Once argumentos para dudar de los gobiernos de coalición

Imagen: "Parliament Past and Present" by Arnold Wright and Philip Smith, (London, c1905).

La más reciente de las propuestas relativas a la reforma política, apoyada ya por políticos de diversos partidos e intelectuales, es la de abrir la posibilidad de instaurar un gobierno de coalición. Interesante como es y persiguiendo objetivos muy benéficos y ambiciosos, los críticos de esta propuesta también tienen argumentos de peso que hay que tomar en consideración. Los propongo para el debate:

  1. En primer lugar, y aunque es verdad que en Europa y en muchos países desarrollados llevan décadas gobernando coaliciones, también es cierto que las experiencias de gobiernos de coalición ensayadas en México a nivel subnacional no han sido especialmente exitosas. Importar sin más la figura del gobierno de coalición podría ser una forma de caer en el “fetichismo institucional”[1], que implica creer en la existencia de un arreglo institucional ideal y querer adoptar sin reflexionar modelos o instituciones provenientes del extranjero, como “intentar poner una silla de montar a una vaca”, para usar la famosa frase de Stalin sobre la dificultad de instaurar el comunismo en Polonia[2].
  2. En México, sin reelección como sistema de castigo-recompensa, la única forma de castigar o premiar el desempeño de un funcionario público electo es votar o no por su partido en las siguientes elecciones, según sea el caso. Ese sería el alcance del “voto retrospectivo” en nuestro país. El problema es que, si uno de los supuestos de la teoría del voto retrospectivo es que los votantes son capaces de evaluar las políticas de los gobiernos y asignar responsabilidades, esta condición podría no cumplirse cuando los electores se enfrentan a un gobierno de coalición, formado por múltiples partidos: el responsable de las políticas se vuelve menos identificable, al igual que la asignación de responsabilidades[3]. G. B. Powell afirma que existen ciertos factores institucionales que no permiten la correcta rendición de cuentas de los gobiernos[4], ¿las coaliciones podrían ser uno de ellos? La investigación de Urquizu[5] apunta a esta dirección.
  3. Otra reserva que se ha hecho a los gobiernos de coalición está fundada en la propia lógica del orden liberal-democrático en el que se basa la democracia moderna, y que se sustenta en un juego entre gobierno y oposición, y que se ha planteado aún en regímenes parlamentarios como el español[6]. Siempre que un gobierno (o una mayoría) fracasa, existe la posibilidad de una alternancia protagonizada por la oposición. Pues bien, en un escenario de gobierno de coalición, la salida de una crisis causada por la inoperancia de dicho gobierno se vuelve complicada, ya que la posibilidad de alternativa de difumina, dada la propia naturaleza del gobierno de coalición que agruparía a varios partidos.
  4. La idea fuerza para sostener la bondad de un gobierno de coalición es que incrementaría los acuerdos entre Gobierno y Congreso. Sin embargo, una investigación de Cheibub, Przeworski, y Saiegh de 2004[7] concluye que “the connection between coalitions and legislative success is at best dubious”. Tras un estudio de centenares de casos que examina la proporción de iniciativas legislativas del Ejecutivo que son aprobadas por el Legislativo, se concluye que los gobiernos de un solo partido sin mayoría parlamentaria (“single minority”) legislan de forma tan exitosa (al menos…si no es que más) que los gobiernos de coalición, sea esta una coalición minoritaria o mayoritaria. Esto ocurre en parlamentarismos y presidencialismos, pero con más grado en estos últimos.
  5. Otra de las ideas con las que se ha justificado la propuesta de gobiernos de coalición es el que un gabinete será mejor o de mayor calidad por el simple hecho de estar ratificado por el Senado. Como ha señalado Dworak, esta aseveración difícilmente se sostiene: la ratificación es una decisión política, no técnica, y poco tendría que ver con la destreza o inteligencia de los secretarios que se postulen[8]. Las ventajas de la ratificación del gabinete están en otra parte: tienen que ver con la discusión, el escrutinio o la transparencia[9], pero no va de suyo que un filtro que será eminentemente político lleve a tener el ansiado “gabinetazo”.
  6. Hay también críticas que difícilmente se sostienen, como que las que argumentan que los gobiernos de coalición implican debilidad política, imposibilidad del gobierno para llevar a buen puerto su proyecto político, o que fomentan el chantaje de partidos políticos pequeños[10]. No se sostienen en tanto que todos son fenómenos que ya ocurren sin gobiernos de coalición o que precisamente son causa de la formación de este tipo de gobierno.
  7. Se ha argumentado igualmente que los gobiernos de coalición son más inestables que gobiernos unipartidistas, temporal y políticamente, pero esta una crítica tampoco del todo cierta. A decir de Josep M. Reniu, esta idea ha quedado desmentida desde los años 80 a partir de los trabajos de Kaare Strom[11]. Lo que es un hecho es que un gobierno de coalición tenderá a ser más exitoso cuantos menos partidos haya en él y cuanto más cerca estén estos entre sí ideológicamente hablando.
  8. Probablemente las críticas más duras que se han realizado sobre la posibilidad de gobiernos de coalición en México, son las que apuntan a que podrían resucitar prácticas autoritarias al buscar que el Presidente cuente con mayorías estables que le permitan determinar libremente y sin contrapesos el rumbo del país, como señala John M. Ackerman en un artículo reciente en La Jornada[12]. Si el Legislativo llegara a perder de este modo su papel de vigilante del Ejecutivo, se trataría de algo especialmente negativo, especialmente en un régimen presidencial y en un contexto de transición política como el mexicano. ¿Es el debate eficacia vs. deliberación?
  9. En el mismo artículo Ackerman no ha dudado en sospechar que la propuesta de coaliciones sea más producto de proyectos personales que de un auténtico deseo de transformar el régimen: Beltrones podría buscar asegurar su lugar como jefe de gabinete en un eventual gobierno de Peña, y Ebrard buscaría comprar el apoyo del PAN a sus aspiraciones presidenciales a cambio de la promesa de co-gobernar. Sí, se trata del peor tipo de crítica, ad homine, pero dada la amplia desconfianza de la ciudadanía ante la clase política, quizá sean las que puedan resultar más exitosas. En todo caso, las coaliciones hechas sobre la base de acuerdos con individuos y no con los partidos sobre líneas programáticas no suelen tener buenos resultados, como explica René Mayorga para el caso boliviano.[13]
  10. La experiencia ha demostrado que los gobiernos de coalición se pueden dar en regímenes tanto parlamentarios como presidencialistas: Cheibub, Przeworski, y Saiegh[14] muestran que, analizando 380 casos entre 1946 y 1999, el 78.1% de los casos en que ningún partido controlaba la mayoría del Congreso en regímenes parlamentarios resultaron en coaliciones; el 53.6%, en el caso de presidencialismos. Es decir, parece que las coaliciones son más frecuentes y necesarias en regímenes parlamentarios. Más importante aún es que, según la misma investigación, las coaliciones formadas en presidencialismos alcanzan mayorías parlamentarias en menos casos que en parlamentarismos: 59.7% frente a 79.1%. Adicionalmente, en el caso del presidencialismo mexicano, hay que tomar en cuenta que nuestro arreglo institucional dificulta su buen funcionamiento por un número de razones: las distinta legitimidad de origen del Legislativo y el Ejecutivo, el que no haya carreras parlamentarias, y el mandato fijo, que impide que el Presidente pueda gestionar el “tempo político” del gobierno, son algunas.
  11. Por último, un gobierno de coalición implica dificultades: exigirá a nuestros políticos más pericia y más confiabilidad. Como señala Reniu, implicará el establecimiento de pautas de comportamiento interno, en el seno de la coalición, que deberán ser respetadas, el crear órganos plurales de coordinación de la acción de gobierno, compatibilizar el impulso de una acción de gobierno compartido con la identidad partidista de los secretarios, evitar la inflación de departamentos y de cargos de sottogoverno, lidiar con una opinión pública progubernamental con criterios dispares, y un largo etcétera[15].

