Pablo_Escobar_Presidente

A 20 años de la muerte de Pablo Escobar, posiblemente el narcotraficante más infame de la historia, presentamos un aspecto distinto, el social.

A continuación, una selección de subrayados de La parábola de Pablo, de Alonso Salazar (Planeta, 2001).

En la celebración de la Navidad de 1977 se notó como nunca la bonanza de la familia Escobar Gaviria [...] Pablo quería que todos su amigos y vecinos gozaran de su riqueza. Por eso, esa noche también dio algunas ayudas de las que sus vecinos pedían con mayor frecuencia para salir de situaciones difíciles: para la cirugía de una niña, para pagar la hipoteca de la casa, para el estudio… Él colaboraba con generosidad. [p. 62]

 

En el caso de Pablo hay algo que debemos anotar: no se trataba sólo de un narco que botara plata. Trató de construir un discurso social y organizó cerca de cien comités a los que les brindaba materiales y asesoría técnica para proyectos comunitarios. Palabras como ecología, participación, autogestión, novedosas para los líderes de aquellos tiempos, aparecían mezcladas en sus discursos con un populismo y una exaltación desmedida de su personialidad. [p.78]

 

En sus recorridos, Pablo conoció el barrio Moravia, cuya gente estaría desde entonces indisolublemente ligada a su vida. Por una estrecha vía ascendió en círculos hasta la cima de un cerro formado de las basuras de la ciudad. Al llegar miró con asombro la estampa viva de una sociedad indolente [...] Unos días después las viviendas miserables de Moravia se incendiaron y los que no tenían nada que perder lo perdieron todo. “Nos vamos para allá”, ordenó Pablo al enterarse de la noticia. Y de inmediato apoyó con materiales la reconstrucción de los ranchos, además prometió que les construiría viviendas y traería dignidad para sus vidas. [p. 79]

 

Pablo aprovechó su estadía en Medellín para instruir a su madre sobre el proceder con las casas que estaba construyendo para los habitantes del barrio Moravia. Doña Hermilda se reunió con la comunidad: “Pablo, para evitar que el gobierno se quede con las casas, pide que a toda costa, con los sacrificios que sean, que se vayan para las casitas, aunque algunas no estén terminadas”. Las casas se asignaron en estricto orden. Empezando por quienes vivían en la cima del cerro de basuras. Una romería de gentes salió en carretillas, en algunos camiones y a pie hacia la parte alta del barrio La Milagrosa. [p. 129]

 

“No quiero que maten a gente humilde”, había dicho en reiteradas ocasiones. [p. 202]

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