Consulta Mitofsky ha publicado la encuesta de preferencias electorales de la primera quincena de enero 2012. Salvo una leve caída en las preferencias a favor de Enrique Peña Nieto y un levísimo crecimiento en las preferencias a favor de sus contrincantes, el otro dato sobresaliente está en las opciones alternativas de los ciudadanos. Es decir, en su respuesta a la pregunta ¿quién sería su segunda opción? La respuesta es que los simpatizantes de Vázquez Mota preferirían a Peña Nieto antes que a López Obrador, por el que muy difícilmente votarían. Mientras tanto, los simpatizantes de Peña Nieto, generalmente, suelen preferir a López Obrador sobre Vázquez Mota. Y por último, los simpatizantes de López Obrador preferirían a Enrique Peña Nieto sobre Vázquez Mota. Muy pocas cosas unen a simpatizantes panistas y perredistas, pero parece ser que si algo los une hoy en día es que su peor es nada es Peña Nieto.

Hace un año se discutía si existía y convenía una coalición entre PAN y PRD para balancear la considerable ventaja que llevaba Enrique Peña Nieto en las encuestas. Esa -ahora implausible- alianza dependía de la existencia de un sentimiento antipriísta suficientemente fuerte como para que los dos partidos y sus electores pasaran por alto las diferencias ideológicas e hicieran a un lado sus animadversiones. La alianza no prosperó pero aún hoy en día se discute la hipótesis de que el antipriísmo resurja conforme avance la campaña, se especula que los electores no priístas votarán útil, ignorarán sus preferencias duras y optarán por cualquiera de los candidatos que pueda derrotar al PRI. Los números de Mitofsky parecen indicar que no será así.

El voto útil beneficiaría a Peña Nieto. Los filopanistas no le darán su voto a AMLO y los simpatizantes de AMLO privilegiarían más a Peña que a cualquier candidato panista. Cualquier candidato que vaya en segundo lugar tendrá no sólo que remontar a Peña Nieto sino que deberá hacerlo a contracorriente del posible voto útil que los panistas o los perredistas le habrían de otrogar en caso de ser una elección muy cerrada.

La otra lección es que Vázquez Mota, aún siendo segundo lugar general, es la segunda opción de muy pocos. En cambio López Obrador está en posibilidad de recuperar votos de entre los filopriísitas en caso de que el candidato del PAN se vuelva puntero.

Es de notarse que el antipriísmo ha sobrevivido más en el PRD que en el PAN, donde casi la mitad de sus votantes tiene por segunda opción a EPN (y entre los que -por cierto- hay más duros y menos dudosos que en otros partidos). Habrá algo en el PRI o en su candidato que atrae más a los panistas que a los perredistas. Sin embargo, la relación no se sostiene a la inversa. El término PRIAN, aunque comunmente utilizado por la izquierda, es incorrecto pues pocos filopriístas tienen el el PAN su segunda opción (más certero sería llamarle PRIRD). Pero si de preferencias traslapadas se trata, sería más adecuado subrayar la existencia del PANRI a ese abundante sector de panistas que, bajo las circunstancias correctas, podrían inclinarse al PRI.

Esta combinación de preferencias debe ser frustrante para la mayoría de los que ven en el potencial triunfo del PRI una suerte de “restauración del viejo régimen”. ¿Será la juventud de los electores la que desconoce la actitud antipriísta que alguna vez dominó el espectro político? Hoy la división es la más vieja y clásica de todas: oposición contra gobierno. Perredistas y priístas (los opositores) están más cerca unos de otros que de los que apoyan al partido en el poder.

Si hay algo que celebrar en estas noticias es que el sentimiento de ser oposición es más fuerte que antes y le hace la vida más difícil al PAN asegurarse que lo vuelvan a elegir. Para eso, quien está en el poder debe convencer y en serio.

Mario Arriagada Cuadriello.

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