GGM6Cuando terminé de leer la biografía de Gerald Martin, en realidad cuando iba por la mitad, pensé que estaba leyendo lo más parecido a la trama de una  novela de Gabriel García Márquez. Contraje entonces  el  deseo de hacer con este libro lo que Borges sugería hacer con las ideas de libros extensos  que acudían a la imaginación: suponer que estaban escritos y escribir un resumen.El resumen de la gran biografía de Martin  tendría que ser  un ejercicio en  el arte mayor de mirar la realidad que  inventó el propio García Márquez y que ha tomado carta de naturaleza en la literatura mundial con la  engañosa etiqueta de realismo mágico.
Me disgusta la etiqueta porque a poco de mirar con detenimiento el arte literario de García Márquez, se descubre que no hay ahí magia, en el sentido de un mundo paralelo de fantasía o de relación fetichista con lo sagrado, ni realismo, en el sentido de una consignación verosímil de historias y personajes que parecen salidos de la vida cotidiana.
Lo que hay es el milagro de un lenguaje decantado hasta la transparencia, cuya precisión linda con la taxonomía, cuyas reverberaciones  tienen la fuerza de la intuición poética y cuyo “humor olímpico” (John Updike) transmite una visión trágica y desordenada de la vida, una visión la vez prosaica y sutil, alegre, melancólica y  luminosa.
El abuelo del personaje central de este libro es un coronel que  pierde una guerra luego de pelearla, entre otros, contra dos de sus hijos ilegítimos, uno de los cuales muere en ella. Casa con su prima hermana, mata al hijo de su amante, tiene como oficio familiar la orfebrería y muere a resultas de una caída cuando trata de bajar un loro prófugo de un árbol del patio de su casa.
El padre del personaje central es un don juan itinerante, que embauca pueblos  y mujeres con pócimas homeopáticas de su invención, es acusado de violación dos veces y deplora la proclividad de su hijo mayor a inventar y magnificar, tanto que considera  seriamente la posibilidad de trepanarle el cráneo en el lugar “donde se ubican conciencia y memoria”, para reformarlo.
El personaje central de la biografía nace en un pueblo perdido de la costa colombiana, conoce a su madre a los siete años, tiene aterrorizados a sus compañeros de internado  con sus sueños y alaridos nocturnos,  recibe el don de la lengua pero no el de la ortografía, decide casarse con la mujer de su vida el día que la ve, todavía niña, por primera vez,  pasa hambre y llega a pedir limosna,  tiene la convicción de ser un escritor fracasado justo en los meses previos a la aparición en su cabeza de una novela que diecisiete años después de publicada lo hace Premio Nobel de literatura, y cincuenta años después de publicada  le otorga la confirmación de sus pares como el escritor de lengua española más celebrado y reconocido del sigloXX, comparable sólo a Cervantes, aunque no sabe escribir diálogos.
Cómo sucedió todo eso es la historia que cuenta Gerald Martin en su imponente biografía, de más de seiscientas páginas, a su vez un resumen de la de tres mil páginas que el propio Martin lleva escritas  luego de dieciocho años de lidiar con ella como quien lidia con Moby Dick.
Martin ha sido criticado por gozar más que  por padecer a su ballena y por haber llegado a la conclusión de que su biografiado no sólo le cae bien sino que es en efecto un hombre extraordinario, dueño de una vida extraordinaria y de una obra  extraordinaria, sin paralelo entre las de sus contemporáneos.
Desde luego no ha incurrido en el tipo de visión crítica   de  biografías como la de Ray Monk sobre Bertrand Russell,  libro donde puede leerse que Russell “hacía y decía cosas  de una crueldad monstruosa”, “devastaba las vidas de quienes caían bajo su órbita”, era un “hombre perturbado,   literalmente homicida en sus impulsos”, “consumía a sus amantes con sus obsesiones” y, para colmo, “sufría por temporadas de mal aliento e impotencia”. Martin tampoco ha descendido a las profundidades de Harvey Sachs, el  biógrafo de Arthur Rubinstein, según el cual Rubinstein era “un  mujeriego intolerable”, que había pasado “la tarde de su noche de bodas con otra mujer” y cuya vanidad era  tan desmesurada que  “temeroso de que lo oyeran roncar o tirarse pedos, evitaba siempre dormir con sus amantes”.
