Hace varios meses la agencia para el Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de Estados Unidos enfrenta un escándalo surgido a partir de las denuncias de sus propios integrantes en contra de la operación llamada “Rápido y Furioso”. La operación que pretendría capturar una red de traficantes de armas vinculada al narcotráfico, consistió en facilitar armas a compradores irregulares, sabiendo que estos compradores las venderían a otras personas quienes las acumularían o venderían a terceros. La ATF pedía a tiendas de armas que pese a saber que el comprador era irregular le vendieran todas las armas que solicitara, después registraban los números de serie de las armas, y no intervenían de ninguna manera en el tráfico subsecuente. La expectativa de los funcionarios de la ATF, en particular de los responsables del destacamento en Phoenix, era que esas armas después aparecerían como usadas en crímenes y eso permitiría rastrear todo el trayecto ilegal del arma.

El problema de dicha estrategia es que presuponía que las armas serían usadas en crimenes que implican violencia y probablemente muerte. Normalmente los agentes de la ATF dejan que un comprador irregular compre las armas, lo siguen y después si hace una transacción o no, lo detienen hasta quitarle las armas. En este caso no fue así. Al menos 1730 armas de las cuales la ATF sabía de su existencia y tráfico fueron facilitadas a los compradores irregulares y no se les dio ningún seguimiento dentro del mercado negro hasta que aparecieron en crimenes.

El escándalo reventó cuando un agente frotenrizo estadounidense, murió tras una balacera con personas que usaban armas con los números de series identificables dentro de la operación de la ATF. Es decir, si a esa arma no se le hubiera permitido circular en el mercado ilegal, no podría haber sido el instrumento para matar al agente fronterizo.

Las armas pueden usarse en múltiples crimenes y es de esperarse que con el tiempo se vayan encontrando más armas que la ATF facilitó a traficantes. Hoy no sabemos cuantos mexicanos han muerto como resultado de esta operación. Lo que sí sabemos según una investigación sobre le operación hecha por el Congreso de Estados Unidos, es que el jefe de la operación vía correo electrónico veía de manera positiva el incremento del número de muertos en México, pues demostraba que las armas que se traficaban compraban ilegalmente en Estados Unidos circulaban dentro de una red de tráfico vinculada a los carteles de drogas.

Vale la pena reconocer y resaltar que nunca hubiéramos sabido de esta estúpida operación si no es por las denuncias de los mismos agentes de la ATF que desde el inicio -duró casi dos años la operación- advirtieron a sus jefes que era un error, y que por definición implicaba que habría “daño colateral”. Retomamos las palabras de dos de estos agentes frente a la comisión de investigación del Congreso estadounidense.

El agente Alt, explicando las consecuencias previstas de la operación:

Mi opinión es [que]… tienes que aceptar que va a haber daño colateral con respecto a esa estrategia. No puedes permitir que miles de armas fluyan hacia el sur de la frontera sin una expectativa de que eventualmente serán recuperadas en crímenes y que personas morirán.

El agente Dodson, explica las implicaciones que él veía desde el inicio de la operación:

Bueno, señor, si me permite, y primero que nada, por favor todos entiendan, no estoy de ningún lado en el este espectro político, ni quiero estarlo. Y francamente, me es incomprensible cómo ambos lados o alguna persona no esté completamente furiosa de lo que hemos hecho aquí. No puedo ver que nadie con la más mínima preocupación por la vida humana pueda estar de acuerdo con esto y sin estar dispuesta a hacer que desaparezca y a detener a las personas responsables, que tomaron estas decisiones. No lo entiendo. Y de nuevo, ninguno de ustedes me debe una explicación, esa es sólo mi opinión personal.

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