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Buenos Aires– En los últimos años, algunas regiones de Argentina han visto un incremento en tasas de homicidios, de ataques a jueces y políticos, así como la aparición de organizaciones criminales colombianas y mexicanas.

¿Cuál es la causa del incremento de la narcoviolencia en Argentina? ¿Cómo se compara Argentina con otros países latinoamericanos que se han enfrentado a violencia substancial del crimen organizado? ¿Se convertirá Argentina en “el siguiente México”?

La violencia ha aumentado en Argentina por los problemas básicos de oferta y demanda. Hay más oportunidades de lucrar con drogas ilícitas y más actores que compiten por una tajada del mercado.

Las industrias de cocaína y metanfetamina utilizan cada vez más a Argentina como un vínculo crucial en la cadena de producción. La mayor parte de la cocaína atraviesa el país camino a Europa y otros lugares, pero Argentina también tiene una de las tasas más altas de consumo de cocaína en el mundo.

Los químicos precursores de las metanfetaminas también son un negocio bastante grande en Argentina. El aumento en esta industria es en gran parte un efecto del mercado: las acciones del gobierno en México empujaron al negocio a otras partes.

Toneladas de efedrina, un ingrediente crítico del precursor, son importadas y procesadas aquí en Argentina para ser consumidas como metanfetaminas en otros lados –en particular Estados Unidos.

Las organizaciones criminales de México y Colombia han participado de forma significativa en el último aumento del negocio de las drogas ilícitas. Algunos grupos criminales argentinos como Los Monos también comienzan a darse a conocer.

La violencia sigue siendo menor en comparación a otros países latinoamericanos. La tasa nacional de homicidios en Argentina es de aproximadamente cinco por cada 100,000 habitantes –pequeña en comparación con los 22 de México, 31 de Colombia o 41 de El Salvador (según UNODC).

Sin embargo, ciertas partes de Argentina han visto incrementos fuertes de violencia. Rosario, una de las ciudades más grandes, ahora tiene una tasa de homicidios de 22 por cada 100,000 habitantes. Cuatro veces más que hace algunos años. Los homicidios en Mendoza también están aumentando.

A pesar de la violencia y la creciente presencia de la industria de drogas ilícitas en el país, hay un número de razones por las cuales un incremento nacional serio en violencia –comparable a la “tormenta perfecta” de México en 2007-2011– es poco probable.

En primera, los grupos orgánicos de Argentina no están tan profundamente arraigados como otros grupos en otros países. Son más pequeños y no parecen haber cooptado a las instituciones como hemos visto en otros lugares.

Como consecuencia, ha sido más fácil que el gobierno obtenga victorias significativas contra estos grupos –y los funcionarios aparentemente conectados a ellos.

Asimismo, Argentina desplegó a fuerzas de gendarmería (creada hace mucho tiempo), en lugar de enviar a su Ejército o Marina a  Rosario, y esta estrategia ya muestra señales de éxito. (El enfoque directo de la gendarmería es un cambio de la actitud de un relativo laissez faire hacia el tráfico de drogas).

Otro motivo por el cual la violencia en Argentina tiene pocas probabilidades de ser comparable con la mexicana es la geografía. México es “tan cercano a los Estados Unidos”, el consumidor principal de drogas en el mundo, que algunos actores mexicanos siempre formarán parte en el trasiego de drogas a Estados Unidos.

Argentina, sin embargo, apenas en tiempos recientes se ha convertido en un punto de traslado de drogas, y ese papel podría regresar a otros países si los negocios se vuelven demasiado costosos aquí.

La ubicación relativa de México con Estados Unidos también es importante por la disponibilidad de armas. Es posible encontrar armas ilegales en Argentina, pero no hay nada comparable al flujo de rifles de asalto que cruzan desde Estados Unidos por la frontera sur.

Estas diferencias entre las situaciones de Argentina y México no significan que la violencia argentina no sea causa de preocupación. Al contrario, Argentina debe permanecer atenta, ya que la violencia podría llegar a otras partes del país. Si el gobierno no confronta de forma directa a las organizaciones criminales y a la corrupción, las consecuencias podrían ser serias.

Sin duda, la situación de la narcoviolencia en Argentina es un caso que hay que observar con atención.

Brian J. Phillips es profesor/investigador de la División de Estudios Internacionales del CIDE.

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