china

La coyuntura es importante. Más aun cuando los aires democráticos están surgiendo en Hong Kong, en donde una gran mayoría de jóvenes estudiantes presiona para que este territorio, con una administración especial por parte de la China continental, obtenga mayores libertades políticas. Sin embargo, estas demandas no son nuevas. Y es que desde que comenzaron los movimientos ciudadanos en el Medio Oriente y África del Norte en enero del 2011, surgió la idea de que este viento de cambio podría llegar a la República Popular China.

En efecto, llegó, pero no al nivel que se esperaba (efecto dominó). La pregunta que surge es ¿por qué este movimiento no surtió efecto como en los países de África del Norte y Medio Oriente? Si al igual que en esos países, en China se vive un régimen donde las libertades individuales están coartadas supeditada al control del Partido Comunista (PC), claro, sin dejar pasar el sistema de partido único que da como resultado la un sistema rígido y autoritario.
No es ningún misterio o secreto que en China no existe un sistema democrático en donde los ciudadanos chinos puedan elegir directamente a sus gobernantes a través del voto directo. Es aquí donde los postulados de los teóricos que relacionan el libre mercado con la democracia fallan. No es útil para este caso. Y es que a pesar del crecimiento económico de este país en los últimos años (7.5% en promedio anual), lejos de que haya traído consigo cambios democráticos, ha consolidado al Partido Comunista Chino (PCC) como el actor principal (controlador) de la vida de todos los sectores del país. El caso del encarcelamiento del Premio Nobel de la Libertad Paz Liu Xiaobo, quien ha permanecido preso durante más de 14 años por su defensa de los derechos humanos, es una muestra de esto.

Y es que prácticamente desde el surgimiento de la Republica Popular en el año de 1949, los líderes del PCC han buscado a toda costa eliminar cualquier amenaza al sistema. Ejemplo fueron las movilizaciones en los años cincuenta de simpatizantes del partido que buscaban purgar al país de los enemigos del nuevo sistema. Más tarde, mediante una reforma del pensamiento se intentó transformar el espíritu de los hombres (chinos). Luego vinieron los planes quinquenales, el control de la población (un hijo por familia) hasta llegar a la revolución cultural de 1965-1969 que tenía como principal objetivo la lucha contra la renaciente burocracia y sus privilegios. En una primera fase se dirigió contra los escritores o publicistas que había criticado a Mao. La segunda fase se da con la aparición de los guardias rojos, periódicos mulares e intensificación al culto de Mao. En la tercera fase se establecen los comités revolucionarios y en la última se dan las purgas a los ultraizquierdistas. Es claro que ésta es una práctica recurrente en el modelo chino que ha sido y seguirá siendo una parte fundamental de la lógica del poder en ese país. No es fácil controlar a más de un millón trescientos mil millones de ciudadanos, menos aún cuando a pesar del éxito económico, existen claros rezagos en materia económica y política en más de una parte del territorio chino.

Es por ello que si bien es cierto que cabe la posibilidad de que los movimientos emancipadores de Hong Kong o los residuos de los de África del Norte y Medio Oriente lleguen a China, no creo que estos amenacen la existencia del statu quo, menos aún cundo el régimen tiene control de la vida de cada uno de sus ciudadanos y de su entorno, entre ello, las redes sociales. Esperemos que el formidable crecimiento económico de China también traiga consigo un cambio político en donde se respeten las garantís individuales de su población y por supuesto, la oportunidad de que el pueblo chino pueda escoger democráticamente a sus gobernantes en un sistema de partidos políticos (plural). Sin embargo, en esto hay un detalle. Habrá que preguntarnos si ellos realmente están pensando en términos (democráticos) como se hace en algunos países de occidente.

Quizá el tiempo de pensar y opinar de forma crítica sobre el sistema político en China haya llegado a su fin para dar paso a observar de manera imparcial el resultado de un proceso natural histórico (particular) que ubicará a China en su perfecta dimensión y realidad en la historia mundial contemporánea. Al tiempo.

Adolfo Laborde es profesor-investigador de Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT y de Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI).

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