Imagen con copyright usada por el Senador Federico Döring

Dado que estás leyendo esto, eres usuario de Internet, y habrás escuchado, quizá hasta la saciedad, sobre SOPA, PIPA, ACTA y la Ley Döring; todas iniciativas dirigidas a la protección del copyright en medios digitales. Las primeras dos son iniciativas ante el Congreso de Estados Unidos que, luego de protestas masivas en línea, parecen haber pasado a mejor vida. ACTA es un acuerdo internacional del que México forma parte, y sobre el que el Senado ya emitió un voto claro en contra de su firma. Nos queda la llamada Ley Döring, que reforma la Ley Federal del Derecho de Autor (LFDA) y adiciona un capítulo y diversos artículos a la Ley de Propiedad Industrial (LPI). La aportación nacional a la ola de iniciativas en el mismo sentido.

La iniciativa del senador del PAN, Federico Döring contiene dos cambios centrales. Primero, en la reforma al artículo 27 de la LFDA prohíbe la reproducción digital de bienes protegidos. Segundo, en la modificación al artículo 202 de la LPI, y al artículo 14 de su reglamento, permite al IMPI, por oficio o a petición de parte, iniciar procesos de investigación contra quien se sospeche, esté violando digitalmente derechos de autor.

No se necesita ser abogado (yo no lo soy) para darse cuenta del absurdo de la primera modificación. El cambio al artículo 27 de la LFDA establece que toda reproducción digital viola la “normal explotación”, aun cuando esa reproducción no tenga fines de lucro. Ello implica que si usted compra un CD de música, podrá tocarlo en su computadora, pero no copiarlo y/o moverlo a un dispositivo móvil para reproducir mp3. Mucho menos podrá compartir esa versión digital con alguien más; podrá, eso sí, prestarle el CD físico, que es lo mismo (pero no es igual, nos diría seguramente Döring).

El segundo cambio es además de absurdo, peligroso. El nuevo artículo 202 de la LPI permitiría al IMPI por iniciativa propia (oficio) o a petición de alguien más, pedir a cualquier proveedor de internet que proporcione la dirección IP desde la cual se sospecha se están violando derechos de autor; luego, el nuevo artículo 14 de la misma ley, facultaría al IMPI para recabar información sobre el uso de esa IP. Para que quede claro, si alguien te acusa de violar derechos de autor, el IMPI podría perfectamente acudir a tu domicilio a echarle una revisadita a tu computadora y demás dispositivos. Ello implica darle facultades jurisdiccionales totales a una entidad del poder ejecutivo y violar, de paso, todo entendimiento de debido proceso judicial… bueno, el poder judicial ni aparece en la fotografía.

Los alcances de la Ley Döring son tales, que el propio senador, al usar en su portal una imagen de un oso polar, protegida por derechos de autor, la estaría violando, como bien descubrió Antonio Martínez Velázquez

No podemos inferir las razones que llevaron al senador Döring a presentar esta iniciativa, pero la redacción en la exposición de motivos es, por lo menos, reveladora. El senador plantea con toda claridad dos actores en conflicto, por un lado, lo que llama “industria cultural” o “industria creativa”, y por el otro, quienes manejan o usan sitios de intercambio de contenidos de persona a persona, P2P (peer-to-peer). Como el resto de iniciativas en el mundo del mismo tipo, es una ley que usa el sistema legal para empoderar a titulares de derechos, no a creadores.

No es una distinción menor, la Ley Döring está dirigida a proteger el usufructo oligopólico basado en un esquema de distribución de contenidos previo al Internet. Los grandes distribuidores han tenido una posición privilegiada (a costa de creadores) al ser actores indispensables para conectar creadores con consumidores. Internet cuestiona por definición este modelo de distribución de contenidos y ganancias, y por supuesto, estos grandes distribuidores de contenidos (constituidos en titulares de derechos) lucharán hasta el último minuto por no perder sus privilegios.

Si has entrado recientemente a la tienda de iTunes, sabrás que entre las pistas más vendidas está el cover de Vázquez Sounds de “Rolling in the Deep”, original de Adele. Sabrás también que este trío saltó a la fama al subir a youtube el video de la canción. Para poder vender el sencillo en la tienda de iTunes, los hermanitos Vázquez tuvieron que firmar un contrato con SONY Music. Las lecciones son claras: estas distribuidoras que se llevan gran parte del pastel económico de la creación de contenidos, son realmente innecesarias en la distribución digital, pero irónicamente indispensables en términos legales bajo un modelo de protección de derechos creado cuando no había un medio de acceso horizontal y masivo (a.k.a. Internet).

Entonces, la incapacidad (o necedad) de estos distribuidores para adaptar su modelo de negocios a la distribución digital, genera costos que asumen creadores y consumidores, bajo el amparo de leyes como la del senador Döring. Hay dos alternativas: inventar acciones legales que hacen de la reproducción digital un delito (que probadamente no modifican comportamientos en línea); u ofrecer alternativas legales de distribución digital. Si leemos el reporte de David Price, “The State of Digital Piracy”, ahí donde se ofrecen alternativas legales de reproducción y consumo, los usuarios las usan: la proporción de uso de banda de Netflix en EU es idéntico al uso de banda de BitTorent en Europa, por ejemplo… que no te Döring la píldora.

José Merino. Politólogo, profesor del ITAM.

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