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  1.  Escenario probable. Los resultados preliminares parecen confirmar las expectativas: que la corriente Nueva Izquierda (los chuchos) obtendrá más del 41% de los Consejeros Nacionales que elegirán al nuevo presidente del partido. Su coalición con la corriente ADN y Foro Nuevo Sol los colocaría varios puntos por encima del 60% y casi aseguraría el triunfo de Carlos Navarrete.  Esto, sumado a una falta de conflicto postelectoral (como el de otras ocasiones), colocaría a Nueva Izquierda con una renovada mayoría y con una nueva legitimidad interna como pocas veces ha ocurrido en el PRD. Sin embargo,  su reto inmediato será, paradójicamente, evitar la debilidad que podría significar el abandono del partido de las partes perdedoras y desilusionadas con la confirmación de la corriente que empujó el  “Pacto por México”.
  2. Las consecuencias de la secrecía. Como la elección fue organizada por el INE con, presumiblemente, un grado de secrecía más eficiente y menos posibilidad de acarreo, entonces parecía probable que los militantes hubieran tenido posibilidad de votar por convicción votando más por corrientes pequeñas y más críticas (como IDN, el Movimiento Progresista -la de Marcelo-, Patria Digna, etc). Así que también existía la posibilidad de que los simpatizantes de Nueva Izquierda hubieran castigado secretamente a su propia corriente por los resultados del Pacto por México, generalmente poco popular al interior. Sin embargo, los resultados preliminares hacen pensar que el voto de castigo fue mínimo, aunque la cantidad de irregularidades y denuncias que se presenten frente al INE podrían ser una muestra de la desobediencia “anti-NI” y quizá podría sesgar los resultados.
  3. ¿Un posible efecto Cuauhtémoc? Si el efecto de las impugnaciones alcanza un nivel sustancial, entonces aún existiría la posibilidad que Nueva Izquierda y ADN llegaran a contar con alrededor del 50% de los Consejeros Nacionales. Sólo en ese caso correrían el riesgo de perder la elección presidencial, sobre todo si el opositor de Carlos Navarrete es Cuauhtémoc Cárdenas.  En el pasado, cuando no ha sido por acuerdo entre los líderes de las corrientes, ha habido ocasiones en que los Consejeros han elegido a su Presidente en voto abierto y a viva voz, arriesgando a ser castigados por sus líderes en caso de deslealtad.  Si esta vez, como se dice, el voto de los Consejeros es secreto, hay posibilidad de que Consejeros de Nueva Izquierda y, sobretodo, de ADN, se inclinen por Cuauhtémoc Cárdenas.
  4.  El costo de una mayor coalición. Si la proporción de consejeros pro Navarrete y pro Cárdenas se acercara a mitades, Nueva Izquierda tendría un incentivo a ampliar su coalición prometiendo puestos, candidaturas y carteras de último momento a corrientes más pequeñas. Cosa que le saldría más cara de lo esperado.
  5. Tamaño y geografía. El PRD presume tener un padrón (avalado por el INE no sin falta de problemas) con la increíble cantidad de alrededor de 4 millones de afiliados. El número es casi imposible de creer si la afiliación se atiene a las últimas reglas que impiden la afiliación colectiva. Sin embargo, la afluencia tampoco ha sido pequeña, así que el número total de votantes en la elección darán una idea más clara de la base de militantes activos en el partido. Lo mismo que los Estados en los que sí tiene presencia y en los que de plano ni los ven ni los oyen (casi todos). Estos resultados revelarán más información de lo que se ha tenido en mucho tiempo sobre los pesos territoriales de las corrientes. Y eso pondrá en claro quién negociaba con blof y quién no. Pero también pondrán en perspectiva el tamaño de los retos de la expansión territorial necesita tener el PRD si algún día quiere ganar una elección federal, más ahora que ya no tienen figuras con reconocimiento nacional como Andrés Manuel  y que han ido dejando de lado a Marcelo Ebrard.
  6. Lo pendiente. Independientemente de los puntos anteriores, el PRD tiene retos que no se van a solucionar así nada más: abrirse a la ciudadanía, comunicar mejor su agenda, reclutar mejores candidatos, respetar los derechos de sus militantes, premiar más el talento y menos la lealtad, lograr limitar el poder discrecional de los líderes de las corrientes, entregar a sus electores mejores resultados de gobierno  y ser capaces de construir una agenda de izquierda redistributiva que logre construir mayorías a nivel nacional (incluyendo o sin incluir a Morena). Ninguna de estas cosas las va a solucionar la elección interna, y quien sea el nuevo Presidente deberá responderlas muy claramente.

Mario Arriagada

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