Finalmente, después de varias semanas de polémica en torno al caso Bryce, se pronunció al respecto Jorge Volpi, el único representante mexicano de los siete miembros del jurado que decidió otorgarle el Premio FIL 2012 de Literatura al escritor peruano. Son muchos los aspectos que me parecen discutibles del texto redactado por Volpi hace un par de días y que a estas alturas es conocido por gran parte de las personas interesadas en el otorgamiento del premio mencionado. En estas líneas, solamente me quiero referir a uno de ellos: lo que podríamos llamar el “trasfondo” del caso Bryce.
Dicho trasfondo es lo que yo denominaría, sin mayores aspavientos, “moral pública”. Las líneas de Volpi me sorprendieron por diversos motivos: porque insiste en hablar de “acusaciones” de plagio (como si éstas no hubieran sido probadas), por la separación absoluta que establece entre las novelas de Bryce y todo el resto de su obra escrita, porque considera que solicitar al jurado que reconsidere “es un acto de soberbia e hipocresía”, porque esta historia debería resumirse como “Premio FIL a un clásico de la literatura hispanoamericana”, porque los que acusan a Bryce de deshonestidad nunca han escrito “una línea perdurable”, porque estos mismos acusadores “medran en los márgenes de nuestra vida cultural” (el énfasis es mío) y, por último, porque Volpi saca a colación a Günter Grass y a Álvaro Mutis (como si a estos autores se les hubiera acusado alguna vez de lo que está en juego en este caso: el plagio).
Lo más curioso del asunto, sin embargo, es que Volpi acepta la discusión sobre si un jurado literario debe no sólo avalar la obra de un escritor, sino también su “conducta ética”. Le parece que esta discusión debe ser “bienvenida” y la considera algo “saludable”. No obstante, enseguida agrega: “Pero de allí a descalificar al Premio FIL, a los jurados y a las instituciones convocantes se pasa de la crítica a la calumnia.” Algunos lectores deben haberse quedado perplejos (entre ellos yo). En el caso que nos ocupa, si aceptamos la discusión sobre la conducta ética de Bryce a la hora de que el jurado en cuestión decidió entregarle un premio, ¿no necesariamente conlleva esta discusión un debate sobre el premio, sobre el jurado y sobre las instituciones convocantes? ¿Puede darse una discusión como la que Volpi legitima y, al mismo tiempo, dejar intocados al premio, al jurado y a las instituciones convocantes?
Más allá de las respuestas evidentes a ambas preguntas, lo que más llamó mi atención del texto de Volpi fueron los sustantivos que lo recorren: “inquisición”, “acusadores”, “verdugos”, “cruzada moral”, “intolerancia”, “causa justa”, “pecados” y, para no ser prolijo, una expresión que parece resumirlo todo: “alaridos de la inquisición literaria”. Supongo que se pueden tener motivos diversos para pedir que el Premio FIL 2012 de Literatura sea reconsiderado. Como uno de los 12 académicos firmantes de la carta y de la réplica en que solicitamos a los siete miembros del jurado esta reconsideración, puedo expresar que los motivos que nos llevaron a redactar ambos documentos son relativamente simples.
a) Alfredo Bryce Echenique no sólo ha sido “acusado” de plagio, sino que ha sido encontrado culpable y multado por ello. Además, existe un número indeterminado pero considerable de plagios de Bryce que son incuestionables, pero que no han sido motivo de una demanda judicial.
b) Como se sigue del punto anterior, el plagio no sólo es indebido, sino también ilegal.
c) Los plagios cometidos por Bryce Echenique forman parte de su trayectoria como escritor; no son ningún “aditamento”, sino parte de la obra escrita de Bryce (una parte de la cual, conviene apuntar, se ha beneficiado económicamente).
d) El Premio FIL de Literatura, el antiguo Premio Juan Rulfo, es uno de los más importantes y de los más reputados de los que se otorgan en México. Este premio está dotado, además, con 150,000 dólares y parte de ese dinero (nadie ha podido decirme qué porcentaje exactamente) es dinero público. Por último, este premio está avalado por instituciones públicas mexicanas (concretamente, la Feria Internacional del Libro, la Universidad de Guadalajara y el CONACULTA).
A lo anterior cabe agregar que Bryce no sólo no se ha disculpado por los actos indebidos e ilegales que ha cometido, sino que en el mensaje que difundió la semana pasada respecto a las reacciones negativas que ha suscitado en México el Premio FIL 2012, mintió respecto a la multa que, según él, le había levantado el organismo peruano INDECOPI (Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual).
