Foto: HDPTCAR

Foto: HDPTCAR

Una de mis experiencias más inspiradoras ha sido reunirme, recientemente, con un líder africano de oposición democrática, a quien he admirado, de lejos, desde hace tiempo.

Se ganó sus credenciales a la mala – pasó años en la cárcel bajo un gobierno dictatorial en su país.

Mientras estuvo en la cárcel, leyó el prólogo a un libro extremadamente popular sobre El Fin de la Pobreza. El autor agradece al dictador, que encarceló a líder de oposición, por su “ayuda y guía” para el libro, nombrando a este mismo autócrata como uno de los “líderes democráticos de una nueva generación en África”.

El líder de oposición tampoco es un gran fan de las regresiones estadísticas que le dicen a la gente pobre cuándo pueden obtener derechos democráticos. No puede entender por qué hay un doble estándar: democracia real para los países ricos, pero dudas sobre si las sociedades pobres merecen ser libres. Esto sin mencionar el apoyo activo de organizaciones de ayuda a líderes autoritarios. Por ejemplo, una organización de ayuda le dio un reconocimiento a uno de sus representantes por financiar creativamente a este mismo dictador mientras el líder de oposición estaba en la cárcel.

Él sabía que yo estoy a favor de la democracia en naciones pobres, y me motivó para mejorar la defensa del argumento, en parte por razones idealistas y en parte por razones pragmáticas. Siento que lo he decepcionado al no avanzar más en este debate de largo alcance.

Por coincidencia, hoy leí un gran artículo de Carl Schramm sobre la democracia y el capitalismo en el Claremont Review of Books, otoño 2009 (el artículo no está disponible en línea). Entre otras cosas, Schramm enfrenta a Thomas Friedman por su libro, “Plano, Caliente y Sobrepoblado” Schramm dice:

Esto es lo que pasa en las democracias de libre mercado, dice Friedman– un desastre inaceptable sucede cuando no hay supervisores expertos para dirigir  nuestros asuntos.

Según Schramm,  parece que el sistema ideal de Friedman es:

…que las elites intelectuales nos gobiernen en una autocracia benigna. Y es probable que sería benigna porque los intelectuales son…muy amables..

Quédense con todos sus expertos, yo me quedo con un verdadero líder de una oposición democrática el día que quieran.

Éste artículo fue originalmente publicado en AidWatch.

William Easterly. Profesor de economía, co-director del Development Research Institute de la Universidad de Nueva York.

Una de mis experiencias, más inspiradoras, fue reunirme recientemente con un líder africano de oposición democrática, a quien he admirado, de lejos, desde hace tiempo.

Se ganó sus credenciales a la mala – pasó años en la cárcel bajo un gobierno dictatorial en su país.

Mientras estuvo en la cárcel, leyó el prólogo a un libro extremadamente popular sobre El Fin de la Pobreza. El autor agradece al dictador, que encarceló a líder de oposición, por su “ayuda y guía” para el libro, nombrando a este mismo autócrata como uno de los “líderes democráticos de una nueva generación en África”.

El líder de oposición tampoco es un gran fan de las regresiones estadísticas que le dicen a la gente pobre cuándo pueden obtener derechos democráticos. No puede entender por qué hay un doble estándar: democracia real para los países ricos, pero dudas sobre si las sociedades pobres merecen ser libres. Esto sin mencionar el apoyo activo de organizaciones de ayuda a líderes autoritarios. Por ejemplo, una organización de ayuda le dio un reconocimiento a uno de sus representantes por financiar creativamente a este mismo dictador mientras el líder de oposición estaba en la cárcel.

Él sabía que yo estoy a favor de la democracia en naciones pobres, y me motivó para mejorar la defensa del argumento, en parte por razones idealistas y en parte por razones pragmáticas. Siento que lo he decepcionado al no avanzar más en este debate de largo alcance.

Por coincidencia, hoy leí un gran artículo de Carl Schramm sobre la democracia y el capitalismo en el Claremont Review of Books, otoño 2009 (el artículo no está disponible en línea). Entre otras cosas, Schramm enfrenta a Thomas Friedman por su libro, “Plano, Caliente y Sobrepoblado” Schramm dice:
Esto es lo que pasa en las democracias de libre mercado, dice Friedman– un desastre inaceptable sucede cuando no hay supervisores expertos para dirigir nuestros asuntos.

Según Schramm, parece que el sistema ideal de Friedman es:
…que las élites intelectuales nos gobiernen en una autocracia benigna. Y es probable que sería benigna porque los intelectuales son…muy amables.

Quédense con todos sus expertos, yo me quedo con un verdadero líder de oposición democrática, el día que quieran.

Este artículo fue originalmente publicado en AidWatch

William Easterly.Profesor de economía, co-director del Development Research Institute de la Universidad de Nueva York.

Te recomendamos: