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El presidente Peña Nieto[1] anunció en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que México comenzará a participar en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP) de esa organización con efectivos militares después de una larga ausencia; la última participación fue en Cachemira en 1949. La ausencia de México de las OMP tiene tres explicaciones, una doctrina de política exterior nacionalista, una difícil relación entre civiles (en este caso diplomáticos) y militares, y el contexto de opinión pública que tiene el presidente para tomar esa decisión.

México ha tenido una difícil relación con el tema de paz y seguridad internacional de la ONU por una razón fundamental, la cercanía con Estados Unidos. La ausencia de México durante amplios periodos del Consejo de Seguridad de la ONU se debió a la percepción que si se opinaba diferente a Estados Unidos en ese órgano habría un abierto conflicto con el vecino. Esta opinión fue defendida por dos Secretarios de Relaciones Exteriores (SRE), Manuel Tello Barraud, y su hijo Manuel Tello Macías. Ambos defendieron que México no tenía interés en conflictos externos que no le afectaban de manera directa.[2] Fue por ello que México no quiso participar en el Consejo de Seguridad y en las OMP. Aunque la ONU y varios países creyeron que México debía participar en ambos espacios, sobre todo por la importancia financiera de México en la organización, la negativa fue permanente. Esa política exterior nacionalista también coincidió con la defensa de parte del sector militar con el principio de no intervención para no participar en Misiones, aunque estas legalmente no son consideradas invasiones en derecho internacional. Esa negativa fue hecha patente por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) cuando en 1992 la ONU solicitó a México efectivos militares en su misión en El Salvador. México en esa ocasión sólo envió policías.[3] 

Esta situación ha cambiado con la llegada del PAN al gobierno federal, el cual decidió ampliar los principios de política exterior a la protección de los Derechos Humanos y la protección de la paz y seguridad internacionales. Con ese cambio México presentó su candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2002-2003. Se demostró que no habría conflictos con EEUU por participar en este foro. El presidente Fox intentó incorporar a México con militares a las OMP y era la subsecretaria Patricia Olamendi encargada de esa tarea, pero la ella fue cesada de su cargo cuando habló públicamente del tema por queja expresa de la Sedena. Durante el sexenio de Calderón el equipo de la Secretaría de Relaciones Exteriores –dirigido por Juan Manuel Gómez Robledo, quien hoy permanece como subsecretario de organismos multilaterales- se dedicó a convencer a los mandos de la Sedena y la Secretaría de Marina (Semar) de los beneficios de su participación en las OMP. Durante años las posiciones dentro de ambas secretarías estuvieron divididas y señalaban que la decisión recaía en el presidente de la república como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. El presidente Calderón, según constan diversas entrevistas que realicé, decidió no enviar efectivos militares a OMP por el ambiente desfavorable de opinión pública que podría enfrentar en el contexto de la guerra contra el narcotráfico.

En los últimos dos años se ha presentado un ambiente más favorable para que México decidiera enviar efectivos militares a las OMP de la ONU. El dialogo a puertas cerradas entre SRE, Sedena y Semar durante varios años permitió que altos y medios mandos adoptar posiciones favorables, demostración de ello es que la Sedena en su Programa Sectorial 2013-2018 ya consideraba participar en las OMP de la ONU. El contexto de opinión pública en el tema de seguridad pública es más favorable al gobierno actual, aunque no hay claridad de las dimensiones de la violencia, pero sí de percepción que hay cambios en cuanto a violencia en el país. Finalmente, la nueva doctrina de política exterior de México tiene a un cuerpo diplomático cohesionado a favor de la participación de México. El presidente, usando su supremacía ante las Fuerzas Armadas, tomó la decisión en mejores condiciones que los dos presidentes anteriores.

¿Qué es lo que sigue? El comunicado de la Presidencia de la república con motivo del anuncio tiene un fin pedagógico expreso, aclarar en qué condiciones se despliegan las OMP, como coinciden con los principios de política exterior y que no se necesitan reformas legales para la participación de México en ellas, sólo la autorización del Senado para la salida de tropas. Lo interesante del comunicado es el énfasis en que la incorporación de México será gradual y será sólo en tareas humanitarias. Esto quiere decir que podrá tomar varios años en lo que veremos cascos azules mexicanos, sobre todo en la medida que la Sedena y la Semar quieran incorporarse a alguna misión que el secretariado de la ONU decida. Además, podrían participar sólo en ciertas tareas de las OMP, por ejemplo, hacer trabajo humanitario pero no formar parte de zonas de distensión en países en conflicto. 

Además, esto pasará a los partidos políticos en el Senado para autorizar la salida de tropas del territorio nacional. El PAN ha estado abiertamente a favor de la participación de México, en especial se puede mencionar el activismo de la senadora Laura Rojas. El PRI no ha tenido una posición abierta sobre el tema, pero la ventaja de que sea un presidente de su partido podría dar la mayoría requerida. No queda claro en qué sentido hubiese votado el PRI con un presidente del PAN. Probablemente el PRD comparta los principios de política exterior de la Doctrina Tello y vote en contra, aunque no pueda evitar la participación de México en las OMP.

Convencer a la opinión pública de la medida será complicado. El tema está rodeado de un gran número de mitos. Entre ellos que las OMP son intervenciones militares, que porqué la ONU no impone estas misiones en México, o que la constitución y las leyes lo prohíben. Será una interesante labor pedagógica del gobierno en informar a la población sobre un tema política exterior, tema poco popular en la agenda nacional.

Tal vez lo más importante para México, además de destacar en el escenario internacional al resolver esta incongruencia de varias décadas, sea ver cómo la participación de militares en OMP cambiará la relación entre militares y civiles en México. La observación internacional sobre los militares mexicanos podría ayudar a hacer más abierta la relación entre civiles y militares, y sobre todo ampliar los espacios de rendición de cuentas y transparencia de nuestro sector armado. 

Raúl Zepeda Gil es estudiante de Maestría en Ciencia Política de El Colegio de México.


[1]El presente artículo es una versión reducida del ensayo “Democracia, militares y política exterior en México: El caso de la ausencia de México con efectivos militares en Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU” que presenté en el concurso de ensayo “México, el mundo y la responsabilidad global” del Instituto Matías Romero que fue acreedor al segundo lugar.
[2] Sotomayor, Arturo C., “México y la ONU en tiempos de transición: Entre activismo externo, parálisis interna y crisis internacional”, Foro Internacional, XLVIII (1), 2008, pp. 238-267.
[3] González Saiffe, Fernando, “México ante las operaciones de mantenimiento de la paz en el Consejo de Seguridad 2009-2010”, en Dondisch, Roberto, México en el Consejo de Seguridad de la ONU: La historia tras bambalinas, SRE-Random House Mondadori/Debate, México, pp. 165-197.

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