Día 3: Un microscopio para el triunfo anunciado
 
A estas alturas se ha repetido hasta el cansancio. Eruviel Ávila y la coalición Unidos por Ti encabezada por el PRI son los vencedores indiscutibles de la elección del domingo. En los medios se escucha una y otra vez ese 63 por ciento de la votación, patrón repetido en casi la totalidad de los municipios mexiquenses. Los analistas empiezan a hablar de éste episodio como un preámbulo para la elección federal del 2012.
 
A veces los números de las encuestas y los resultados no son suficientes para explicar lo que sucede en las entrañas de la votación. Eruviel dirá que el apoyo popular fue en respaldo a sus propuestas y a la continuidad del gobierno de Peña Nieto, incluso como una respuesta contra el gobierno federal panista; PAN y PRD se refugiarán en el desbalance aparente de las campañas, tal vez apelarán a prácticas de compra de votos o de acarreo.
 
La apariencia que da esta elección es que ésta fue relativamente limpia durante el día de la jornada. Seguramente se reportarán algunos incidentes aislados pero nada demasiado grave. Sin embargo, estos días en Santiago Tlacotepec me dejan algunas dudas sobre la validez de este ejercicio, no en términos legales quizá, pero sí en su trasfondo democrático. En otras palabras, por qué va a votar la gente en un lugar donde sólo se venden 60 periódicos al día, a pesar de sus 20 mil habitantes; por qué votan como votan en un lugar donde la mayoría de las personas se auto consideran apolíticas.
 

En Santiago Tlacotepec existió voto duro, voto clientelar, hubo también –hay que aceptarlo–voto razonado y justificado. Pero lo que más me llamó la atención fue una estrategia que puede  calificarse como una nueva  versión de acarreo. Un acarreo que no necesita camiones ni tortas. Un acarreo sofisticado. Un acarreo 2.0.
 
Este acarreo parece haber copiado su estrategia de las empresas multinivel. De vez en cuando unas mujeres se acercaban a las casillas acompañadas de unas “amigas”. Según dicen, estos grupos se reunieron unos días antes en casa de una de las coordinadoras para “una plática sobre el cáncer”, la cual nunca existió. A cambio observaron un video sobre la campaña Eruvielista y recibieron promesa para registrarse en algún programa social. La coordinadora/anfitriona tenía la responsabilidad de que acudieran a votar para, así, darlas de alta en el programa social de su elección y entregarles su tarjeta de beneficiario.  
 
Debo aceptar que no puedo estar seguro de todo esto, simplemente sé lo que me dijo la gente, pero quizá vale la pena alejarse por un momento de los números y de las denuncias registradas, y escuchar de viva voz a los participantes. Probablemente los otros partidos hicieron algo parecido, pero de éstas “platicas sobre cáncer” fue la estrategia de la que tuve noticias, más de una vez.
 
Lo que es seguro es que las mujeres estaban ahí, se registraban con su coordinadora y ambas quedaban muy satisfechas. Al final del día, las coordinadoras esperaban la publicación de los resultados afuera de la casilla y aclamaban el triunfo priista; “mi trabajo me costó” respondían cuando se les cuestionaba sobre su júbilo.
 
Otro factor que jugó un papel importante parece ser el de los representantes de partido. Aquí es donde los partidos despliegan sus piezas, como en un partido de ajedrez. Este es otro aspecto de la lucha  electoral en donde el PRI tiene una ventaja mayúscula. En las casillas que observé había una abrumadora mayoría de representantes priistas, algunos panistas contados y prácticamente ninguno perredista. Lo que más sorprendía de ellos era su inexperiencia, para la mayoría era su primera elección como representantes o, incluso, como votantes. Más aún, algunos representantes panistas y perredistas se confesaron abiertamente priistas, para ellos su papel era “un simple trabajo”.
 
Un ejemplo de la estrategia que implica este ajedrez fue lo que ocurrió en una casilla, probablemente la que se sabía que sería la más competida. Aquí los representantes no eran ningunos neófitos, sabían lo que hacían, presionaban a los funcionarios de casilla y estaban listos para, ante la mínima falla, anotar incidentes o incluso reclamar a la anulación.
 
Es imposible saber qué porcentaje de votos se recibieron por cada medio. Cuántos fueron votos duros, cuántos presionados, cuántos acarreados, cuántos razonados. Lo que sí se puede decir es que las campañas poco pueden preciarse de convencer a sus votantes por sus propuestas. Sería ingenuo pensar que las prácticas antidemocráticas han desaparecido. Más bien se han transformado, han evolucionado y se han descentralizado sorprendentemente.
 
Por otro lado, ese voto razonado, si bien mínimo, es mayor que hace algunos años. En Santiago Tlacotepec vi a la falta de democracia del México del siglo XX, vi a la democracia enferma del México de principios del siglo XXI, pero también vi a un grupo de gente joven que entiende que la ciudadanía requiere una voz propia y que los partidos no pueden ni pretenden dársela. A pesar de todo, eso da un poco de esperanza. Tal vez algún día tengamos a una democracia verdadera, originada en la ciudadanía. Lo que es seguro es que eso no sucederá en 2012, gane quien gane.
 
En Santiago Tlacotepec, por cierto, arrasó el PRI. Casi 50 por ciento de las personas no votó.
 
Edgar Franco. Estudiante del posgrado en Política Pública en Stanford University.
 
Nota: Agradezco a Gerardo Pérez y a Erik Hernández por su valiosa ayuda e información sobre la historia de Santiago Tlacotepec.
 

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