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El 29 de julio, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL) dio a conocer los más recientes resultados de la medición de pobreza en México. Estos resultados son importantes porque representan las cifras oficiales que sirven de guía para el diseño de políticas públicas y como referencia para la evaluación de las mismas. Los resultados se construyen usando la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, levantada por el INEGI cada dos años. Para hoy, los resultados más sobresalientes han sido ya objeto de múltiples análisis e interpretaciones. Pero, ¿tenemos razones para estar satisfechos con estos resultados?

Cabe hacer notar que la metodología para la medición de la pobreza tuvo un cambio importante en 2008. A partir de entonces se comenzó a medir la pobreza de forma multidimensional, es decir, además de emplear una línea de pobreza y cuantificar el número de personas que viven por debajo de ésta, se analiza también el acceso a seis satisfactores básicos (su ausencia se denomina carencia social). Las mediciones basadas sólo en el ingreso, realizadas hasta 2008, clasificaban las situaciones de pobreza en alimentaria, de capacidades y patrimonial. La nueva metodología clasifica la pobreza en extrema y moderada, y considera pobre a una persona cuando tiene al menos una carencia social y, al mismo tiempo, su ingreso está por debajo de la línea de bienestar en términos de ingreso; si el número de carencias es tres o más, se considera a la persona dentro de pobreza extrema, de lo contrario, se le considera en pobreza moderada.

Oficialmente, la pobreza se redujo entre 2010 y 2012 en menos de un punto porcentual (de 46 a 45.4 por ciento) y, aunque el porcentaje de personas en pobreza extrema también se redujo, el porcentaje de personas en pobreza moderada aumentó (de 35.7 a 36.5 por ciento). Sin embargo, empleando la metodología usada hasta 2008, las cifras señalan un leve incremento en el porcentaje de la población del país que vive en alguna situación de pobreza con respecto a la medición de 2010 (ver Figura 1). El indicador de la pobreza más severa, la pobreza alimentaria, se reporta en un nivel de 19.7 por ciento de la población, nivel similar al de 2008 y no muy distinto al de 1992 (Figura 2). Esto es consistente con el incremento en el porcentaje de personas que viven con un ingreso inferior a la línea de bienestar mínimo de 2008 a 2012 (ver Tabla 1). Es decir, aunque la nueva metodología muestra una ligera reducción de la pobreza desde 2008 (lo corto del horizonte impide ver una tendencia clara), la metodología tradicional confirma un incremento en la pobreza medida sólo por ingresos.

Si bien el enfoque de capacidades ayuda a capturar efectos que quedan fuera del alcance del enfoque exclusivo de ingreso (como por ejemplo, bienes producidos dentro del hogar o bienes públicos), el que la cifra oficial de pobreza haya disminuido aún con un aumento en el porcentaje de la población que vive por debajo de la línea de bienestar mínimo se explica en parte por el peso que se le da a las variables de carencia en la nueva metodología. No quiere decir que la nueva metodología busque ocultar algo, o que la metodología anterior esté equivocada. Simplemente son distintas y ponderan las variables de forma distinta. Sin embargo, en lo que ambas metodologías coinciden es en confirmar el grave deterioro en el ingreso de la población de 2006 a 2012.

Considero que es un error afirmar que las estrategias de combate a la pobreza han fracasado. Si bien es cierto que la pobreza no se ha reducido sustancialmente, lo que no podemos saber es qué hubiera sucedido sin dichas acciones de política pública. En cambio, las evaluaciones a programas como el Oportunidades sugieren que existen efectos positivos en la calidad de vida de la población en situación de pobreza. Quizás su alcance no es suficiente para observar una reducción en los niveles de pobreza por la naturaleza más estructural del problema, pero sin ellos, coyunturas como la subida en el precio de los alimentos de 2007 o la crisis financiera de 2009 hubieran tenido consecuencias aún más graves.

Lo que es cierto es que el diseño y la implementación de políticas públicas carecen de un diagnóstico claro de la naturaleza de los problemas sociales del país, incluida la pobreza. Los datos agregados a veces enmascaran otras expresiones de la pobreza, que definen las múltiples aristas del problema: el porcentaje de personas de etnias indígenas clasificadas como extremadamente pobres es casi el triple que el promedio nacional (26.6 y 8.9 por ciento, respectivamente). La población rural sigue siendo considerablemente más pobre que la urbana (19.1 por ciento de la población rural y 5.8 de la población urbana son catalogados como pobres extremos). Y aunque oficialmente la pobreza se redujo, la pobreza a nivel estatal es muy diversa: las cifras oficiales señalan una reducción de la pobreza entre 2008 y 2012 de casi 15 por ciento en Coahuila y de alrededor de 7 por ciento en Tabasco y Morelos, pero un incremento de 41 por ciento en Baja California Sur, de 24 por ciento en Colima y de 16 por ciento en Baja California. Por otra parte, desde la perspectiva de carencias, los estados con mayores carencias sociales promedio tienen muy distintos niveles de pobreza, es decir, muy distintas proporciones de personas que viven por debajo de la línea de bienestar.

Los resultados de la medición de la pobreza son tan preocupantes como lo eran a principios de la década de los 90 y desafortunadamente la retórica parece ser la misma. Que los pobres no quieren dádivas sino trabajo, que México es un país rico con gente pobre, que las reformas de gran calado generarán el crecimiento económico que provocará la reducción de la pobreza casi en automático. Durante años se han tomado decisiones basadas en premisas mal fundamentadas y en experiencias internacionales poco comparables, sin tener idea de qué esperar. Un combate decidido a la pobreza pasa por presentar claramente una estrategia de acción y por explicar con precisión los mecanismos por medio de los cuales las acciones surtirán efecto. El otro camino es seguir haciendo lo de siempre: tomar recetas, ver al pobre como un rico enfermo al que tarde o temprano se le va a quitar lo pobre, y concebir a la pobreza como una situación de la cual a la gente se le puede evacuar en helicóptero. Todo con la comodidad de saber que la pobreza es problema de todos, pero los pobres son ustedes.

Irvin Rojas es economista.

Figura 1

Figura 1

Figura 2

Figura 2

Tabla 1

Cifras oficiales de pobreza

2008

2010

2012

Porcentaje de personas consideradas pobres

44.33

46.01

45.37

   de las cuales, en pobreza moderada:

33.70

35.66

36.50

   de las cuales, en pobreza extrema:

10.63

10.36

8.88

Porcentaje de personas con al menos una carencia social

76.56

73.97

73.84

Porcentaje de personas con tres o más carencias sociales

30.75

26.08

21.68

Porcentaje de personas con ingreso por debajo de la línea de bienestar mínimo

16.75

19.40

20.04

Fuente: CONEVAL

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