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El 6 de diciembre pasado, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), publicó un documento a nombre de su director ejecutivo, Yuri Fedotov.

(El documento puede ser consultado en esta liga.)

Con el seductor título “Contribución del Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito al análisis de alto nivel de la implementación de la declaración política y el plan de acción de cooperación internacional hacia una estrategia integral y balanceada para enfrentar el problema mundial de drogas, que será llevado a cabo por la Comisión de Drogas y Narcóticos en 2014”, el texto propuso un enfoque radicalmente distinto al avanzado por la ONU en el tema de las drogas: la posibilidad de despenalizar el consumo.

En una reunión en 2009, los miembros de la ONUDD acordaron que en 2019 reducirían “de forma significativa” el cultivo ilícito de opio, coca y cannabis, así como la demanda y producción ilícitas. También harían esfuerzos por disminuir el lavado de dinero asociado a estas actividades.

Los miembros acordaron reunirse a la mitad del camino (marzo de 2014 en Viena) para evaluar la implementación de estos (vagos) objetivos. El documento es la hoja de ruta que se siguió en la discusión de estos días sobre uso y abuso de drogas.

Entre otras cosas, la ONUDD afirma lo siguiente en el documento:

-La producción de cocaína disminuyó 26% entre 2007 y 2012, y el consumo en el mercado más grande, Estados Unidos, disminuyó 35% en el período 2007-2011. En Europa, durante el mismo lapso, se estancó.

-El mercado más lucrativo para la heroína, Europa Central y Europa Occidental, vio cómo el número de consumidores de esta droga se redujo de 1.4 millones en 2007 a 1.1 en 2011.

Sin embargo, en ambos casos, la reducción en ambos mercados viene apalancada a un incremento en los demás: Sudamérica, Oceanía, África y Asia aumentaron el consumo de cocaína, mientras que Europa del Este mantuvo niveles altos de “abuso”. (Ambos reveses son mencionados de forma un tanto escondida.) En el texto puede entenderse que los mercados no disminuyen, sólo se reubican.

También subraya que los países en donde hay control de jeringas han experimentado una disminución en casos de VIH, y que existe información para suponer que el cultivo de cannabis ha nivel mundial ha disminuido.

Pero, a pesar de los números alentadores con los que inicia el informe, el optimismo comienza a desvanecerse con el avance de las páginas. El número de consumidores a nivel mundial permanece estable: un 5% de la población entre 15 años y 64 años consume algún tipo de droga ilícita. En total, de acuerdo con la ONUDD, 27 millones de personas tienen “problemas” de abuso de drogas, y 14 millones son usuarios de drogas a través de agujas. De estos 14 millones, la mitad padecen de hepatitis C. 210,000 personas, se estima, mueren por causas relacionadas a las drogas cada año.

Más aún, el cultivo de amapola, después de haber disminuido casi 20% entre 2009 y 2012, ha regresado a sus niveles previos. Y, todavía más preocupante, según la ONUDD, es que el consumo de drogas sintéticas continúa aumentando (aunque no da números específicos), y que la producción casera de marihuana, a partir de los adelantos tecnológicos y biológicos, permite que se convierta en una droga “más peligrosa”, que puede incluso llevar a que sus consumidores necesiten tratamiento por “abuso”.

Por ello, la ONUDD propuso varias “reflexiones” a partir de los datos en el documento, entre las cuales destaca la posibilidad de despenalizar el consumo.

En el inciso d del punto 52, la ONUDD propone lo siguiente:

“Diferenciar entre temas criminales y de salud pública, en los que los esfuerzos de justicia penal se enfoquen en el lado delincuencial del tráfico de drogas y los enfoques de salud pública en medidas apoyadas en evidencia para prevenir y tratar a las personas con desórdenes de consumo de drogas, pensando en los usuarios como pacientes que son tratados por una enfermedad crónica y no como criminales. El encarcelamiento de las personas por uso de drogas aumenta su vulnerabilidad a otros desórdenes de uso y varias condiciones de salud, entre ellas VIH, tuberculosis y hepatitis viral. Un enfoque de salud pública al problema de las drogas debería considerar alternativas a la criminalización y encarcelamiento de las personas con problemas de consumo de drogas. Las convenciones apoyan el uso de alternativas a la cárcel, y ‘despenalizar’ el consumo de drogas puede ser una forma efectiva de ‘descongestionar’ las cárceles y redirigir recursos al tratamiento con el fin de facilitar la eventual rehabilitación y reintegración de los consumidores de drogas…”.

Sin embargo, al momento de escribir estas líneas, la ONUDD se encuentra atrapada en una esfera bipolar. Yuri Fedotov (el director ejecutivo de ONUDD), al iniciar la conferencia de Viena, declaró a la prensa,

“Como jefe de la ONUDD, tengo que decir que la legalización no es una solución al problema (mundial) de drogas”. Más aún, descalificó la estrategia uruguaya de estatización de la mariguana: “es muy difícil decir si esta ley está completamente de acuerdo con las provisiones legales de las convenciones sobre control de drogas”.

Si bien es cierto que la puerta a la discusión internacional sobre las drogas ha sido abierta con este documento, queda claro que la posición de muchos de los líderes mundiales puede resumirse en las declaraciones de nuestro propio presidente:

“México no está en favor de la legalización de las drogas… Sin embargo sí estamos en favor, y queremos insistir y levantar la voz, para que cuanto antes se de un amplio debate en este tema y el consenso que se tenga sobre la nueva política que deba tenerse en esta materia”.

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