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¿Por qué surgieron hace poco más de un año los grupos de autodefensa en Michoacán? Algunas publicaciones recientes en medios nacionales e internacionales señalan con frecuencia dos motivos. El primero, en palabras de José Manuel Mireles, es que Los Caballeros Templarios cruzaron un límite cuando empezaron a secuestrar a mujeres y niñas en grupo para después violarlas. El segundo, más complejo y entre hilado con otros argumentos, es que Los Templarios pasaron de las extorsiones generalizadas que venían realizando desde hacía años—como el cobro de impuestos criminales a la población civil—a intentar controlar la producción agrícola de una de las regiones limoneras más importante del país. Hipólito Mora, fundador de los autodefensas en el primer poblado en “levantarse  en armas”, lo narra así en un reportaje reciente en esta revista: 

Empezaron por apropiarse de ranchos limoneros, algunos a la mala, sin papeles, otros comprándolos gracias al dinero de la droga y muchas veces al precio que ellos querían: “Te doy tanto por tu rancho, si no lo aceptas luego se lo entrego a tu viuda”. Después regularon la actividad: ya no se podía cortar limón todos los días sino únicamente lunes, miércoles y viernes, y hasta cierta hora. Las empacadoras sólo podían recibir el limón de sus propiedades o de quien ellos señalaban. Su objetivo era controlar el precio del producto que se fija en el tianguis del limón en Apatzingán. Esto fue dejando sin ingresos a muchos habitantes de La Ruana que viven de esa actividad.

En retrospectiva, no es sorprendente encontrar notas de prensa sobre la extorsión a los productores de limón. Por ejemplo, en abril de 2013 fueron asesinados catorce productores y cortadores después de reunirse con el entonces  Secretario de Gobierno del Michoacán, Jesús Reyna (hoy detenido por vínculos con Los Templarios), exigiéndole condiciones de seguridad para continuar sus actividades. Acusaban a Los Templarios de cerrar empacadores y fincas de limón, lo cual, reportó la prensa entonces, incrementó  el precio del limón. 

Para entender la violencia reciente de Michoacán es importante tomar en cuenta el auge de la producción agrícola  del estado durante la última década. Como se ve en la gráfica 1, según cifras oficiales de la Sagarpa, el valor de la producción de productos con alto potencial de exportación, como el limón, el aguacate y la fresa, ha crecido considerablemente en Michoacán desde hace alrededor de diez años. En el caso del limón, llama la atención que el valor de la producción prácticamente se duplicó de 2003 a 2011, pero cayó más de 30% en términos reales de un año al otro, de 2011 a 2012.

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El mapa de abajo muestra los municipios freseros (en rosa), aguacateros (en azul) y limoneros (en verde) que concentran 95% de la producción de cada cultivo. Nótese que la producción de estas frutas está concentrada en zonas geográficas que no se empalman, constituyendo regiones de producción agrícola bien delimitadas. En el caso del limón, por ejemplo, 95% de la producción proviene de seis municipios ubicados de forma contigua: Aguililla, Apatzingán, Buenavista, Múgica, Parácuaro y Tepalcatepec. Aquí se producen dos de cada 10 limones mexicanos. La región aguacatera es un poco más extensa, formando una especia de corredor transversal, mientras que la fresa está dispersa en tres pequeñas regiones al norte del estado. 

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A primera vista, la distribución geográfica de la agricultura en Michoacán sugiere que la región limonera es relativamente más fácil de “controlar”, dadas sus condiciones orográficas y el alto grado de concentración territorial. Es un área compacta de relieve mayoritariamente plano en Tierra Caliente.

Coincidentemente, los dos municipios en los que se organizaron los primeros grupos de autodefensa, como han narrado sus propios líderes, fueron Buenavista y Tepalcatepec, lo cuales eran primero y sexto lugar en producción de limón en el estado en 2012. Después, las autodefensas se extendieron a otros municipios limoneros como Aguililla, Múgica, Parácuaro y finalmente Apatzingán.

Al mirar los datos una de la preguntas que surge es, ¿por qué Los Templarios intentaron intervenir la producción si podían extorsionar a los agricultores como habían estado haciendo desde hace tiempo? Es decir, ¿por qué decidieron tratar de operar de forma directa la producción del limón, en vez de seguir extorsionando a los productores, como hacían con los productores de fresa y aguacate? 

Una respuesta posible está en el incremento de la producción de limón a nivel regional en los municipios limoneros. Como se puede ver en la gráfica 2, de 2003 a 2012, la tendencia fue de crecimiento en todos los municipios. En el caso de Apatzingán la producción bajó durante tres años, hasta que en 2010, 2011 y 2012 se recuperó la tendencia de crecimiento. 

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Este rápido incremento en la producción parece haber tenido un impacto en el precio medio rural (PMR), es decir en el precio que reciben los productores. Como se muestra en la gráfica tres, entre los años 2011 y 2012 el precio del limón cayó de manera importante en estos municipios. En Tepalcatepec, por ejemplo, cayó alrededor de 40% en términos reales. 

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Considerando estos datos, la narración de Mora sobre el intento de Los Templarios de controlar la oferta de limón en el mercado regional se entiende mejor. De lo que se sabe, hasta ahora Los Templarios tenían su centro de operaciones en Apatzingán y se habían apropiado de fincas de limón en varios municipios. Por tanto, una vez que se desplomó el precio del limón entre 2011 y 2012—como resultado del crecimiento precipitado de la producción en Apatzingán—Los Templarios intentaron reducir la oferta de limón en lugar de mantener el cobro de su impuesto criminal. Esto motivó que los productores, quienes habían visto sus ingresos afectados por la caída del precio, se armaran y enfrentaran a Los Templarios para liberarse del control que éstos intentaban imponer sobre el mercado. No fue así el caso en municipios aguacateros y freseros donde el precio se mantuvo estable o la alza. Por ello no es sorprendente que una de las primeras cosas que hicieron los grupos de autodefensa al entrar a Apatzingán fue establecer un nuevo precio en el tianguis regional de limón. 

En resumen, Los Caballeros Templarios no sólo son un cartel del narcotráfico, sino que pretenden ser uno en el sentido más extenso del término. Intentaron imponer un cartel de productores del limón en términos económicos. Esto no quiere decir que la confrontación entre autodefensas y templarios sólo sea un pleito por tierras, pero parece que entre todos los conflictos que existen en Michoacán, el pleito por el precio del limón fue la chispa que desencadenó un fenómeno más amplio de confrontación y  violencia.

Omar García Ponce es candidato a doctor en política por NYU.
Andrés Lajous es estudiante de doctorado en sociología en Princeton.

Una versión de este texto apareció originalmente en The Monkey Cage de The Washington Post.

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