Cuando Ana eligió con qué doctor se trataría el cáncer, no sabía que su elección la había hecho por influencia de mi hermano a quien Ana no conocía. ¿Una decisión vital tomada por influencia de quien no conoces? Se llaman redes sociales, resulta que mi hermano es jefe de Berta que es mejor amiga de Jorge, el esposo de Ana. El Dr. Ramírez lleva un par de años atendiendo a mi hermano que lo considera como el mejor en su campo, Berta le contó a su jefe del problema de la esposa de Jorge y no dudó en recomendarle al “mejor oncólogo de México”.

Esta historia se repite todos los días, gracias a nuestras redes sociales todos los días tomamos decisiones importantes que se acompañan con una acción como ir al doctor, al supermercado o a una fiesta. Los gustos de A pueden determinar la decisión de C sin que ninguno tenga contacto con el otro. La información fluye y nosotros elegimos cosas, siempre ha sucedido de esa manera y cuando se agrega la suma de dichas elecciones se forma algo que se llama opinión pública ¿Qué agregan el internet y los medios sociales a esta ecuación?

Opinión pública atiende solo la agregación de preferencias. Lo que las redes agregan es que estas preferencias son contagiadas, incluso entre individuos que no tienen contacto directo. Lo que Internet agrega, es la visibilización de ese proceso de contagio. Formación y agregación como procesos simultáneos. Ves tus redes, al tiempo que estás siendo influido por ellas.

El flujo de información a través de internet no tiene límites o tiene muy pocos, lo anterior tiene como efecto que las redes que formamos a través de la red estén basadas en el intercambio de información, una de las consecuencias de esto es la creación de redes con lazos densos y visibles a todos los usuarios de la red y por otro lado el contagio de ideas a través de estos lazos en tiempo real, esto tiene efecto en la manera en la que actuamos.

Entonces sugeriría que al hablar de redes sociales dejemos de hablar del ciberespacio, éstas van más allá de una infraestructura o un servicio, una vez hecho esto entonces veríamos a nuestras redes como un agregado de nodos que pueden modificar la opinión generalizada. Diversos estudios han tratado de medir la relevancia de la opinión en un esquema de redes que tiendan al consenso, uno de los estudios realizados por el Rensselaer Polytechnic Institute[1] demuestra cómo una opinión mayoritaria y prevaleciente en la población puede ser revertida de manera rápida por una minoría comprometida distribuida al azar que constantemente hace proselitismo de la opinión contraria a la prevaleciente y que la vuelve inmune a ser influida por la mayoría, en concreto demuestra que cuando esta minoría crece más allá del valor crítico, 10%, se reduce considerablemente el tiempo necesario para que toda la población adopte la opinión de la minoría.

Las herramientas para inferir que no influyen no deben ser las mismas que antes, es tanto como seguir analizando las redes a partir de una cuantificación simple como el rating o las personas que van a un mitin (¿cuántos modifican su intención de voto al salir de estos horribles eventos?). Los #yosoy132 tienen el potencial de modificar la opinión pública prevaleciente si usan el poder de contagio de una opinión militante en círculos que no necesariamente están en twitter o Facebook, el tiempo de contagio dependerá de lo clavados que sean. Es decir, los usuarios de twitter ocupan espacio (van a cafés, cines, restaurantes, metros, taxis, metrobuses, paseos en bici) y retransmiten ese proceso de contagio con sus redes físicas (abuelita, maestros, colegas etc).

En Networks and Colective Action[2] Ramón Flores, Maurice Koster, Inés Lindner y Elisenda Molina proponen formas para medir la capacidad de un grupo para llevar a la sociedad a adoptar su norma de conducta. En este mismo espacio Isabel Gil afirma que no podemos inferir estos procesos a partir de las redes sociales, sí podemos con las herramientas adecuadas.

Gil infiere que la penetración del internet es un obstáculo, por el contrario, a la luz de la teoría de redes sociales podemos decir entonces que una buena parte de la población está conectada, que quien lo está cuenta con recursos económicos suficientes para estarlo y probablemente para influir en más personas, pues las redes sociales se replican también fuera de la red. La gente quiere más información y por eso usa la red, comparte la misma en las redes sociales (virtuales y análogas)y con ello se puede observar por un lado un efecto de contagio (más personas compartiendo la misma información) y por otro lado un efecto de diálogo (no solamente se comparte sino que se conversa esa información). Importa tanto cuántos estén conectados como quiénes estén conectados.

A los que hablan del poco impacto de las redes sociales que omiten decir que siempre han existido, sugiero que imaginen el ejemplo de Ana replicado por millones.

Antonio Martínez Velázquez.


[1] Xie, J. and Sreenivasan, S. and Korniss, G. and Zhang, W. and Lim, C. and Szymanski, B. K., Social consensus through the influence of committed minorities. Phys. Rev. E, volume 84, Julio 2011.

[2] Flores, Ramon, Koster, Maurice, Lindner, Ines and Molina, Elisenda, Networks and Collective Action (March 29, 2012). Available at SSRN: http://ssrn.com/abstract=2030970

 

Te recomendamos: