La semana pasada se llevó a cabo el juicio en Moscú de tres integrantes de la banda de punk Pussy Riot. Las tres integrantes y activistas políticas  fueron condenadas a pasar dos años en la cárcel por “violar el orden público, motivadas por el odio religioso”. El evento que las llevó a la cárcel fue una tocada de un par de minutos en el altar de la catedral de Moscú, de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, donde cantaron una canción que decía “santa madre persigue y echa a Putin de aquí”. La razón por la cual escogieron ese lugar y esa canción fue porque el patriarca de la iglesia ortodoxa ha sido una cercano aliado de Putin en su acenso y consolidación en el poder. Según la declaración final de una de ellas al final del juicio: “…la cultura ortodoxa no sólo pertenece a la iglesia rusa ortodoxa, al patriarca y a Putin, sino que también podría ser una aliada de la rebelión cívica y el espíritu de la protesta en Rusia”.

El gobierno justificó su arresto y juicio como una demanda de la iglesia por ofender a millones de creyentes, y profanar la cultura, tradiciones y valores religiosos de la iglesia rusa ortodoxa, haciendo a un lado el hecho de que se trataba de una protesta política. Es decir, paradójicamente el Estado ruso se ostenta como garante del respeto a las reglas y creencias religiosas. Fuera de Rusia ha habido una gran cobertura de medios, (buena y mala), sobre el evento y juicio, pues parece ofrecer un botón de muestra de cómo -poco a poco, en los últimos 12 años- Putin ha ido recentralizando el poder político construyendo un sistema de partido hegemónico en detrimento de la libertad de expresión, las elecciones libres, y la democracia.

Para tratar de entender mejor qué es lo que ha estado pasando en Rusia en la última década ofrecemos aquí varios vínculos que son interesantes no sólo en términos de la situación actual en Rusia, sino como una oportunidad para reflexionar sobre problemas y preocupaciones que existen en México.

1)  El documental en 4 partes de la BBC, “Rusia, Putin y el Oeste” (Russia, Putin and the West) recorre desde cómo llega al poder Putin, reactiva la economía y enfrente a los grandes oligarcas, hasta cómo hace la guerra en Chechenia y Georgia, se mete en Ucrania y se turna el poder (entre la presidencia y el primer ministro) con Dimitri Medvedev, y persigue periodistas.

2) Un perfil de Gary Kasparov el excampeón mundial de ajedrez que desde mediados de la década pasada se ha convertido en uno de los más prominentes activistas de la oposición. En él no sólo se habla de Kasparov y las dificultades de la oposición para enfrentar a Putin y sus aliados, sino sobre cómo se ha cerrado el sistema político. Un ejemplo de ello es que Putin eliminó las elecciones de los gobernadores y de los alcaldes de Moscú y San Petersburgo, para ser nombrados directamente por él. Este tipo de medidas han sido justificadas bajo el argumento de la “democracia soberana”, que quiere decir que “la democracia llega de muchas formas, y las ‘democracia rusa’ se desarrollará por su propio camino y a su propio paso”.

3) Un reportaje sobre el periodismo en Rusia bajo Putin, el hostigamiento a la prensa, y el asesinato de disidentes y periodistas. Este texto, incluye una buena explicación de cómo Putin resultó el sucesor de Yeltsin, después de los desastrosos años noventa para Rusia y el colapso de la Unión Soviética. Cuenta la historia de la periodista Anna Politkovskaya, quien cubrió las violaciones de derechos humanos en Chechenia y después fue asesinada en Moscú. Sin embargo, la libertad de expresión no ha sido reprimida como en el pasado soviético, sino de formas más sutiles:

No hay censura–es mucho más avanzado. Yo lo llamaría un sistema de contactos y acuerdos entre el Kremlin y los directores de las cadenas de televisión. No se necesita comenzar el día con instrucciones. Todo se hace con guiños y señales. Se reúnen al final de la semana, y el problema, para la televisión e incluso en la prensa escrita, es que la autocensura es peor que cualquier otra forma. Los periodistas saben -pueden sentir- qué se permite y qué no.

4) Otro reportaje sobre la situación política y la situación de la sociedad civil durante y después de las últimas elecciones presidenciales. Éste, describe cómo han sobrevivido algunas de las organizaciones civiles históricas, pese al hostigamiento del gobierno, pero también cómo viven en un estado de frustración permanente por el lento avance de causas como los derechos humanos y las libertades políticas. En particular describe cómo reaccionó Putin y los medios a las movilizaciones en su contra y protestas durante la campaña, tras la cual Putin fue reelecto, pero con un margen menor de votos a los esperados y entre denuncias de fraude.

Las características autoritarias de la era de Putin, sin embargo, no son como las de las epoca zaristas o soviéticas….’El poder hoy no calla a todos. Hay libertad de expresión y de prensa. Hay estantes enteros de libros contra Putin en las librerías’. Una mano fuerte en la televisión estatales parece suficiente, al menos por ahora. El sistema actual de estabilidad, con la eliminación de política auténtica–su cultivo de elecciones falsas y un sistema judicial que básicamente toma ordenes del ejecutivo–es un sistema sumamente cínico de poder vertical, aunque flexible.

5) Dos notas más cortas sobre la situación política reciente en términos más generales después las elecciones de hace unos meses. La primera de ellas describe “el putinismo” como un sistema fundamentalmente cínico:

A diferencia de la mayoría de los regímenes dictatoriales, que tipicamente se apoyan en la ‘nación y la tradición’, el putinismo apeló directamente al cinismo. Prometió a los rusos una cuasi democracia que combinaba una esfera política castrada con una “vertical de poder” central teóricamente rígida. La sustancia del llamado no era la preservación de las instituciones democráticas, sino su creciente irrelevancia.

La segunda describe con más detalle la coalición de intereses, las instituciones y los mecanismo con los cuales Putin logró la reelección pese a las protestas.

Más complicado aún es el éxito electoral de Putin fuera de centros urbanos donde se han concentrado las protestas. Debido a la magnitud de Rusia y la ventaja de Rusia Unida (el partido de Putin) a nivel nacional, difundir agravios más allá de las grandes ciudades es una tarea intimidante incluso con el uso de tecnología basada en internet. Con poca o nula presencia de partidos competitivo a nivel local, muchos rusos siguen recibiendo su información política de la televisión controlada por el Kremlin. Estas limitaciones, a su vez, han contribuido a la imagen de la oposición como primordialmente urbana y como un movimiento de clase media-alta. Más aún, las combinación de presiones informales de redes locales para votar por Putin -por ejemplo con estudiantes que son enviados a casa con instrucciones para sus padres, o empleados dirigidos sobre como votar por sus jefes- y prácticas abiertamente fraudulentas le dieron la victoria a Putin.

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