En los últimos meses se han presentado en los medios de comunicación visiones encontradas sobre la economía mexicana. Por ejemplo, por un lado el gobernador del Banco de México, ha preferido sonar pesimista (o al menos precavido), y por el otro, algunos medios internacionales publican cálculos optimistas que en parte reflejan la construcción de una «moda» entre inversionistas fuera de México con respecto al crecimiento económico de nuestro país. Agustín Carstens hace unas semanas advirtió el impacto que puede tener en México el crecimiento cero de la economía estadounidense, y tan sólo unos días después en el New York Times se publicó un artículo de un empresario en California que argumenta que para las empresas estadounidenses es más atractivo mover parte de su producción a México que a China por las condiciones macroeconómicas, la mano de obra barata y calificada, y la distancia. Un argumento que puede tener sentido si se descarta la posibilidad de que Estados Unidos entre en recesión.
Un par de días después, en el periódico Financial Times (FT) se publicó un artículo en el que llaman a México el «tigre azteca» (como referencia a los «tigres» del este asiático y después a la referencia de Irlanda como el «tigre celta»). Los motivos del optimismo en el artículo del FT son sobre todos políticos, pues argumenta que las «reformas estructurales» tienen más posibilidades de pasar hoy que antes, y que la apertura a la inversión privada y a la competencia en energía y telecomunicaciones respectivamente harán crecer la economía (aunque no explica cómo ni cuándo). Sin embargo, en una presentación en Singapur pocos días después, Agustín Carstens advirtió que las actuales fortalezas de países emergentes como México, pronto pueden desaparecer si se da lo que llamó una «tormenta perfecta». Con esto quiere decir:
1. Flujos de capital masivo hacia economías emergentes y hacia algunas economías avanzadas con buen desempeño; 2. esto podría llevar a burbujas, caracterizadas por una manipulación de precios; y 3. entonces sufrir una reversión de estos flujos cuando las grandes economías avanzadas empiezan a dejar su posición cómoda de política monetaria.
En su discurso Carstens advierte que una de las lecciones de la crisis económica de los últimos años es que el optimismo permanente no permite ver los «asesinos silenciosos» que existen en los sistemas financieros. De esta manera se explica su precaución frente a lo que aparenta ser una andanada de optimismo.
Puede haber muchas razones por las cuales las economías de ciertos países se ponen de moda entre inversionistas y medios de comunicación. Una de ellas son las campañas de marketing que los bancos producen para mover capital de un lugar a otro. Por ejemplo el término países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) lo empezó a usar Jim O’Neill el economista en jefe de Goldman Sachs en 2001, quien ahora promueve la idea de los países MIKT (México, Indonesia, Korea (Sur), y Turquía) ante cambios en las expectativas económicas de los BRIC. Otro ejemplo es el término «tigre celta» que se le atribuye a Morgan Stanley a mediados de los años noventa.
En el mismo sentido, la semana pasada Gerardo Esquivel publicó una nota sobre cómo las portadas de las revistas pueden ser un indicador del inicio de fenómenos opuestos a los que pronostican. El ejemplo que usa Esquivel es el de la portada que la revista que The Economist dio a México anunciando la «ascención de México», y recuerda una portada similar que se le dio a Brasil con argumentos parecidos hace unos años. Esquivel anota que después de la portada de Brasil, la economía brasileña empezó a perder dinamismo y no cumplió con las expectativas del pronóstico. En el caso de México rastrea unos indicadores que aunque no son del todo pesimistas, al menos señalan hacia una precaución que frena el optimismo desmedido de cualquiera.
La reflexión vale la pena ¿qué tanto es marketing para inversionistas, optimismo infundado o la situación real de la economía mexicana? La advertencia de Carstens no se puede echar en saco roto, demasiado optimismo, demasiadas expectativas no son en sí una buena noticia, pueden ser exactamente lo contrario, y cegarnos ante los riesgos y dificultades reales que necesitan más que un aparador para hacerse visibles.

muy buen artículo, los felicito.