En un interesante documento de trabajo publicado por el CIDE, Angela Guerrero, Alejandro Madrazo, José Cruz y Tania Ramírez indentifican las estrategias de la industria tabacalera (IT) en nuestro país para conseguir regulación a modo y contrarrestar las políticas de control del tabaco que se han desarrollado desde el Estado.

El documento saca el grueso de su información a partir de entrevistas, prensa y literatura académica sobre las relaciones entre la industria tabacalera y distintos espacios de toma de decisión en el poder legislativo y en el poder ejecutivo. En él se puede ver cómo la industria ha intentado una y otra vez detener cualquier política pública que afecte a sus intereses, a pesar del alto costo que el tabaco tiene para la salud de las personas.

La descripción en el documento recuerda un poco a la película “Gracias por fumar” sobre la vida de un cabildero de la industria tabacalera.

Los investigadores identifican las distintas estrategias de la industria para defender sus intereses de manera formal e informal:

Gran parte del cabildeo [formal] radica en acopiar información útil (poco o nada conocida) y encontrar formas de canalizarla a quienes toman decisiones regulatorias o de política pública, convencer a los actores claves de sus propuestas para la construcción de políticas públicas o regulación y, finalmente, negociar soluciones en las que la industria no salga afectada.

[El cabildeo informal] consiste en una serie de actividades, que por medio de acuerdos entre actores claves para la regulación del tabaco y representantes de la IT, influyen para retrasar o impedir procesos legislativos, beneficiando política y económicamente a los actores claves para el control de tabaco o bien, por contrataciones de alto perfil. Es así como tratan de impedir que se pongan en riesgo intereses de la industria.

En palabras llanas el cabildeo formal produce información y la entrega a legisladores o funcionarios del gobierno para convencerlos de que regular a una industria como la del tabaco genera más daños que beneficios, mientras que el cabildeo informal implica corrupción a través de regalos, apoyos en campañas, y viajes.

Un legislador nos comenta: “la industria tabacalera lamentablemente ha financiado la campaña de muchos de mis compañeros, y muchos de ellos están comprometidos económicamente con las tabacaleras.”

Las tabacaleras para poder controlar cualquier legislación que les pudiera hacer daño, suelen tener contratados de tiempo completo a empresas de cabildeo. El trabajo de estas empresas es mantener relaciones con los representantes populares o funcionarios públicos, para que el día que sea necesario puedan ser usadas en beneficio de la industria. Guerrero et al muestran un pequeño cuadro con los nombres y vínculos de los principales cabilderos en nuestro país.

Es interesante cómo quienes se dedican al cabildeo suelen ser personas con una carrera política previa en la cual conocieron el funcionamiento detallado de la legislación, y también gracias a la cual mantienen vínculos con los partidos políticos.

Otro de los temas importantes es cómo los cabilderos no suelen acercarse a legisladores en los individual, sino a los jefes de bancada o altos funcionarios. Esto parece indicar que las características que hacen que nuestro sistema de partidos tenga legisladores muy disciplinados (como la no-reelección) facilita el cabildeo a las empresas al no tener que negociar con cada legislador, sino sólo con el jefe de bancada:

La mayoría de las veces se realiza con los jefes de bancada, o con elementos claves al interior de la SSA o de SHCP, especialmente con los enlaces legislativos de órganos ejecutivos, con el propósito de acortar los caminos de negociación.

En este sentido, un funcionario del Consejo Coordinador Empresarial dice: “son muy pocos los casos en donde el cabildeo se hace de manera individual, ya que para eso existe la disciplina de partido, el cabildeo se hace mas bien en grupos parlamentarios. Otro entrevistado, que pertenece a las organizaciones civiles a favor del control de tabaco nos comentó: “los cabilderos se van con piezas claves de la política que tengan mayores alcances, no se van más abajo.”

El cabildeo existe en básicamente cualquier contexto democrático y no es malo en sí mismo. El problema es que no existan los mecanismos para garantizar que la relación entre tomadores de decisiones y grupos de interés sea transparente y no cruce los bordes de la ley. En México es difícil imaginar si los gobiernos se atreverían a investigar las relaciones entre funcionarios y legisladores con empresas privadas. No estaría mal hacerlo.

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