vene

Caracas.- Cerca de un año y medio después de la muerte de Hugo Chávez, el barco del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela, actualmente en el poder) parece hacer aguas. Las peleas intestinas que se imaginaban tras la desaparición del Comandante se han hecho visibles desde el pasado mes de junio, con la salida del Gobierno del ex ministro de Planificación, Jorge Giordani. 

Es el hombre que ha marcado durante todos estos años la política financiera de la Revolución. Fue en 1993, en la cárcel de Yare, donde conoció a Chávez y, desde entonces, su rumbo fue con el del Gobierno.  Entró como ministro de Planificación y Desarrollo en diferentes periodos. Se ausentó en el periodo 2002/2003, tras el golpe de Estado de 2002, y en 2008/2009, tras presentar su renuncia por diferencias ideológicas. Pero siempre regresó. Ahora, los visos anuncian lo contrario. A inicios de junio, se le apartaba del directorio de PDVSA y del Banco Central Venezolano. El 17 de junio, Maduro anunciaba un cambio en el cuerpo ministerial y la destitución de Giordani de su cargo. Al día siguiente, se destapaba una olla a presión.

 El ministro defenestrado publicaba una carta en la mostraba casos graves de corrupción, criticaba las políticas económicas llevadas a cabo por el Gobierno y el gasto de dinero del erario público con fines políticos, así como la falta de revisión y corrección del modelo para frenar la inflación o problemas estructurales. También apuntaba la falta de liderazgo de Nicolás Maduro: “surge una clara sensación de vacío de poder en la Presidencia de la República”. 

Una semana después, Héctor Navarro, quien fue ministro de Educación con Chávez, publicaba otra carta, difundida por Ana Elisa Osorio, vicepresidenta del Parlamento Latinoamericano. Tanto en la misiva, como en varios tweets lanzados por la diputada, se pedía la investigación de las irregularidades que mencionaba Giordani en el primer documento. Otro diputado, Freddy Bernal, declaró que el Gobierno ha cometido errores en el manejo de la economía y de las empresas intervenidas.

Giordani y Navarro  fueron suspendidos del partido y a Navarro se le hizo un llamado al tribunal disciplinario del PSUV.  

En cadena nacional, Maduro lanzó unos días después un discurso contra los “trasnochados de izquierda, desconsiderados, atacantes del Gobierno cuando el enemigo (la oposición) busca cortarnos la cabeza y destruirnos”. No gustó nada esta calificación a las bases bolivarianas y el presidente tuvo que salir a rectificar y dijo que en el seno del partido hay inclusión y espacio para la crítica. 

Las críticas y acusaciones llegan en un momento cumbre. A finales de julio se celebrará el III Congreso del PSUV, donde se espera la reunión de los militantes de toda Venezuela. Desde muchos sectores críticos se ha pedido la inclusión en la agenda de puntos tratados en la carta de Giordani, pero apenas se han escuchado a las bases. 

Esto ha llevado a cuestionarse desde varios sectores la legitimidad del PSUV como único garante del legado de Chávez, así como el apoyo a Maduro. Nicmer Evans, politólogo de izquierdas, habla de corrientes dentro del partido de Gobierno, pero todas “tienen la necesidad de ratificar el liderazgo del presidente, así como está en cuestión su estilo y la relación del partido con el Estado”. Apunta que la carta de Giordani ha afectado en la necesidad de abrir mucho más la agenda de discusión en el Congreso y abordar no sólo temas programáticos, sino vinculados a la actualidad del país. 

Por su parte, Javier Biardeu, vinculado al PSUV, explica que no fue casual que en la última alocución de Chávez hiciera un llamado a la unidad, “porque reconocía que la construcción del instrumento político no estaba hecho aún”. El sociólogo dice que, al morir el Comandante, las tensiones aumentaron y salieron las fuerzas centrífugas también y que, precisamente de ese discurso final, el 8 de diciembre, es que parte la legitimidad de Maduro, pero que las medidas económicas tomadas después por el actual presidente “no se sabe sin son consistentes o no con el Plan de la Patria [Plan sexenal], el Golpe de Timón. No sé si tiene mucho que ver todo lo que Chávez tenía pensado hacer y lo que se está haciendo”. 

En relación a esto último, critica que “muchas de las conquistas de Chávez iban camino a la izquierda y ahora se están llevando al centro y se concilia con los empresarios. Además, están afectando de manera muy cruda a las condiciones de vida de los sectores populares, del pueblo. La idea de Chávez era la justicia social, contraria al empobrecimiento y los problemas que hay. Eso no es el legado de Chávez”. 

En la línea crítica también se posiciona el movimiento Marea Socialista, que decidió hacer una asamblea pública el 19 de julio para debatir los puntos que el Congreso del PSUV no tocará. Andrea Pacheco, dirigente de este grupo en Valencia, habla del inicio de una “crisis política” con la muerte del Presidente que “ha abierto muchas incertidumbres”. Denuncia la falta de comunicación entre los cuadros más altos del partido y las bases y la pérdida, cada vez más, de espacios para la crítica. 

Pacheco se queda en silencio y piensa mucho qué contestar ante la pregunta de si el liderazgo de Maduro está en peligro: “Yo quisiera que no. Pero una cosa es cuando el pueblo vota por el Plan de la Patria y otra muy distinta lo que pasa hoy. Esto deslegitima mucho. Están tomando medidas contrarrevolucionarias y aún estamos a tiempo de revertirlo con el debate”. 

Todos, Evans, Pacheco y Biardeau, hablan de la necesidad de rectificar, reconocer las corrientes internas del PSUV, y del fin del control de unos pocos del partido del resto del movimiento bolivariano. 

El tiempo dirá si este III Congreso del PSUV, y sus circunstancias alrededor,  llevan al cierre y fortalecimiento en sus filas o a un desmembramiento en facciones, tal y como pasó con Acción Democrática hace cuarenta años. O quizás, pase como en el XX Congreso del PCUS en 1956, el primero tras la muerte de Stalin, el punto de partida de las críticas al sistema, al Secretario General y el comienzo también de la “desestalinización”. 

Alicia Hernández es una periodista española en Caracas.

Te recomendamos: