están los argumentos de Clay Shirky quien es un investigador en NYU que se dedica a escribir sobre Internet y las redes sociales con cierto éxito. Shirky publica un artículo en el número más reciente de Foreign Affairs, “El poder político de los ‘medios sociales’” en el que también critica el entusiasmo del Departamento de Estado de EU, pues le parece que está destinada al fracaso cualqueir política o proyecto que pretenda crear herramientas específicas para un contexto del que no es parte. Por esta razón, a Shirky le parece que las redes sociales y otros medios deben ser entendidos como oportunidades “ambientales” no como herramientas específicas. Shirky dice,

“Una esfera pública que se desarrolla lentamente, donde la opinión pública se basa tanto en los medios como en la conversación, es el núcleo de una visión ambiental de la libertad en Internet. En contraste con la visión auto-laudatoria de que Occidente tiene el código fuente de la democracia -que si sólo se hiciera accesible, el resto de los Estados autocráticos del mundo se derrumbarían- la visión ambiental asume que  poco cambio político puede suceder sin la diseminación y adopción de ideas y opiniones en la esfera pública. Más aún, es más probable que en la sociedad emerja una esfera pública como resultado de la insatisfacción de la gente en temas como la economía o el gobierno del día a día, que a partir de ideales políticos abstractos.”

La disputa entre los escépticos de Internet y las “redes sociales” como mecanismos de movilización social, parece estar basada en un argumento que ninguno de los bandos parece compartir: la idea de que “la revolución” se crea a partir de ciertas herramientas tecnológicas. Los defensores de la posición de Shirky no son tan optimistas ni pretenciosos, y los críticos como Gladwell parecen usar un entusiasmo desmedido como flanco débil del argumento. Sin embargo, por el momento, las noticias más recientes en Tunisia Túnez y Egipto por lo menos tendrán que ser consideradas como parte de ambas reflexiones.

Otra manera en la que ambos bandos podrían enriquecer sus argumentos, es tomando una posición menos estridente. Pensando en los cambios tecnológicos como oportunidades que en algunos momentos y lugares son aprovechados, y en otros no. Así lo ven Manuel Castells, et al. en “Mobile communication and society: a global perspective

El control de la información y comunicación ha sido una fuente importante de poder en la historia. La llegada de Internet y de las comunicaciones inalámbricas permite el desarrollo de canales horizontales de comunicación, de muchos-a-muchos y de uno-a-uno que se brincan el control político o económico de la comunicación. Por lo tanto, se han abierto nuevas avenidas para procesos autónomos de movilización política y social que no estén basados en la política formal y que no dependan del marco de los medios tradicionales. Sin embargo la autonomía relativa del contenido y proceso de comunicación no lleva necesariamente al cambio social.

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