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La discusión inmediata después de la caída de Mohamed Morsi, primer presidente democráticamente electo desde que Egipto es república (1953), parecía una insignificante pelea semántica: ¿Podía considerarse como “golpe militar” lo que acababa de ocurrir en El Cairo?

La CNN tenía al teléfono a un ex-general egipcio minutos después de que Abdel-Fatah El-Sisi, comandante en jefe de las fuerzas militares, anunciara que Morsi dejaba de ser presidente del país. El ex-general, Sameh Seif Elyazal, argumentaba que no se trataba de un “golpe militar”, sino de una “acción democrática”, pues según él, el ejército había reafirmado la voluntad de “la gente” que se había manifestado en millones en las calles.

Los partidos de oposición también hablaban de una “revolución popular”. Hasta Mohamed Kamel Amr, ministro de relaciones exteriores de Egipto –y quien renunció un día antes de la deposición de Morsi- llamó a su ex-contraparte estadounidense, John Kerry, para asegurarle que no se trataba de un golpe como tal.

Estados Unidos –el primer lugar al que uno voltea para definir el estatus de un gobierno- tampoco hablaba de un “golpe”, sino de una “situación muy fluida”. (Aunque tiene un motivo claro para no hacerlo: según la Ley de Asignaciones Consolidadas de 2012, debe cortar toda asistencia a cualquier gobierno que llegue al poder por un golpe de Estado vinculado con fuerzas militares. Si no se define como “golpe”, el dinero sigue fluyendo.)

Ni egipcios ni estadounidenses se atrevían a llamarlo lo que era, a pesar de que la mayoría de las definiciones nos llevan a declararlo como golpe de Estado.

Para Pedro Salazar, especialista en democracia y derecho constitucional, 1

Un golpe de Estado, desde una perspectiva muy general, es una acción política por fuera del marco constitucional vigente (cualquiera que éste sea) que tiene como objetivo y efecto el derrocamiento de un gobierno y su sustitución por otro que, desde esta perspectiva, es invariablemente ilegal.

Incluso en términos de Samuel Huntington se puede definir lo ocurrido en Egipto como un golpe: 2

Las características distintivas del golpe de Estado como una técnica política son: a) se trata del esfuerzo ilegal de una coalición política para remplazar a los líderes del gobierno actual a través de la violencia o la amenaza de violencia; b) la violencia empleada es en general poca; c) el número de personas involucradas es pequeño; d) los participantes ya poseen bases institucionales de poder dentro del sistema político.

En Egipto, la institución gubernamental con mayor solidez es el ejército. De hecho, ellos mismos argumentan que son la única institución funcional en este momento. (No por nada han sido ellos quienes han determinado quién debe tomar el poder de forma provisional, qué plazos debe haber para formar nuevos gobiernos y promulgar nuevas leyes.) Al igual que en 2011, el derramamiento de sangre al momento de deponer al presidente fue relativamente poco. (A comparación del posterior, como en el motín de Puerto Said, en el que murieron 79 personas.) Y, para cumplir a cabalidad con la definición de Huntington, el ejército había amenazado a Morsi dos días antes.

Pero los militares no son los únicos golpistas en Egipto. Morsi, a su vez, estaba llevando a cabo lo que en Latinoamérica se denominó como “autogolpe”: dañó con tal severidad a las instituciones y a la credibilidad de las otras ramas del gobierno que pudo otorgarse poderes extraordinarios sin supervisión o contrapesos del legislativo o el judicial.

Ahora bien, si en efecto lo ocurrido fue un golpe de Estado, ¿por qué celebraban las masas? ¿Por qué explotaban fuegos artificiales en la plaza de Tahrir? ¿Ocurría lo que decían los militares egipcios? ¿Era una revolución/golpe democrático?

Tanto para Salazar como para José Antonio Aguilar, académico del CIDE enfocado en liberalismo y procesos electorales, y Reynaldo Ortega, especialista en transiciones democráticas de El Colegio de México, la respuesta es no. 3

Para Aguilar se puede hablar de un golpe de Estado con “apoyo popular”, y para Ortega la situación “debería analizarse como parte del proceso revolucionario que ha vivido Egipto desde la primavera árabe”, más que como un evento aislado –un derrocamiento.

Salazar, por su parte, piensa que es imposible hablar de “golpes democráticos”:

No si nos tomamos a la democracia en serio como una forma de gobierno que se traduce, precisamente, en reglas del juego para ordenar el acceso y el ejercicio del poder. La regularidad en el funcionamiento de esas reglas es lo que hace que un proceso político sea democrático.

Sin embargo, hay voces disidentes. Según el profesor de derecho Ozan Varol, en un artículo publicado en el Harvard International Law Journal, sí existe tal cosa como un “golpe democrático”, siempre y cuando se cumplan siete condiciones: 4

1) El golpe va en contra de un régimen autoritario o totalitario; 2) El ejército responde a la oposición popular persistente en contra del régimen; 3) el régimen autoritario o totaltario se niega a abandonar el poder en respuesta al levantamiento popular; 4) el golpe es llevado a cabo por un ejército altamente respetado por la nación; 5) el ejército lleva a cabo el golpe para derrocar al gobierno autoritario o totalitario; 6) el ejército facilita elecciones libres y justas en un período corto; y 7) el golpe termina con una transferencia de poder a líderes electos democráticamente.

Pero, como bien apunta la revista Foreign Policy, tendremos que esperar para saber si las últimas dos condiciones en efecto se llegan a cumplir.

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

1 Entrevista realizada por correo electrónico el 5 de julio de 2013.
2 Traducción de la redacción.
3 Aguilar y Ortega también fueron entrevistados por correo electrónico el 4 de julio de 2013.
4 Traducción de la redacción.

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