Todo lo anterior me lleva al título de estas líneas. No se necesita ser un “inquisidor”, un “verdugo” o un “cruzado moral” para darse cuenta que el Premio FIL 2012 debe ser reconsiderado. Ni yo, ni los otros once colegas firmantes, nos rasgamos las vestiduras, ni nada parecido. Simple y sencillamente pensamos que como académicos y como ciudadanos nos atañe que se pretendan pasar por alto valores que no sólo nos parecen importantes, sino imprescindibles para el buen funcionamiento, no solamente de una universidad, sino de la sociedad en su conjunto (el hecho de que la sociedad mexicana esté pasando por “tiempos agitados”, en los que todo parece valer, no disminuye el punto que aquí me interesa; si acaso, lo acrecienta). Entre los valores aludidos yo destacaría la honestidad. Si Jorge Volpi y los demás miembros del jurado pensaron que podían premiar a Bryce Echenique y que nadie en este país diría nada, pecaron, por lo menos, de ingenuos. Puede ser que me esté curando en salud, es decir, que me esté resignando por adelantado a lo que quizás sea un desenlace inevitable (que Bryce recoja su premio y su cheque), pero el revuelo y el rechazo provocados por la concesión del Premio FIL de Literatura 2012 a Bryce Echenique me confirman lo que pensé sobre este asunto desde el primer momento: que estamos frente a una cuestión de moral pública.
Roberto Breña. Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

El asunto de Bryce ya se ha asentado y el número de análisis y evidencia que salió a la luz pública no dejó sobre el método de trabajo de este escritor peruano. Al menos en su vertiente de participación como periodista, articulista u «opinólogo» queda claro que plagió el trabajo de mucha gente. Sin embargo, la pregunta importante después de esto sería la siguiente: ¿y?
Me parece que para un artista, estas cuestiones de a ética de un escritor «a sueldo» le quedan bastante pequeñas, por no decir francamente que están completamente fuera de lugar. Esto es, a un novelista, como creador de ficciones, le pedimos que nos conmueva, que su obra ilumine nuevas perspectivas a las que no habríamos podido acceder si leyeramos un simple análisis en prosa. Pero sobre todo, la obra de ficción tiene un compromiso estético que le permite-y tal vez exige- licencias que serían chocantes en un académico, científico, periodista, historiador o columnista.
Si en nuestra cultura cometemos constantemente el error de pedirle a un novelista (o cantante) que nos ilumine sobre los asuntos políticos del día, me parece que juzgar con criterios académicos la obra de un artista de las letras es, no sólo el mismo error invertido, sino un poco más vergonzoso pues se supone que son las personas poco ilustradas quienes usualmente no pueden distinguir la diferencia entre literatura de ficción y académica.
Nunca me ha interesado leer una columna de opinión de, por ejemplo, Vargas Llosa, menos alguna de sus disertaciones políticas u académicas. Pero múltiples editoriales pretenden engañar a su público pidiendole a personas que escriban de algo en lo que no son especialistas. En este caso, Nexos también se benefició de la fama de un artista para que hablara de cualquier tontera.
Tal vez no me he explicado bien. Por eso me permito citar una famosa entrevista que le hiciera Jean Stein a William Faulkner allá por 1956, para aclarar mi punto:
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–¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir ser un buen novelista?
– 99% de talento … 99% de disciplina…99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno sabe que puede apuntar. No preocuparse por mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.
–¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?
–El artista es responsable sólo ante su obra. completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe liberarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo; la «Oda a una urna griega» vale más que cualquier cantidad de buenas señoras.
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En suma, todo este alboroto por el asunto Bryce no me pareció más que un problema en los ojos de las «buenas señoras».
Muchas gracias.
Donde encuentro fragmentos de textos del susodicho que desmuestren el plagio!!???? Quiero comprobarlo, me parece increible que si es tan evidente le hayan dado semejante regalo
Mantener la decisión de otorgarle el reconocimiento de la FIL al “escritor” Bryce Echenique tiene consecuencias que trascienden la simple aprobación de actos deshonestos de dicho «escritor»:
1.- Premiar a Echenique con fondos públicos es un acto que contradice la política cultural y educativa de nuestro país, pues hace ya bastantes años que en el sistema educativo y en las instituciones culturales se toman acciones para prevenir y evitar los actos de plagio y deshonestidad intelectual. Los reglamentos escolares —principalmente en los ámbitos universitarios— establecen las diversas sanciones aplicables cuando los trabajos de los estudiantes presentan indicios de plagio: se les reprueba, ya sea en el trabajo, en el curso o en el semestre y, si los alumnos reinciden, se les expulsa. Entonces, ¿qué mensaje envía el gobierno mexicano a través de sus instituciones si premia a un plagiario?
2.- La Universidad de Guadalajara contradice las enseñanzas que da a sus estudiantes, quienes reciben sanciones cuando plagian (y hasta cuando “olvidan” citar, al estilo del renombrado señor Alatriste). ¿Qué demuestra la U de G a los alumnos universitarios —y de todo el sistema educativo— si premia a un a un “escritor” acostumbrado a publicar textos plagiados?
