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Escuché por primera vez a Pablo Iglesias Turrión en 2008, durante la defensa de su tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. El abogado y politólogo madrileño entraba formalmente al gremio académico con una disertación sobre la acción colectiva contenciosa, que sería publicada luego en forma de libro bajo el nombre de Desobedientes.

La tesis estudiaba diversos movimientos sociales, desde los tute bianche italianos hasta las protestas contra la guerra de Irak en Madrid, pasando por el EZLN. Iglesias había participado en muchos de ellos, al grado que uno de los sinodales le recriminó –en son de broma- el “exceso de protagonismo” en su trabajo.

Ahora, este joven profesor con coleta que comparte nombre con el fundador del  Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es uno de los cinco eurodiputados electos por la plataforma Podemos, la mayor sorpresa de las pasadas elecciones al Parlamento Europeo en España. Con sólo algunos meses de existencia, esta formación política se ha convertido en la cuarta fuerza electoral a nivel nacional, con más de un millón de votos y un futuro que no se piensa testimonial.

Apuro algunos puntos que me parecen claves en la trayectoria de esta iniciativa, que sospecho será de difícil digestión para buena parte de nuestra clase opinante, tan dada –todavía hoy- a mirar a la transición española como un modelo.

El contexto

La irrupción electoral de Podemos llega en un momento de profunda crisis en el régimen español nacido en 1978. Los recortes en el gasto público, los desahucios que ocurren a diario, y una generación obligada a elegir entre la precariedad, el desempleo o el exilio son sólo algunas de las facetas de este proceso. La corrupción, por su parte, se ha convertido en un escándalo permanente que alcanza a la propia Familia Real. No resulta extraño que los dos grandes partidos, el Partido Popular (que gobierna) y el PSOE, hayan obtenido menos del 50 por ciento de los votos el pasado domingo 25 (16 y 14 parlamentarios, respectivamente). Podemos tampoco se explica sin la experiencia y el aprendizaje que significaron el 15-M, los indignados que ocuparon la Puerta del Sol en 2011 con consignas como “No es una crisis, es una estafa” o “Le llaman democracia y no lo es”, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y las “mareas” verde y blanca, protestas multitudinarias en contra de la privatización de la educación y la sanidad.

La crisis –económica, política, moral- y todos estos movimientos contribuyeron a generar un cambio en la estructura de oportunidad política que podía ser aprovechado.

Una cuestión de método

Abierta la oportunidad, se necesitaba un método, una herramienta democrática para mover ficha” y “convertir la indignación en cambio político”. Esa fue la idea tras la decisión de formar Podemos y participar en las elecciones europeas, como señala Pablo Bustinduy. Una de las condiciones planteadas para hacerlo era construir una candidatura que tuviera un carácter popular y abierto a la ciudadanía. Para ello, se diseñó un sistema de elecciones primarias a las que podía presentarse cualquier persona impulsada por alguno los más de 300 “Círculos Podemos” que se crearon dentro y fuera de España (hay incluso un “Podemos en Clave Latina”). De ahí surgió la lista electoral. Luego siguió una elaboración colectiva del programa: partiendo de la propuesta de un borrador, se planteó un debate en línea, luego del cual se realizaron enmiendas colectivas en los Círculos y un referéndum online para ratificarlas[1]. Para el financiamiento no se utilizaron préstamos de la banca, sino una campaña de crowdfunding cuyo uso es fiscalizable a través de su página de internet, lo mismo para comprar una furgoneta que para hacer un spot electoral.

“¡Que sí nos representan!”

El método de primarias abiertas tuvo un resultado natural: una lista electoral con un perfil muy distinto al de los políticos tradicionales, no sólo de los dos grandes  partidos del régimen –la “casta política”, como gustan llamarles en Podemos- sino de la izquierda sindical o parlamentaria. Empezando por el propio Iglesias, militante comunista desde los 14 años y profesor universitario con varios libros a cuestas (incluido uno escrito con el líder de un conjunto de raperos, “Los Chikos del Maiz”). La segunda europarlamentaria de Podemos es Teresa Rodríguez, maestra de secundaria y activista social. Le sigue Carlos Jiménez Villarejo[2], un ex fiscal Anticorrupción  de 79 años. El cuarto escaño en Estrasburgo lo ocupará Dolores Sánchez, un claro ejemplo de la “Juventud sin Futuro”: politóloga de formación, trabajadora precaria (ha sido lavaplatos y mesera) y, por un tiempo, también expatriada. El quinteto lo cierra Pablo Echenique, un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, nacido en Argentina y discapacitado a causa de una enfermedad degenerativa. Esto podría implicar el modesto inicio de un proceso de regeneración de las instituciones representativas y, quizá, el nacimiento de algo nuevo que las desborde.

