z40

La detención de Miguel Ángel Treviño Morales, líder de los Zetas, ha llevado a algunos analistas a predecir una nueva ola de violencia entre carteles, mientras que otros analistas sugieren que los Zetas se han debilitado y que una era violenta ahora termina.

La verdad, claro está, se encuentra en medio de los dos extremos.

La creencia popular sobre la llamada “kingpin strategy” –“estrategia de capos”, la cual implica detener o matar al líder de un grupo violento- es que lleva a un mayor nivel de violencia. Esto sucede cuando las organizaciones se fragmentan y los grupos recién creados pelean entre sí por el control del mercado.

Atacar a los líderes también resulta a veces en mayor violencia, porque la transición puede generar luchas por el poder, lo que se exacerba cuando los líderes de una segunda generación son más violentos que sus antecesores. El ascenso al poder de Treviño es un ejemplo de esto.

Cuando Osiel Cárdenas Guillén, líder del Cártel del Golfo y de los Zetas, fue extraditado a Estados Unidos en 2007, un Treviño más joven y Heriberto Lazcano Lazcano (“El Lazca”) lideraron la lucha por la independencia zeta, y la guerra entre Zetas y el Cártel del Golfo derivó en gran parte de la narcoviolencia mexicana.

Más aún, algunos análisis de datos sugieren que la “estrategia de capos” ha llevado, en general, a mayor violencia en México.

¿Debemos esperar un incremento en el derramamiento de sangre ahora que los Zetas han perdido a un líder tan importante? Esto no queda claro, por las siguientes razones.

En primera, mientras que la violencia entre grupos a veces ocurre después de la pérdida de un líder, también es posible que los Zetas, después de perder a tantas figuras importantes, se enfoquen en mantener el negocio que ya tienen – en oposición a continuar con una expansión violenta. Perder a un líder interrumpe el negocio, y los Zetas han sufrido varios golpes en años recientes. Los fundadores del grupo, veteranos militares, han dejado huecos que no pueden ser llenados tan fácilmente.

En segunda, desde que el nuevo gobierno señaló que continuará con la “estrategia de capos” – aunque sin conferencias de prensa tan publicitadas-, es posible que los nuevos líderes Zetas mantengan un perfil bajo para evitar atraer la atención del gobierno.

Si la desventaja del arresto de un capo es una segunda generación de líderes más violenta, tal vez una consecuencia opuesta a largo plazo será una tercera o cuarta generación más cauta. No deberíamos contener la respiración en espera de este escenario, pero es posible.

También existe cierta evidencia que sugiere que arrestar a los capos, en general, lleva a una disminución en la violencia. Varios estudios nuevos, que utilizan métodos de investigación rigurosos y examinan a grupos violentos alrededor del mundo, han concluido que la estrategia generalmente reduce la violencia y logra que los grupos se desintegren. Estos estudios analizan a grupos terroristas o a guerrillas, que son distintos a las organizaciones criminales, pero tiene sentido que los grupos disminuyan su actividad cuando pierden a un líder.

Finalmente, mi propio análisis de “leadership targeting” –“enfoque en líderes”- en México sugiere que si un líder es detenido, existe la posibilidad de que haya una disminución de violencia en el corto plazo en su área de operación. Cuando se mata a los líderes, sin embargo, no existe dicha reducción.

Así que existen varias razones por las cuales no necesariamente deberíamos esperar matanzas por doquier tras el arresto de un líder zeta. No obstante, el arresto no se traduce solamente en buenas noticias.

Las posibilidades antes discutidas las expreso en términos de posibilidades y probabilidades, pero el contexto importa, y bajo ciertas condiciones, atacar a los líderes sí resulta en un incremento de violencia.

Más importante aún, a pesar del éxito del gobierno en contra de grupos particulares, mientras exista una demanda por productos ilegales habrá grupos que vendan esos bienes. La “estrategia de capos” no puede reducir la demanda de drogas de Estados Unidos, y probablemente no disminuya marcadamente el papel de México en su distribución.

Relacionado a esto, los Zetas y otras organizaciones mexicanas de narcotráfico están expandiendo su negocio de forma internacional, atrincherándose en Centroamérica y ganando espacio en Europa, Australia y más allá.

En suma, la detención de Treviño probablemente no será la mala noticia que algunos esperan. Incluso podría, al corto plazo, disminuir la violencia en algunas áreas. Pero las dinámicas subyacentes del mercado sugieren que la naturaleza fundamental del tráfico de bienes ilícitos no cambiará con la detención de Treviño.

Brian J. Phillips es profesor/investigador de la División de Estudios Internacionales del CIDE.

Te recomendamos: