Abbottabad, Pakistán

En el número de julio de la revista Nexos, publicamos dos artículos sobre las implicaciones morales del asesinato de bin Laden. Uno de Jeremy Waldron y otro de Michael Walzer.

El texto de Waldron argumenta que el asesinato de bin Laden no representó un acto de justicia en sí sino una ilegalidad que refleja la idea de justicia más primitiva posible: la retribución.

Para el argumento de Waldron es importante, conocer las condiciones bajo las cuales fue asesinados por integrantes del ejército estadounidense. ¿Presentó resistencia a ser detenido o fue asesinado pese a rendirse y no estar armado?

Un portavoz de la Casa Blanca dijo que el asesinato fue un acto de defensa propia. Asumo que eso no pretendió ser una analogía con la manera en que el derecho penal entiende ese término, ya que nunca admitiríamos que se le pueda disparar a una persona en la cama o en el piso bajo el argumento de que fue peligroso en el pasado o que lo pueda ser en el futuro. Lo único que justifica este acto es una amenaza directa, inminente.

En contraste, para Walzer no son relevantes las condiciones precisas del enfrentamiento entre bin Laden y los soldados en Abbottabad, excepto que sucedió en un espacio físico que puede ser considerado un campo de guerra, y no un lugar donde se podría haber arrestado a bin Laden a través de fuerzas policiacas. Aunado al argumento sobre los actos de guerra, Walzer dice que en bin Laden sí había un peligro iminente pues seguía planeando ataques terroristas dentro de lo que él consideraba una declaración de guerra.

Él era un objetivo militar legítimo, en tanto líder de una organización que se había declarado en guerra con Estados Unidos (y que había conducido un ataque devastador). ¿Qué tan efectivo era para seguir organizando futuros ataques desde su escondite pakistaní? Eso no lo sabemos. Seguramente seguía siendo una inspiración para los constantes esfuerzos de otras personas y, posiblemente, también continuaba participando en ellos.

El número más reciente de la revista New Yorker, ofrece un reportaje sobre cómo se llevó a cabo el operativo para matar a bin Laden a partir de fuentes primarias, es decir de los jefes de la operación y de los soldados que estuvieron ahí. En él quedan expuestas las condiciones del asesinato. Los participantes narran la entrada a la casa donde se albergaba bin Laden cómo dos de sus esposas intentaron defenderlo a forma de escudo, y cómo finalmente fue asesinado:

El jefe de Al Qaeda, quien estaba usando una shalwar kameez y gorra para rezar cafés en la cabeza; no estaba armado. “Nunca se consideró detenerlo o capturarlo, no fue una decisión tomada al instante. Nadie quería detenidos,”

Nueve años, siete meses, y veinte días después del once de septiembre, un estadounidense está a un gatillazo de acabar con la vida de bin Laden. El primer disparo, una bala de 5.56 mm, le dio en el pecho a bin Laden. Mientras caía hacia atrás, el soldado disparó una segunda bala a la cabeza, justo arriba del ojo izquierdo.

Más adelante describen cuáles eran los planes de bin Laden, y cómo sí representaba una amenaza al pretender llevar a cabo actos de guerra contra Estados Unidos:

…bin Laden se había mantenido mucho más involucrado en las actividades operativas de Al Qaeda de lo que muchos funcionarios estadounidenses habían pensado. Había estado desarrollando planes para asesinar a Obama y a Patraeus, llevar a cabo un ataque extravagante para conmemorar el 11 de septiembre, y atacar a trenes estadounidenses.

Estos dos datos (y está claro, generados por el gobierno estadounidense) son clave para saber cuál idea del asesinato selectivo tiene el gobierno de Obama. Por lo visto se suscribieron a la idea de Walzer sobre los actos de guerra más que al respeto mínimo del derecho internacional que esperaría Waldron.

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