Un día después del anuncio del Presidente de Estados Unidos sobre la muerte del terrorista Osama bin Laden en un intercambio de balas con integrantes de las fuerzas armadas estadounidenses, Internet se ha llenado de fuentes de información sobre él. Entre ellas, en particular para entender al personaje, valen la pena el obituario del New York Times, la reseña de un libro con los comunicados de bin Laden en el Boston Review, la reseña de varios libros en el London Review of Books, y un breve perfil en el New Yorker.

Considerando el revuelo y la “globalidad” de la noticia de la muerte de bin Laden, vale la pena preguntarse ¿qué significa su muerte? Están quienes simplemente tienen la sensación de que algo acabó (no está claro qué), también están quienes les parece que este tan sólo es un hito más en la agenda internacional de E.U en medio oriente, quienes creen que es el momento para acabar las guerras en Afganistán, Irak, y contra el terrorismo, y quienes creen que es un golpe fundamental a la organización terrorista Al-Qaeda, como lo fue para Sendero Luminoso la detención de Abimael Guzmán.

Sin embargo, tal vez la muerte de bin Laden significa algo más que eso. En la reseña del Boston Review, una de las cosas que más llama la atención sobre los comunicados de Al-Quaeda y bin Laden es la lectura de un mundo en el que hay una choque de civilizaciones. Incluso cuando le preguntaron a bin Laden en alguna entrevista qué opinaba sobre la famosa tesis del libro “El choque de las civilizaciones” del politólogo Samuel Huntingon, contestó vehementemente que la idea era inevitable historica y religiosamente.

Tal vez lo que cambia con esta muerte es la idea de que existe una batalla global entre dos cosmovisiones, que no sólo tiene como origen a algunos extremistas religisos islámicos, sino el mismo discurso del gobierno estadounidense que al menos desde el 11 de septiembre así lo planteó (en términos de Bush II, “el eje del mal vs. el resto del mundo”). De la reseña antes mencionada, y tambień de la del London Review, una de las cosas más intersantes que se desprende es que bin Laden no era simplemente un loco (más allá de lo deleznable de sus actos), sino más bien un terrorista que tenía objetivos, tácticas e incluso el lenguaje parecido al de otros guerrilleros que lucharon en guerras de liberación. Bin laden no pregonaba la guerra contra Estados Unidos sólo como una guerra religiosa sino como una guerra de retaliación por la intervención de Estados Unidos en el mundo islámico. Por ejemplo, cuando el entonces Presidente George W. Bush dijo, “esta es una guerra contra gente que odia la libertad”, bin Laden le contestó, “entonces tal vez nos pueda explicar por qué no atacamos Suecia”.

Así, podemos imaginar que la muerte de bin Laden sí representa el fin de una era. Una era en la que las expectativas de muchos, y su manera de acomodar distintos sucesos alrededor del mundo han estado filtradas por “El choque de las civilizaciones”, en particular tras las más recientes revueltas en el mundo árabe. Incluso es probable que de manera parcial se parezca al fin de la guerra fría: seguirán habiendo guerras civiles, internacionales, actos de terrorismo, intervenciones, etc, pero estos parecerán hechos vinculados a contextos particulares y no a una guerra global entre dos bandos.

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