César Morales Oyarvide. Politólogo.


[1] F. Dworak, “Los gobiernos de coalición y otros fetichismos institucionales”, 2011, disponible en http://www.gurupolitico.com/2011/09/los-gobiernos-de-coalicion-y-otros.html

[2] Citado por J. Bazant su obra “Breve historia política y social de Europa Central y Oriental”, El Colegio de México, 1991

[3] I. Urquizu. “Gobiernos de coalición y gobiernos unipartidistas: ¿es posible la asignación de responsabilidades?”, Congreso de Ciencia Política y Admninistración/ Asociación Española de Ciencia Política y Administración Pública, disponible en www.ub.edu/grepa/urquizu.pdf

[4] G. B. Powell, “Elections as instruments of Democracy. Majoritarian and Proportional Visions”. Yale University Press,2000

[5] I. Urquizu, op. cit.

[6] A. Blas de Guerrero, “¿Un gobierno de coalición para España?”, en El País, 10 de abril de 2010, disponible en http://www.elpais.com/articulo/opinion/Gobierno/coalicion/Espana/elpepiopi/20100410elpepiopi_5/Tes

[7] J. Cheibub, A. Przeworski, y S. Saiegh, “Government Coalitions and Legislative Success Under Presidentialism and Parliamentarism”, British Journal of Politics, 34, 2004, disponible en http://as.nyu.edu/docs/IO/2800/bjps_2004.pdf

[8] F. Dworak, op. cit.

[9] M. Carbonell, “Ratificación del gabinete”, en El Universal, 12 de marzo de 2009, disponible en http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/43245.html

[10] J. M. Reniú, “Los gobiernos de coalición en lo sistemas presidenciales de Latinoamérica. Elementos para el debate”. Documentos CIDOB América Latina; 25, 2008, disponible en www.cidob.org/es/content/download/7394/73340/file/doc_americalatina_25.pdf

[11] K. Strom, “Minority Government and majority rule”. Cambridge University Press, 1990.

[12] J. M. Ackerman, “Coaliciones por conveniencia”, en La Jornada del 3 de octubre de 2011, disponible en http://www.jornada.unam.mx/2011/10/03/opinion/021a2pol

[13] R. Mayorga, "Presidencialismo parlamentario y gobiernos de coalición en Bolivia”, en Lanzaro J. (coord.) Tipos de presidencialismo y coaliciones políticas en América Latina. CLACSO, 2001, disponible en www.gobernabilidadandina.org/descarga/1195274963.pdf

[14] J. Cheibub, A. Przeworski, y S. Saiegh, op. cit.

[15] J. M. Reniu, op. cit.


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