Al igual que el artículo que publicamos hace más de un año en Nexos, “12 mitos de la guerra contra el narco“, el artículo de Joaquín Villalobos “Nuevos mitos de la guerra contra el narco” ha empezado a generar una controversia, sobre todo, entre personas que discuten y estudian la violencia e inseguridad en el país.

En el periódico Milenio Ciro Gómez Leyva, y Diódoro Carrasco coinciden con Villalobos coinciden y reproducen algunos de sus argumentos.

Gómez Leyva:

Villalobos desmenuza la pobreza analítica y el populismo pacifista con que se ha abordado la crisis de seguridad y violencia 2007-2011. Apuntalado en Jorge Castañeda, retrata la cultura nacional de la aversión al conflicto para arribar a los 10 argumentos de moda (que Peña Nieto y López Obrador balbucean también), y que presuponen que el regreso del Ejército a los cuarteles mejoraría las cosas en México como por arte de magia.


Carrasco:

A diferencia de sus adversarios polémicos, que insinúan en vez de nombrar, Villalobos se caracteriza por evadir los subterfugios retóricos y las ambigüedades, toma al toro por los cuernos y llama a las cosas por su nombre. Así, ratifica que: 1. La violencia es inevitable. 2. Tomará bastante tiempo controlarla. 3. No hay atajo, salida fácil, ni solución rápida posible. 4. No existe un “culpable”, porque lo que se está viviendo es el resultado de un proceso histórico. 5. La violencia sólo se reducirá con un gran esfuerzo en dos aspectos: el fortalecimiento y transformación profunda de las instituciones de seguridad y justicia, y un cambio de los ciudadanos con respecto al valor que tienen la ley y el orden en una sociedad democrática.

En contraste, Fernando Escalante en el periódico la Razón y Edna Jaimes en el Excélsior critican la posición de Villalobos.

Escalante:

Dice Villalobos que el hecho de que “la violencia aumente o se expanda cuando las fuerzas del Estado se hacen presentes en un lugar que tiene alta presencia criminal es lógico”. Bien: yo no veo por qué. Y lo único que hay en el texto para sostener la afirmación es una analogía imprecisa y conjetural: “por ejemplo, si hay una gran pelea en un bar y llega la policía es probable que la violencia aumente por un momento”. Yo no sé qué suceda en los bares imaginarios de Joaquín Villalobos, pero como explicación de lo que ha sucedido en los últimos cinco años en México, deja mucho que desear.

Ahora bien: ese aumento de “la violencia” ante la presencia de las fuerzas federales es “lógico”, dice Villalobos, pero no significa que el gobierno sea “responsable” de ello. Aquí sí, el problema es de lógica. O el aumento de la violencia tiene que ver con la presencia de las fuerzas federales, y en ese sentido cabe alguna responsabilidad, o bien el gobierno no es responsable en absoluto, y la violencia va por su cuenta, sin importar que haya o no policías o militares. No pueden ser las dos cosas.

Jaimes:

Si Villalobos elaborara una valoración de lo que la presente administración ha conseguido en esta materia, estoy segura que sus conclusiones serían menos festivas y el juicio sobre sus detractores menos implacable.

La inquietud sobre el rumbo de la “estrategia” no surge de unoposicionismo a ultranza, sino de su falta de resultados. En la presente administración, la violencia se desbocó hasta alcanzar niveles insólitos, pero también los delitos violentos contra la población civil crecieron sin contención alguna. Secuestros, extorsiones, robos de autos, asaltos a mano armada. No sólo los violentos se matan entre sí; también atentan contra la población civil, su vida, patrimonio e integridad y el Estado mexicano no ha podido evitarlo. Es difícil no reaccionar ante estos hechos. Si no es para proteger a los ciudadanos, entonces ¿para qué está hecha la estrategia?

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