3.- La FIL es un espacio de encuentro entre editores y autores de todo el mundo, y también con el público. En la Feria se negocian —se compran y venden, reconociéndolos— los derechos de autor y de reproducción de textos escritos. Y se basa, por un lado, en la ética y honestidad intelectual de los autores y, por otro, también en la ética y honestidad intelectual de las casas productoras de las diversas publicaciones. Cabe preguntar: ¿qué mensaje quiere dar la FIL a los editores y autores, y también a los lectores, cuando premia a alguien que robó textos ajenos, los vendió y cobró por ellos diciendo que eran suyos?
Impecable.Suficiente.
Ya en otras partes se ha comentado sobre la calidad literaria de Jorge Volpi (http://www.letraslibres.com/revista/libros/no-sera-la-tierra-de-jorge-volpi) y de su propio «halago» por emulación de obras ajenas (http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/dresser-y-volpi-inspirados), pero su «recreación» de «temas ajenos», como lo llama Ricardo Cayuela Gally (http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/volpi-se-reafirma) es precisamente el síntoma de esa defensa por la falta de originalidad.
Hoy leí un par de columnas que se publican en un periódico de circulación nacional. Son de Juan Villoro y de Juana Inés Dehesa respectivamente. Ambas son frescas, inteligentes, bien escritas y sobre todo originales. Por supuesto, son parte de su obra literaria, que obviamente es mucho más amplia. Me pregunto si, siguiendo la lógica de Volpi, ¿deberíamos considerar o no estos textos «periodísticos» como ajenos a la trayectoria de los escritores mencionados?
Un pregunta inocente: Si eliminamos toda la obra plagiada de Bryce, lo que queda, sea poca o mucha, ¿es lo suficientemente valiosa para merecer un premio?
Me gustaría agregar otra pregunta inocente: ¿es necesario haber leído la obra de Bryce, parte de ella al menos, para opinar en esta discusión, o ya no es definitivamente un asunto literario?
Se puede o no ser purista y moralino. Bryce es humano y por tanto defectuoso. Pero se le tacha de deshonesto en la actividad de la cual vive. Esa es la gran diferencia.
Si, claro: la actividad de la cual vive y que incluye COBRAR por los escritos ajenos. ¡Qué bien!
¡Vivan los puristas y moralinos, mueran los transas «humanos y defectuosos» como Rubén Oliver… ¿o se llama usted Bryce o Volpi?
Curioso que los mexicanos siempre nos envolvamos en la moral ante el equívoco de los hombres. La moral, la moral, sí cómo no. Hombres y mujeres morales vean lo que hacen con ella. Una disculpa más por mis yerros al escribir y por mencionar intelectuales, creo que me fui con la finta que lo ‘plagia’ Bryce es casi siempre textos de opinión literaria o artículos de opinión. Yo creo se entiende el sentido en que menciono creación literaria y que eso se premió.
Ah, perfecto. Nada más «tantito» transa. ¿Los textos de opinión literaria no forman parte de la obra de un autor? ¿Y por qué cobra trabajos ajenos? ¿Qué interés tiene usted en defender que premien con MIS IMPUESTOS a este segundón de la literatura? ¿O él lo mandó escribir?
El caso es que Breña se entretiene en las cosas de siempre: le espantan los calificativos de Volpi pero no la generalidad en la que se incurre en este momento. Dice Breña, Bryce no se ha disculpado por los plagios, como si debiese hacerlo por ser premiado y ergo conocerse que no es un intelectual íntegro en la cruzada moral de los intelectuales o académicos mexicanos: no haber plagiado. Pero la cuestión es sencilla, más allá de que se plagie se premia a Bryce lo que ha hecho en materia de creación. ¿Eso no queda claro? La estela de cuestuiomiento de Nexos a Bryce solo refleja un sentimiento purista de un premio y de un hombre que no es perfecto parece. PERO NO SE DISCUTE NI SE DISCUTIRÁ, NI A LOS ACADÉMICOS INTERESA QUE NO NOS ENVOLVAMOS EN LA BANDERA DEL PLAGIO PARA SER SAVORANOLAS QUE QUEMEN VIVOS CREACIONES, ESCROTORES.
Lamentable. Una disculpa por las mayúsculas.
mmmhhhhh «la moral es un árbol que da moras» (Gonzalo N. Santos dixit)
a estas alturas, cuántos posibles escenarios tenemos, que reciba el premio, que rechace el premio, el jurado y la FIL ya dijeron que se queda… y si solo depende del premiado, vendrá con una sonrisota…
¿este jurado es para cada edición de la FIL? ¿cada año cambian los miembros?
¿Que esperaban de Jorge Volpi? Él mismo ha plagiado.