Foto; Roosewelt Pinheiro

Foto: Roosewelt Pinheiro

Haití el primer país independiente de América Latina y el más pobre, conoce de desastres. Entre conflictos políticos, la pobreza extrema de un país con recursos naturales agotados, y numerosas tormentas tropicales, Haití y su gente, han aguantado. El temblor de ayer, de 7.0 grados en la escala de Richter, termina por agregar las dificultades de un país que de por sí es sumamente vulnerable. El temblor, superficial y violento, aparentemente aplanó Puerto Príncipe la capital de Haití, que tiene 2 millones de habitantes.

El temblor que aplanó tanto suburbios ricos como prominentes barriadas, esta mañana evoca una cita del escritor italiano Ignazio Silone “En un temblor, todos mueren: ricos y pobres, educados y analfabetas, autoridades y el pueblo. Un temblor logra lo que palabras y leyes prometen pero nunca cumplen: la igualdad de todos. Pero es una igualdad efímera, pues cuando el miedo había acabado; el infortunio colectivo se convirtió en una oportunidad para injusticias más grandes”.

Silone, vivió el temblor de 1915 que derrumbó al pueblo de Pescina, Italia. El pasado abril, el New York Times publicó un editorial, llamado, “Temblor en Puerta”, comparando el temblor de 2009 en L’Aquila con el de 1915, analizando cómo estos desastres impactan en la vida de los sobrevivientes y en las poblaciones durante décadas. El temblor de Puerto Príncipe es un evento que se da una vez en la vida, y que resalta  la vulnerabilidad y la desigualdad que enfrentan los centros urbanos alrededor del mundo. A parte de ser centros económicos, sociales y culturales, las ciudades con frecuencia son espacios de desigualdad en términos ambientales y de recursos económicos. La naturaleza misma del proceso de urbanización contribuye a la vulnerabilidad de las comunidades, creando una relación frágil entre el medio ambiente y las personas. En los crecientes asentamientos irregulares localizados en la periferia de las ciudades de economías en transición, la resilencia es baja, ya que sus habitantes están obligados a adaptarse continuamente a impactos negativos que están fuera de su control.

La respuesta al temblor de ayer en Haití, tiene que reconocer, que la reconstrucción de Puerto Príncipe debe incrementar la capacidad de las comunidades y de los individuos para reaccionar frente a fuerzas externas que afectan su bienestar. La reconstrucción es una oportunidad para planear para el futuro, y una buena política de reconstrucción debe ser incluyente, basada en la equidad, y al mismo tiempo lograr mayor sustentabilidad y desarrollo en el largo plazo. Las agencias internacionales de desarrollo, trabajando en conjunto con el gobierno de Haití, necesitan de manera inmediata involucrara las comunidades para establecer mejores prácticas de construcción, y crear un sentido de apropiación a partir de la incorporación de perspectivas y conocimiento locales.

Kristina Katich. Maestra en Política y Planeación Ambiental por MIT

Haití el primer país independiente de América Latina, el más pobre, y conoce de desastres. Entre conflictos políticos, la pobreza extrema de un país con recursos naturales agotados, y numerosas tormentas tropicales, Haíti y su gente, han aguantado. El temblor de ayer, de 7.0 grados en la escala de Richter, termina por agregar las dificultaed de un país que de por sí es sumamente vulnerable. El temblor, superficial y violento, aparentemente aplanó Puerto Príncipe la capital de Haití, que tiene 2 millones de habitantes.

El temblor aplanó tanto suburbios ricos como muy visibles barriadas, esta mañana, evoca una cita del escritor italiano Ignazio Silone “En un temblor, todos mueren: ricos y pobres, educado y analfabetas, autoridades y el pueblo. Un temblor logra lo que palabras y leyes prometen pero nunca cumplen: la igualdad de todos. Pero es una igualdad es efímera, pues cuando el miedo había acabado; la infortunia colectiva se conviertió en una oportunidad para injusticias más grandes”.

Silone, vivió el temblor de 1915 que derrumbó al pueblo de Pescina, Italia. El pasado abril, el New York Times publicó un editorial, llamado, “Temblor en Puerta”, comparando el temblor de 2009 en L’Aquila con el de 1915, analizando cómo esos desastres impactan en la vida de los sobrevivientes y en las poblaciones, durante décadas. El temblor de Puerto Príncipe es un evento que se da una vez en la vida, y que resalta la vulnerabilidad y la desiguladad que enfrentan los centros urbanos alrededor del mundo. A parte de ser centros económicos, sociales y culturales, las ciudades con frecuencia son espacios de desigualdad en términos ambientales y de recursos económicos. La naturaleza misma del proceso de urbanización contribuye a la vulnerabilidad de las comunidades, creando una relación frágil entre el medio ambiente y las personas. En los expansivos asentamientos irreguales localizados en la periferia de las ciudades de economías en transición, la resilencia es baja, ya que sus habitantes están obligados a adaptarse continuamente a impactos negativos que están fuera de su control.

L respuesta al temblor de ayer en Haití, tiene que reconocer, que la reconstrucción de Puerto Príncipe debe incrementar la capacidad de las comunidades y de los individuos para reaccionar frente a fuerzas externas que afectan su bienestar. La reconstrucción es una oportunidad para planear para el futuro, y una buena política de reconstrucción debe ser incluyente, basada en la equidad, y al mismo tiempo lograr mayor sustentabilidad y desarrollo en el largo plazo. Las agencias internacionales de desarrollo, trabajando en conjunto con el gobierno de Haití, necesitan de manera inmedaita involucrara las comunidades para establecer mejores prácticas de construcción, y crear un sentido de apropiación a partir de la incorporacion de perspectivas y conocimiento local.

Kristina Katich. Consultora en reducción de riesgos del Banco Mundial.

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