obama

Esta semana, The New Yorker publicó un extenso y muy interesante perfil sobre Barack Obama. El texto, escrito por David Remnick, editor de la revista, hace un balance de la presidencia de Obama tras la relección en 2012 y durante el que para los críticos ha sido su peor año, 2013.

A continuación presentamos los extractos más relevantes de este gran retrato del presidente de Estados Unidos.

2013 – El Annus Horribilis

Los comentócratas declaraban 2013 como el peor año de su presidencia. Los republicanos le disparaban a Obamacare [nombre con el que se le conoce a la reforma de salud] desde que fue aprobada, casi cuatro años antes, y healthcare.gov, el sitio web cuyas pruebas fueron insuficientes y que resultó superado [por el número de visitantes], fue un regalo para ellos. Existían otros regalos bajo el árbol: las revelaciones de Edward Snowden sobre la Agencia de Seguridad Nacional (NSA); el fracaso en aprobar cualquier cosa respecto al control de armas o la reforma migratoria; el cantinfleo sobre si el golpe de Estado en Egipto fue un golpe; la opinión solidificada en Washington de que el presidente estaba “desenganchado”, con alergia a las seductoras y forenses artes de la persuasión política. Los republicanos en el congreso destruyeron casi toda la legislación como cuestión de principio, y detuvieron al gobierno durante 16 días, antes de ceder por pura confusión táctica y vergüenza –y aun así fueron las miserias del presidente las que dominaron el resumen de fin de año […]

Dan Pfeiffer, uno de los principales asesores del presidente, piensa que la relección “liberó” a Obama. El segundo discurso inaugural fue el más liberal desde la década de los sesenta. Obama prometió tomar medidas ambiciosas sobre el cambio climático, inmigración, control de armas, derechos electorales, infraestructura y la reforma hacendaria. Advirtió sobre una nación en “guerra perpetua”… Pero después vino 2013, el annus horribilis.

Reforma Migratoria

En el Centro Ong [un espacio comunitario en San Francisco], un migrante indocumentado de Corea del Sur llamado Ju Hong estaba en la multitud formada detrás del presidente. Hacia el final del discurso de Obama, Ju Hong, graduado de la Universidad de California en Berkeley, interrumpió y pidió que el presidente usara su poder ejecutivo para frenar las deportaciones.

Obama dio la vuelta. “Si, de hecho, pudiera resolver todos estos problemas sin aprobar leyes en el congreso, entonces lo haría, pero también somos un país de leyes”, dijo. […]

A Obama le quedan tres años, pero no es difícil pensar en él como un político con un sentido agudo del tiempo, un político que busca maneras de ampliar su legado sin el beneficio de cualquier apoyo del congreso. El informe de gobierno de la próxima semana [el martes 28] será un catálogo de las cosas que espera, una reanudación del segundo discurso inaugural, con énfasis añadido en el tema de la desigualdad. Pero Obama sabe que cualquier reforma importante –con la posible excepción de la migratoria- es difícil. Así que hay en él algo de ambición reducida, un sentimiento de que antes de que la comentocracia comience a llamarlo un peso muerto, él pasará mucho tiempo empujando una agenda que será resuelta sólo después de que se retire a la vida de un escritor  y expresidente.

Drogas

Cuando le pregunté a Obama sobre otra área en la que ha cambiado la opinión pública –la legalización de la marihuana- parecía que tenía todavía menos interés en cambiar el mensaje y ponerse en frente del tema. “Como ha sido bien documentado, fumé mota cuando era niño, y lo veo como un mal hábito y un vicio, no muy distinto a los cigarros que fumé desde joven y durante un gran pedazo de mi vida adulta. No creo que sea más peligrosa que el alcohol”.

¿Es menos peligrosa?, le pregunté.

Obama se hizo un poco para atrás y dejó que pasara un momento. Ésa es una de sus jugadas. Cuando lo entrevistan, en particular para un medio impreso, tiene el hábito de detenerse, y el resultado es un carrete de lucidez cautelosa. Habla en párrafos y con momentos de revisión. A veces se detiene a la mitad de una oración y dice “borra eso”, o “creo que la sintaxis es confusa en esa oración, así que déjame empezar de nuevo”.