No hay este tipo de revelaciones críticas en la biografía de Gerald Martin, apartado lo cual no sé exactamente lo que se quiere decir cuando se habla de esta biografía como complaciente o poco crítica. Mejor dicho, no sé cuánta más información crítica hace falta para conocer de verdad a Gabriel García Márquez. Lo que sé es que leyendo esta biografía  el lector sabrá todo lo que hay que saber para hacerse una idea clara, meticulosa, conmovedora, por momentos trágica, del escritor y del hombre que llevan ese nombre, y que saldrá del libro como quien sale de una larga lección de vida, no de una hagiografía, ni de una diatriba, sino de la reconstrucción del trayecto, en muchos aspectos increíble, de uno de los escritores  más exitosos del siglo XX en cuyo fondo, sin embargo, en medio de las abundancias de una vida pródiga, vivida a carretadas, se asoman las sombras  de la desesperanza , el rostro melancólico del conocimiento, las huellas de la pérdida, la desilusión, la impotencia, la vejez y la muerte.
Creo que Gerald Martin ha hecho un flaco favor a su biografía  al ofrecerla, con una sonrisa de inteligencia y de complicidad mal entendida, como una biografía no oficial, pero sí “tolerada”, implicando con eso una cierta bendición del biografiado por ser un biógrafo amigable, más que crítico con él.
La postura asumida por Martin en relación con esto es un error, porque  no hace justicia a su esfuerzo. En ningún libro o crítica que yo haya leído hay siquiera una aproximación a tantas zonas débiles, ambiguas o simplemente erráticas de Gabriel García Márquez como en esta biografía. Con una diferencia capital: la exhibición de esos altibajos de no es aquí la consecuencia de  juicios  morales, políticos o ideológicos sobre lo que García Márquez hizo o dejó de hacer, sino la recreación documentada de hechos reales cuya  veracidad apenas  puede discutirse.
Se dice con frecuencia como insinuación de cierta debilidad moral, que García Márquez es un hombre fascinado por el poder, en particular por Fidel Castro.
Creo que Gerald Martin explora con singular sensibilidad este tema en la obra y la vida de García Márquez y rastrea con precisión los cruces entre una y otra. desde el mirador correcto, desde lo mejor que hay en ellas, lo verdaderamente único, perdurable y valioso que las rige, a saber, la calidad de la obra literaria  resultante.
Pocos autores habrán  explorado tan a fondo y con mayor solvencia artística, la desmesura, la erótica y la  frialdad del poder como Gabriel García Márquez. A la vista de los resultados, puede decirse  que  su fascinación por el poder no es una de las debilidades sino una de las fortalezas de su obra.
Digamos, al pasar, que el poder mayor de todos los   que García Márquez ha tenido o frecuentado a lo largo de la vida es su máquina de escribir, el poder de la escritura, que ningún poderoso le ha dado ni puede darle, el poder de persuasión arrebatador que viene de su oficio.
El hecho es que uno puede escoger muchos miradores desde donde leer la vida de García Márquez.  Puede escoger  el mirador de la política  o del periodismo, del amor o del poder, de la mitología o de la historia, de la intimidad o de la fama, de la soberbia o de la timidez. Todo eso está en García Márquez en dosis suficientes para justificar un acercamiento específico.
Martin  ha escogido, creo yo, la opción más sensata y la más inteligente, la dimensión que incluye, transfigura  y sobrevive ya a todas las otras: la dimensión literaria, la fascinación que ha anidado en millones de lectores y que trasmina felizmente a la biografía de Gerald Martin, libro capaz de mostrar  una cosa tan simple y decisiva como que la vida de este autor es digna de su obra y su obra, digna de su vida.

Héctor Aguilar Camín. Historiador, escritor y periodista.

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