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En México, la Generación X fue definida como la primera en hacer uso de las nuevas tecnologías y crecer durante la fase de inauguración y afirmación de las políticas neoliberales. Para muchos otros, esta generación fue bautizada como la Generación Y y abarcó de 1976 a 1988. En España esta misma generación fue definida como los JASP o Jóvenes aunque sobradamente preparados, particularizada por ser la generación con mayor preparación académica en la toda la historia precedente del país, pero también con la menor posibilidad de obtener empleo, al tiempo que fue testigo del resquebrajamiento de la URSS y el bombardeo masivo a favor de un indiscriminado consumismo. En nuestros días asistimos al despliegue de una corriente teórico-filosófica que busca  la construcción de identidades globalizadas y de sujetos ideales  caracterizados por  su  individualismo, competitividad, escepticismo  y ensimismamiento  en su propia subjetividad.

En Cuba, la definición de las generaciones obedece a las peculiares y, quizá únicas, circunstancias que definen por más de medio siglo su proceso histórico. Estas especificidades las explica Luis Suárez Salazar, ex Coordinador del Grupo Gestor para la Planeación Estratégica del Ministerio de Justicia de la República de Cuba, al hacer referencia a la coexistencia de cinco generaciones. La Generación Histórica, que luchó en contra de la dictadura de Fulgencio Batista, y a la cual pertenecen las grandes figuras de la Revolución y que en ese entonces eran muy jóvenes: Fidel Castro tenía 33 años, Ernesto, el Che, Guevara 31 y Camilo Cienfuegos 27. En esta misma generación se encuentra Raúl Castro, figura  central del Partido Comunista de Cuba, desde 2006. La generación siguiente fue la Generación Guevarista, cuyos integrantes comenzaron a hacer política después del triunfo de la Revolución, bajo la influencia personal, política y moral del Che Guevara. 

A partir del año de 1976 se aprobó la primera Constitución Política, que estableció los principios de la Revolución: la orientación antiimperialista, los derechos de los trabajadores, la estatización de la producción, la creación de los planes de desarrollo impulsados y regulados por el Estado y,  a nivel internacional, las relaciones con la URSS y demás países socialistas. La generación correspondiente fue definida como la de la Revolución Institucionalizada

Ésta fue seguida por lo que Luis Suárez define como la Generación del Periodo Especial, que empieza a hacer política en la década de los noventa y le toca vivir en pleno el derrumbe económico de su primer socio comercial: la URSS y el Bloque Socialista. Esta situación de emergencia nacional impuso la necesidad de  recomponer la Constitución de 1976. Esta generación ocupa hoy el segundo puesto en importancia: Miguel Díaz Canel, vicepresidente primero del Consejo de Estado, electo a los 52 años, es la figura más representativa de esta cohorte generacional. 

A la Generación Institucionalizada le toca la llegada de las primeras empresas capitalistas extranjeras después de la Revolución del 59,  dando origen  a la autonomía  de la gestión administrativa y a la existencia de órganos de dirección interna de las empresas extranjeras. Se creó también la figura de la empresa mixta.

Con el nuevo siglo emerge  una nueva generación: la Generación de la Batalla de Ideas, a partir de una de las más fuertes consignas autocríticas de Fidel Castro. Se trata, así, de cinco generaciones distintas en el  contexto histórico-social de la Revolución cubana. Son cinco generaciones políticas por la sociabilidad política, por el momento en que ingresaron a hacer política y porque sus integrantes forman parte constitutiva y fundamental  del gobierno y del Estado cubanos. Los cambios político-económicos llegan también acompañados de nuevas ideas. Tras 55 años de Revolución, que ve a sus protagonistas acercarse a los 75 y 80 años, se ha impuesto una recomposición de la demografía política del Partido Comunista de Cuba en la que comienzan a destacar las nuevas generaciones. 

En las investigaciones realizadas sobre el tema, se deriva que las juventudes aún conservan los principios sacrosantos de la Revolución, regidos por un fuerte compromiso patriótico. Dentro de las varias dimensiones de la juventud, están también presentes la que anteponen sus aspiraciones individualístico-profesionales a los principios sociales de la Revolución, pues colocan sus intereses personales y familiares sobre los principios sociales de la colectividad. La aparición de estos intereses marca una diferencia con las generaciones precedentes cuyo proyecto social alcanzaba una jerarquía mayor a la de los proyectos personales.

El dato es relevante pues denota la existencia de una sociedad cada vez más compleja y diferenciada; aunque la adhesión mayoritaria de los jóvenes a los principios de la Revolución sigue siendo hegemónica. Una de las manifestaciones que muestran este sentido patriótico tuvo lugar en Cuba tras el homenaje realizado a José Martí, el 28 de enero de este año, cuando se llevó a cabo un recorrido por las escalinatas de la Universidad de La Habana, a un sitio llamado la Fragua Martiana, donde José Martí vivió, a los 16 años, su presidio político. La participación fue multitudinaria con gran afluencia de jóvenes, universitarios y no.

En todo caso, los cambios son una obligación para el gobierno de Cuba. Algunos, desde 2013, ya se perciben: bajó el promedio de edad para acceder a una diputación y se incrementó el número de mujeres en las funciones de representación política. Para ser diputado basta ser ciudadanas o ciudadanos con 16 años de edad y formar parte del Partido Comunista de Cuba.Sin embargo, así como no se puede negar la diversidad  generacional cubana, tampoco podría afirmarse que cada una tiene el mismo peso y más aún cuando la Generación Histórica todavía detenta el mayor peso en la toma de decisiones y conserva su enorme legitimidad histórica.

Alvise Calderón

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