Menos peligrosa, dijo, “en términos de su impacto en el consumidor individual. No es algo que fomente, y le he dicho a mis hijas que creo que es una mala idea, un desperdicio de tiempo, algo no muy sano”. Lo que sí le molesta es la desproporción radical en arrestos y encarcelamiento por marihuana entre las minorías.

“Los niños de clase media no son encerrados por fumar mota, pero los pobres sí”, dijo. “Y los niños afroamericanos y los niños latinos tienen mayor posibilidad de ser pobres y menor posibilidad de tener los recursos y el apoyo para evitar penas excesivamente punitivas”.

Pero, dijo, “no deberíamos estar encerrando a niños o consumidores individuales por períodos largos de tiempo cuando algunas de las personas que escriben esas leyes probablemente han hecho lo mismo”. Por ello, dijo sobre la legalización de la marihuana en Colorado y Washington que “es importante que avance porque es importante para la sociedad no tener una situación en la que una gran parte de la gente haya roto la ley y sólo un grupo selecto haya sido castigado”.

Como es su costumbre, ágilmente dio los argumentos del otro lado. “Una vez dicho esto, aquellos que argumentan que la legislación de la mariguana es una panacea y resuelve todos estos problemas sociales probablemente exageren su posición. Hay muchas aristas en esta política pública. Y el experimento que va a ocurrir en Colorado y Washington va a ser, creo, un desafío”. Mencionó los argumentos estilo “bola de nieve” que podrían surgir. “También creo que, en el caso de las drogas más duras, el daño al usuario es profundo y el costo social es profundo. Y entonces comienzas a entrar en dificultades para marcar la raya. Si la marihuana se legaliza completamente y en algún momento las personas dicen Bueno, podemos encontrar una dosis negociada de cocaína que podamos mostrar no es más dañina que el vodka, ¿estamos abiertos a eso? Si alguien dice Tenemos una dosis calibrada de metanfetaminas que no te va a matar o a pudrir los dientes, ¿estamos de acuerdo con eso?”.

Decretos presidenciales

Aunque Obama ha hecho enojar a la derecha con decretos relativamente modestos sobre el control de armas y algunos más fuertes sobre el cambio climático, es el presidente que menos decretos ha emitido, salvo George H. W. Bush.

Retrato y autorretrato

Obama tiene todo el derecho a adjudicarse una larga lista de victorias desde que asumió la presidencia: puso fin a dos guerras; hubo un rescate económico, sin importar cuán imperfecto; nominaciones fuertes a la Suprema Corte; ningún escándalo mayúsculo; apoyo esencial a un avance de época en los derechos civiles de los gays y las lesbianas; más decretos progresistas sobre el cambio climático, el control de armas y el fin de la tortura; y sí, la reforma de salud. Pero, sin importar la posición política de cada quién, y sin contar cuánto peso le da uno a los argumentos de sus críticos, por partido y por principio, uno debe preguntarse sobre la capacidad de cualquier presidente para tomar estas decisiones entre miles de incertidumbres, muchas de las cuales son cuestiones de vida o muerte, de sobrevivencia o extinción.

“Tengo fortalezas y debilidades, como cualquier presidente, como cualquier persona”, dijo Obama. “Creo que una de mis fortalezas es mi carácter. Estoy cómodo con la complejidad, y creo que soy bueno en mantener mi brújula moral al mismo tiempo que reconozco que soy producto del pecado original. Y cada mañana y cada noche pondero mis acciones frente a las opciones y las posibilidades que tengo a mi disposición, con el entendimiento de que habrá errores que cometeré y que cometerá mi equipo y que cometerá el país; con el entendimiento de que habrá límites al bien que podemos hacer y el mal que podemos prevenir, y que habrá tragedia y que, por ocupar este puesto, ocasionalmente soy parte de esa tragedia, pero estoy haciendo lo mejor posible y baso mis decisiones en los valores e ideales con los que crecí y que creo que son bastante consistentes con los de la mayoría de los estadunidenses; creo que al final del día las cosas estarán mejor que peor”.

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