La semana pasada los candidatos a diptuados del PAN presentaron un spot de televisión en el que argumentan que el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, es un mentiroso. El argumento central del spot del PAN es que Peña Nieto no cumplió los compromisos que asumió ante notario durante su gobierno, y que hoy sustentan su campaña. Hasta el momento, Peña Nieto no ha refutado la acusación del PAN.

Sin embargo, no sólo es importante considerar el contenido del spot y la reacción de los candidatos, sino si hacer una campaña negativa (o de contrastes) es una forma efectiva de hacer campaña.

En una revisión de la literatura académica que existe al respecto en Estados Unidos, los investigadores Richard R. Lau y Ivy Brown, llegaron a dos conclusiones interesantes. La primera es que las campañas negativas no funcionan la mayoría de las veces (no hay duda en que en algunos casos funcionan), y la segunda es que la mayoría de las veces los votantes sí pueden distinguir entre ataques fundados y descalificaciones. Al hacer esta distinción, también hay evidencia de que la información negativa “moviliza la participación, en particular de independientes y de quienes en general están más interesados o informados sobre el proceso electoral”.

Considerando este estudio, es difícil hacer una extrapolación sobre los efectos de las campañas negativas en México. Una diferencia fundamental entre el sistema político estadounidense y el sistema político mexicano es que no hay reelección en México. Esto hace más difícil que los votantes individualicen las virtudes y los defectos de los candidatos, y más bien identifiquen los problemas de unos y otros con los partidos que los postulan.

En un experimento hecho en varios municipios de Jalisco, Morelos y Tabasco, investigadores de la Universidad de Yale, encontraron que la disponibilidad de información negativa, en vez de incrementar la participación, la reduce. Esto a su vez sí tiene un efecto negativo sobre el candidato del partido en el poder, aunque menor que el efecto sobre la participación. En contraste la información que sí hace que haya un incremento en la participación electoral es la que tiene que ver con la cantidad de recursos que los municipios gastaron en programas sociales. Entre mayor el gasto, mayor la participación.

Los investigadores ofrecen dos explicaciones plausibles de por qué los electores votan menos, cuando tienen información sobre la corrupción de los gobernantes. La primera es que los votantes del PAN (en los municipios en donde se hicieron los experimentos) cuando se decepcionan por la corrupción del alcalde, no logran convencerse de convertirse en votantes del PRI o del PRD. La segunda explicación es que simplemente la corrupción hace que todos los partidos sean percibidos como iguales por los electores, y por tanto transmitan la idea de que una vez que todos son iguales, entonces hay poco en juego.

 

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