Foto: Jami Dwyer

Foto: Jami Dwyer

El Estado Vaticano  a través de sus representantes en el territorio nacional  no sólo se ha manifestado en contra de muchas reformas legislativas que contravienen a sus intereses ideológico – religiosos, sino que también  ha sido muy cuidadoso de realizar sus propias reformas jurídicas en persecución de éstos intereses. Tal es el caso de la jurisdicción divina.

La pareja del gobernador del Estado de México, Angélica Rivera,  logró invalidar su matrimonio anterior argumentando que el sacramento se realizó en una playa y no en un templo. Así que todos los que se han casado por el rito católico en lugares distintos a los templos, pueden reprocharle o agradecerle a Peña Nieto, según sea el caso, la invalidación de su matrimonio ante dios.

Si el negocio lo amerita, la Arquidiócesis de México puede invalidar matrimonios reformando la ley divina que dicta que lo que dios ha unido, no puede separarlo el hombre. Los jerarcas de la iglesia  pasan por encima de la omnipresencia de su propio dios, que no aplica en la playas, para  robustecer sus arcas y su poder.

El negocio es claro: En un país de 75 millones de católicos, la boda por la iglesia de un aspirante a la presidencia resulta crucial para  generar empatía con la mayoría de sus posibles electores. Para montar el numerito,  fue  necesario invalidar un matrimonio previo: el de Angélica Rivera y el “ Güero” Castro. La iglesia sabe que el precandidato presidencial le debe un favor, lo cobrará exigiendo mantener la hegemonía de su iglesia en México y asegurando su lugar privilegiado en la toma de decisiones políticas para el próximo sexenio. El negocio se cerró públicamente, en la reciente visita del precandidato y la actriz al Vaticano, anunciando su próxima boda y recibiendo la bendición papal.

La laicidad del Estado tiene como principio fundamental el respecto irrestricto a  las diferentes formas de pensamiento, cultura  y religión, que se refleja necesariamente en la  diversidad política. Esta diversidad  claramente no es  conveniente ni para Peña Nieto ni para los titulares del monopolio eclesiástico en México.

Si  funciona el negocio, el candidato apoyado por la iglesia llegará a la presidencia y la laicidad del Estado se debilitará aún más. Los pronósticos no son nada alentadores para los que estamos a favor del respeto a la diversidad, los que aspiramos a vivir en un país comprometido con la libertad y la seguridad jurídica. Sabemos ya, que tanto para Peña Nieto como para la iglesia católica todas las leyes son negociables, incluyendo las divinas.

Paola Zavala Saeb. Abogada

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