Tertulias y redes sociales

Una de las claves del éxito de Podemos fue su estrategia de campaña. La carencia de recursos  fue suplida por la habilidad comunicativa de Iglesias y una presencia mediática nada casual. Entendiendo que el principal espacio de socialización política es la televisión, el portavoz de Podemos asistió a todos los programas de debate televisivo posibles, incluso a los de  abierto signo conservador, frente a tertulianos que actualizaban aquello que escribió César Vallejo hace décadas: español de puro bestia. Lo respaldaba su experiencia como creador y presentador de dos pequeños programas de debate político televisivo: “La Tuerka” y “Fort Apache”, para los que YouTube actuó como una caja de resonancia.  Con maneras suaves y un mensaje duro, Iglesias fue posicionándose en poco tiempo como uno de los políticos más conocidos. La apuesta fue arriesgada, pues podía generar una imagen excesivamente personalista cercana a la caricatura, pero al final ha resultado esencial. 

Otro elemento importante fue el trabajo en redes sociales: Podemos tiene en Facebook ahora casi 370 mil likes, mientras que los dos grandes partidos rondan los 60 mil. En Twitter la historia es parecida: Iglesias cuenta con más de 300 mil seguidores, 15 veces más que Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete, que encabezaban la lista del PSOE y del PP.  Televisión e internet, dos medios que llegan a diferentes públicos y que se han retroalimentado, como explica Iñigo Errejón, el director de campaña.

“¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?”

Otra de las sorpresas de la breve trayectoria de Podemos es la demostración de que puede articularse un discurso alternativo con posibilidades de triunfo electoral. El escritor César Rendueles lo define bien: si la historia reciente de la izquierda española podía resumirse en la frase “Éramos pocos pero sufríamos mucho”, había que empezar a “Ser muchos y sufrir poco”.Y eso implicaba construir un discurso inclusivo y transversal, por ello necesariamente sencillo (y en ocasiones altisonante), que sirviera para interpelar no sólo a los hipsters del activismo sino a todos aquellos que han padecido la crisis.[3]

El discurso de Podemos trasladó el conflicto político desde el eje “izquierda-derecha” a uno que diferenciaba a “los de arriba” con “el pueblo”, a “la casta” con “la gente decente”.  Esta retórica antagonística y popular ha generado críticas,[4] pero conectó con miles de hombres y mujeres que habían vivido un intenso proceso de re-politización durante los últimos años de crisis y protestas pero carecían de una opción en las urnas. Entre estos ciudadanos había muchos desilusionados por el PSOE: Iglesias solía contar a los medios que una constante en los actos de Podemos era el acercamiento de antiguos votantes socialistas, quienes “no se habían emocionado tanto con la política desde 1982”, cuando Felipe González triunfó por primera vez.

¿Qué sigue?

La lectura del 25 de mayo que realizaron desde “Podemos” fue estrictamente realista: pese a la brecha que fue abierta, pese al cambio que comienza a gestarse en el “sentido común”, el partido del gobierno ganó las elecciones. El lunes se mantuvo el desempleo, continuaron los desahucios, y La Troika (como se conoce comúnmente al triunvirato formado por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) siguió dictando la política económica.

Por ello, entre las propuestas que llevarán a Estrasburgo está un tema del que hasta hace poco nadie hablaba: la democratización de los órganos económicos de la Unión Europea. También han manifestado su apoyo al líder de Syriza, Alexis Tsipras, cuyo partido ganó las elecciones en Grecia con un discurso opositor a las políticas de austeridad, para que presida la Comisión Europea.[5]

Pero quizá la cuestión más importante sea si Podemos podrá gestionar su éxito, como ha planteado Raimundo Viejo Viñas, conservando la potencia que le dio la multitud que participó en sus primarias y Círculos, sin convertirse en una sigla más del régimen al que han convulsionado.

César Morales Oyarvide es politólogo.


[1] Entre las medidas contenidas en su programa se encuentran las siguientes: establecimiento de una renta básica, prohibición de los Centros de Internamiento de Extranjeros, reducción de la jornada laboral a 35 horas y jubilación a los 60 años, garantía de los derechos sexuales y reproductivos, persecución y endurecimiento de las sanciones del delito fiscal y creación de una agencia pública europea de calificación de riesgo que sustituya a las privadas.
[2] El viernes 30 de mayo se confirmó que, tras presentar una propuesta denominada “Directiva Villarejo” (con diversas medidas anticorrupción entre las que se encuentra la eliminación de las “puertas giratorias” entre la alta política y los Consejos de Administración de las grandes empresas), el ex fiscal renunciará a su escaño, cediéndolo a la número seis de la lista, la joven activista y profesora asturiana Tania González.
[3] Hasta hace poco, el descontento ante la crisis había beneficiado en mayor medida a la derecha xenófoba: basta ver los resultados del Front National en Francia. Incluso en Grecia, donde la izquierda de Syriza ganó las elecciones, el neofascismo de “Amanecer Dorado” mantiene una considerable influencia.
[4] Pienso, por ejemplo, en las reacciones ante su continua apelación al “patriotismo”, tan ajeno a la tradición de la izquierda española.
[5] La Comisión es el órgano ejecutivo de la Unión Europea. Su presidente es propuesto por el Consejo Europeo (que integra a los jefes de Estado o de gobierno de los países que integran la UE) previa consulta al Parlamento Europeo y aprobado por éste último.

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