Tener la oportunidad de compartir nuestras ideas a través a de algún medio de información, en ningún caso debe usarse para pretender minimizar las necesidades de un sector vulnerabilizado de la población. El hecho de que existan trabajadoras del hogar con ingresos altos, no es motivo para promover que todas tengan menos oportunidades de las que tienen. Si bien algunas tienen un estrato socioeconómico alto, según el CONAPRED, sólo alcanzan en 7.2%. (Ver primero este texto)

Tengo bastante idea de estas señoras, las “patronas”. He sabido de varias que se enteran de que su hijo o su marido viola, toca o acosa a la trabajadora del hogar, y dicen que ellas están ahí “para servirlos”. También he visto como las trabajadoras del hogar (así se autonombran y están trabajando y organizándose a nivel internacional para ser nombradas así, ya que no son aparatos domésticos) ayudan y asesoran a sus compañeras para ir desapareciendo la mortal costumbre de quedarse calladas ante los múltiples abusos por parte de hombres y mujeres que tienen ideas clasistas y distorsionadas. Algunas incluso escriben en revistas para compartir esas ideas.

Las que trabajan de planta, generalmente tienen un cuarto en la azotea y un baño que comparten con varias personas. Las empleadoras tienen del derecho de entrar a ese cuarto cuando quieran, violando la poca privacidad que les da una puerta de metal con un vidrio y una cortina.

Algunas tienen “permiso” de ver la T.V, que les refuerza la idea de que ellas valen menos y de que es aceptable ser tratadas como personas de segunda clase.

Las que trabajan de planta, reciben el falso argumento, de que les pagan mal porque les están haciendo el favor de darles techo y alimento.

Mientras escribo esto, estoy consultando por teléfono a una trabajadora del hogar que gana $5,400 al mes por hacer la limpieza diaria de 3 recámaras, 2 baños, cocina, jardín, 2 patios, escaleras, alberca, salón de fiestas, sala, comedor y 3 perros; que además de tener que bañarlos, alimentarlos, cepillarlos y pasearlos, andan sueltos en la casa, ensuciando todas las áreas comunes. Sirve la comida, lava y guarda los trastes tres veces al día, o más, si la familia tiene un antojito. También contesta el teléfono y toma y pasa los recados.
Prepara unos “desayunos espectaculares”, y comidas, y cenas, y refrigerios, y antojos de media tarde.

Su “patrona” la llama tonta y no le permite comer ni beber las mismas cosas que la familia consume. Aunque ella se siente privilegiada porque “incluso come carne”.

La mayoría no tienen terminada la secundaria (o la primaria) porque han tenido que buscar trabajo lejos de su casa y de su familia. Y estudiar mientras trabajan es imposible, ya que se levantan entre 6 y 7 am y se acuestan a las 10:30 pm.

Las de entrada por salida, en cambio, viven en área metropolitana, normalmente en Neza, Chalma, Cuajimalpa, Huixquilucan, lo que las obliga a pasar entre dos y tres horas transportándose. Ganan de $170 a $300 y trabajan máximo 8 horas porque el artículo 123 Constitucional dice que esa debe ser la duración máxima de una jornada de trabajo. A veces se retiran antes, porque afuera, lejos de la casa de su “patrona” tienen hijas e hijos que van a la escuela, que se enferman; tienen un lugar en el que viven y que hay que abastecer, cuidar, limpiar, y todas esas cosas que acompañan la vida digna de una persona.

Hago otra llamada y escucho esto: “Llego, hago el desayuno, pongo ropa a lavar. Yo tengo que llegar desayunada, porque no puedo hacerlo ahí. Si no pude desayunar, me tengo que aguantar. A veces hay tortillas, y a veces me como dos. Jamás me han preguntado ¿Ya desayunaste?

Lavo trastes, limpio la cocina, tiro a la basura la comida que se echó a perder en la semana. Mientras, está trabajando la lavadora. Pongo unas 4 lavadoras al día. Cada vez subo cuatros pisos para tender la ropa. Termino de limpiar y sacudir a eso de las 3:30. Guardo trastes y subo a planchar y doblar toda la ropa que lavé.

A veces no plancho porque el señor me lleva a su oficina para que también la limpie. Son 4 cubículos, una sala y dos baños.

¿Comida? ¿Cuál? Si el señor llega como a las 5 o las 6 y yo mejor me apuro para salirme antes. Si no, me va a pedir que me quede a darle de comer. ¿Y a qué hora voy a llegar a mi casa? Cuando me voy, nadie me pregunta si comí. No como”. (Y no es por aquello de la dieta).

Desgraciadamente, si y sólo si la patrona quiere, se pueden meter al seguro social, pero es muy limitado. Por eso es importante apoyar la campaña “Por un trabajo digno”, para que se ratifique el convenio 189 y la recomendación 201 para garantizar sus derechos laborales básicos.

El dinero que ellas aportan para sus comunidades (de esas que no aparecen en google maps gooooeeeeiiiii) es mayor al que podrían aportar si se hubieran quedado. Pero no pudieron. No había cómo. En el caso de las que aportan remesas por haber tenido que cambiar de país, además de soportar los abusos comunes, son víctimas de explotación relacionadas con su estatus de migrantes.

Quiero ver que una “patrona” limpie 8 horas diarias. Quiero ver cómo queda su corazón después de que le digan que “nada que ver el trabajo” que hace ella comparado con el de una trabajadora del hogar.

¿Un programa que les de $1,000 pesos al mes? Sería una pequeña ayuda. Lo terrible es que las empleadoras no les permitirían salir unas horas para ir a pedir su dinero (y las pondrían en la encrucijada de: si vas por tus $1000, pierdes tu trabajo de $6,000), a pesar de que ellas, las trabajadoras del hogar, sacan al país adelante.

Minerva Valenzuela. Actriz y activista.


Texto publicado originalmente en Mujeres Construyendo.

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