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A media noche del primero de octubre, y por primera vez en 17 años, el gobierno de Estados Unidos entró en “shutdown”, una especie de paro generalizado. Los servicios no esenciales del gobierno dejaron de funcionar, mientras que otros se mantienen en pie hasta que se les termine el dinero u operan con una estructura muy básica.

El “shutdown” es un mecanismo que entra en función cuando el ejercicio fiscal estadounidense termina, lo que ocurre cada 30 de septiembre, y el congreso –diputados y senadores– no logra ponerse de acuerdo en cómo financiar el gasto del siguiente año.

El proceso del presupuesto inicia desde febrero, cuando el presidente de Estados Unidos envía una propuesta al congreso. De ahí, el documento es canalizado a los comités encargados de la materia, tanto en diputados como en senadores. Ellos establecen la hoja de ruta a seguir en la discusión y el tope de gastos anual. Una vez que se acuerda esto, 24 subcomisiones (12 en cada cámara) presentan dictámenes de cómo repartir el gasto en su área correspondiente. Por ejemplo: cuánto dinero se va a gastar en seguridad, cuánto en transporte y así en los demás rubros. Este año, el problema principal es la entrada en vigor del “Patient Protection and Affordable Care Act” (ACA), el nuevo sistema de salud implementado por Barack Obama.

El proceso y la discusión duran de mayo a septiembre, cuando el presupuesto de ingresos debe ser aprobado. A veces, como en esta ocasión, no se llega a un acuerdo. De hecho, desde 1977, el gobierno estadounidense ha entrado en “shutdown” 17 veces. En general, los “shutdowns” duran entre 1 y 3 días, aunque en ocasiones, como la última, duran mucho más. Esto fue entre 1995 y 1996, cuando la falta de un acuerdo entre Bill Clinton y el congreso detuvo al gobierno 21 días. Al igual que ahora, la discusión tuvo que ver primordialmente con el manejo de salud pública del país.

Hoy el problema principal es que la cámara baja del congreso –los diputados– está controlada por los republicanos, y ellos no están de acuerdo en aprobar el gasto para que la nueva política de seguridad social, el ACA (conocido también, tanto en connotación positiva y negativa como “Obamacare”), entre en vigor. El ACA, cuya constitucionalidad fue discutida en la Corte Suprema el año pasado, es un estatuto federal que busca reducir el costo de los seguros médicos y ampliar la cobertura a aquellos que no la tienen, entre otras cosas.

El problema reside en que el ACA obliga a las personas a adquirir un tipo de seguro médico (44 millones de estadounidenses carecen de él), o de lo contrario serán multadas. Si uno decide no adquirirlo, el gobierno cobra una especie de impuesto (depende de cómo se quiera ver) de 95 dólares. Para varios grupos conservadores (incluyendo republicanos), esto infringe en su libertad individual de decidir qué hacer con su cobertura de salud. (Si yo me quiero morir por falta de tratamiento, es mi derecho constitucional.)

Por ello, la mayoría republicana, y algunos demócratas (que parecen republicanos), tienen detenido el presupuesto: no quieren iniciar el proceso que los lleve a gastar en algo en lo que no están de acuerdo. Así de sencillo. (La Redacción no dice que esté bien.)

Una última cosa: el “shutdown” no es lo mismo que la crisis del techo fiscal, que vimos en 2011, y que con gran certeza volverá a ocurrir en un par de semanas, cuando se vuelva a discutir en el congreso.

En ese caso, el congreso debe decidir cuánta deuda puede permitir cada año. La última crisis ocurrió cuando el Tea Party (la minoría radical) subyugó a la mayoría republicana. Para los republicanos, endeudarse iba en contra de sus valores, pues para ellos la solución a los problemas económicos del país era recortar gasto, no aumentarlo.

Una crisis del techo de deuda implicaría que el gobierno estadounidense dejaría de pagar a sus acreedores, lo cual generaría otro tipo de problemas, los cuales incluyen degradar la calificación crediticia del país.

Con información de aquí, aquí y aquí.

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

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