El día de hoy, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte amaneció con la noticia de que había sobrevivido. El referéndum de independencia promovido por el Partido Nacionalista Escocés había decidido permanecer en la unión de más de 300 años de existencia. La incertidumbre que existió durante las últimas semanas previas a la votación, en la que las encuestas reportaban un empate técnico entre secesión o permanencia, desapareció.

Sin embargo, el resultado no representa un fin a la discusión sobre los poderes locales de Escocia: un 45% de los electores votaron en favor de la independencia, lo que manda señales a Westminster y Downing Street de que el status quo es insostenible. La discusión sobre el grado de autonomía y facultades del gobierno escocés no son tema nuevo y, para comprender mejor el referéndum y sus resultados, es conveniente remontarse algunas décadas atrás, así como precisar algunos detalles del sistema político británico.

El Reino Unido es una democracia particular: es el ejemplo por excelencia del parlamentarismo puro. Es decir, el partido que gana la elección en un distrito, aún sea por un punto porcentual, ocupa la posición en Westminster. No existe representación proporcional, lo que significa que los cientos de miles de ciudadanos que votaron por los partidos perdedores  no cuentan con alguien que defienda sus intereses. Además, todas las decisiones son tomadas por el gobierno central desde Londres.1

Esta falta de representatividad se agrava cuando entran en juego componentes nacionales, como es el caso de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. La poca injerencia que los escoceses tenían en la toma de decisiones de su región, llevó a un primer referéndum en 1979 para establecer un parlamento escocés. Debido a una controversial regla, en la que el 40% de la población total debía declararse en favor, el referéndum fracasó.

No fue hasta 1997, durante el gobierno Laborista de Tony Blair, que el tema de devolución de poderes resurgió. En un nuevo referéndum, se aprobaron dos medidas: la creación de un Parlamento Escocés, y la aprobación de que este Parlamento tomara decisiones en materia de gasto público para la región. Adicionalmente, se creó un ejecutivo local: el Ministro Principal de Escocia, posición que desde entonces ha sido ocupada por el Partido Nacionalista Escocés.

Resulta interesante comparar los resultados de los referéndums de 1997 y 2014.

referendum-1997

Referéndum 1997
Fuente: Wikipedia.

 

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Referéndum 2014
Fuente: Wikipedia.

 

Las imágenes son bastante ilustrativas: la misma gran mayoría que apoyó la devolución de poderes y la creación de un parlamento escocés, rechazó declararse independiente del Reino Unido. Son cosas muy distintas el buscar más dinero para gastar localmente y renunciar a la libra esterlina; buscar influir más en la política exterior británica no se compara a, prácticamente, quedarse sin Fuerzas Armadas. Los escoceses quieren mayor autonomía —pero no absoluta.

Si bien la mayoría de votantes decidieron por permanecer en la unión, es claro que el proceso de devolución debe profundizarse; el 46% que representan los independentistas así lo exige. Y aquí surge la pregunta fundamental: ¿Cuánto poder puede ceder el gobierno central al escocés sin cambiar por completo el sistema político? ¿Cuál es la línea a partir de la cual podría hablarse de una federalización del Reino Unido?

Las líneas por las que podríamos ver en los próximos años la devolución de poderes fueron trazadas por una comisión popularmente conocida en Gran Bretaña como Devo plus o Devo 2.0 . Las recomendaciones de la comisión Devo son de carácter primordialmente fiscal. Propone que el Parlamento Escocés tenga mayor autonomía en el gasto de su presupuesto y que pueda aumentarlo mediante impuestos regionales; que la región pueda, por cuenta propia, solicitar créditos, y que se reduzca, en Escocia, el impuesto nacional sobre la renta. Adicionalmente, recomienda mayor presencia de funcionarios escoceses en posiciones del gobierno central.

El Reino permaneció unido, pero no será el mismo. El costo de la unidad podrá ser una Gran Bretaña muy distinta a la que conocemos el día de hoy. Serán años interesantes.

 

Juan Pablo García Moreno.


1 Para más particularidades del sistema político inglés en perspectiva comparada ver: Lijphart, Arend. Patterns of Democracy: Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries. New Heaven: Yale University Press, 1999, y: Roskin, Michael G. Countries and Concepts: Politics, Geography, Culture. Pearson, 2000.

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