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Petrobras ha sido instrumento clave para la victoria del Partido del Trabajo (PT) en las últimas tres elecciones presidenciales de Brasil. . La estrategia de atemorizar a los electores con una potencial privatización de la paraestatal, de ganar la oposición, ha sido efectiva. En esta ocasión, el petróleo sigue siendo protagonista en la campaña presidencial, debido a la sorpresiva confesión del ex–director de la empresa estatal, Paulo Roberto Costa, sobre una supuesta desviación de recursos para pagar sobornos a más de 40 políticos de alto nivel –congresistas, gobernadores y el actual ministro de Minas y Energía. Esto ha puesto en riesgo la reelección de la presidenta Dilma Rousseff por su relación y cercanía con los acusados. Además, se sumó la entrada a la contienda de Marina Silva, quien tras la muerte del candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB), Eduardo Campos, tomó su lugar 60 días antes de la elección. A continuación, expongo algunas implicaciones y reacciones del PT ante estos sucesos en la fase final de la campaña presidencial en Brasil.

Las denuncias de Costa se hicieron públicas el 29 de agosto, a un mes de los comicios del 5 de octubre. Las declaraciones de Costa señalan que los congresistas involucrados recibían 3% del valor de los contratos firmados por Petrobras a cambio de votos en el Congreso. Además de la revelación de nombres cercanos al partido de Dilma Rousseff, se han reforzado las críticas hacia la gestión estatal de Petrobras. Aécio Neves, candidato del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), declaró lo siguiente: “debemos recuperar Petrobras para los brasileños liberándola del PT, que la usa en su propio beneficio”.[1] 

El petróleo normalmente produce actitudes rentistas. Otro ejemplo brasileño cercano fue el llamado mensalão, considerada como la crisis política más grave desde la dictadura militar (1964-1984). Se trató de una serie de acusaciones hacia miembros del gobierno de Lula Da Silva, en 2005, por el mismo motivo: repartición de recursos a legisladores a cambio de apoyo político. Los personajes encarcelados más relevantes de este escándalo fueron José Dirceu, fundador con Lula del PT, y José Genoino, presidente del partido durante el anuncio de este caso de corrupción. De la misma magnitud son las posibles consecuencias de las declaraciones de Costa. No obstante, es algo que tardará en resolverse y para las circunstancias electorales sólo importan las declaraciones. Los ataques de los contrincantes del PT no se hicieron esperar y el escenario electoral se tornó sombrío para la presidenta Rousseff.

Sin duda, cambiaron las suertes para el Partido del Trabajo, pero Rousseff no olvidó lo valioso que es el debate petrolero para la política de Brasil y en lugar de evadirlo, lo intensificó. Aprovechó la ventaja en minutos de propaganda televisiva que tiene por ley, y contratacó a Silva con cuestionamientos sobre sus planes de gestión petrolera a largo plazo. Además, hizo énfasis público sobre el riesgo de perder las conquistas sociales alcanzadas los últimos años si llegara a ganar el PSB. Por lo tanto, la estrategia de respuesta del PT tuvo dos objetivos específicos: frenar el escándalo de Petrobras y advertir a la población de menores ingresos sobre la posibilidad de perder los beneficios sociales que obtuvieron del PT en la última década. No es menor el hecho de que 30 millones de personas hayan salido de la pobreza en este periodo. El PT supo aprovechar este resultado como mensaje para contener el sorpresivo ascenso de Marina Silva. Además, para desventaja del PSB, este sector de la población es el electorado más relevante para obtener la presidencia.[2] 

El éxito de programas sociales es uno de los aspectos más reconocidos del PT en el ámbito internacional, pero ¿cuál es la importancia sobre su gestión petrolera en los últimos años? A mediados de la década pasada se descubrieron yacimientos que tienen el potencial de posicionar a Brasil como el sexto productor de petróleo más importante a nivel mundial dentro de 20 años (hoy ocupa el lugar 13). Este tipo de reservas son conocidas como Pre-sal, y su principal característica reside en la dificultad de extracción por su profundidad bajo gruesas capas de roca y sal, lo cual requiere gran inversión.[3] Los planes de gestión gubernamental han sido un importante foco de atención en las últimas semanas –desde problemas de corrupción hasta estrategias de producción y exploración. De hecho, en uno de los principales debates televisados entre los principales candidatos, Rousseff cuestionó a Marina Silva sobre lo que planeaba hacer con el petróleo pre-sal. Este cuestionamiento era obligado y predecible debido a que Silva es una ambientalista reconocida, quien no favorece la promoción de combustibles fósiles. Su respuesta fue ambigua y resaltó la importancia de promover otras fuentes de energía. Por otra parte, Rousseff optó por ser contundente en mostrar un proyecto a favor de la explotación rápida y eficiente de estos recursos bajo una gestión estatal responsable. Esta posición es contraria a sus adversarios, quienes proponen reducir la intervención estatal en Petrobras. El último elemento que planeó el PT para mostrar un proyecto congruente de largo plazo, fue la participación del ex presidente Lula Da Silva cuando visitó una refinería y declaró: “quien está en contra del pre-sal está contra el futuro. El petróleo es el pasaporte hacia el futuro de este país”.[4]

A pocas semanas de la contienda, pareció que la campaña de Rousseff podría haberse desplomado, pero no fue así. La estrategia del PT tomo como principal blanco a la candidata del PSB, cuestionando su proyecto de desarrollo social y energético. A principios de año, Dilma Rousseff lideraba las encuestas y a una semana de las elecciones vuelve a la misma posición. Después de seis semanas caóticas para el Partido del Trabajo, la presidenta tiene la posibilidad de contar con 45% de los votos frente a 31% de Marina Silva.[5] Sin embargo, cabe recordar que para ganar la primera vuelta en Brasil, se debe contar con 50% de la votación válidos más uno. 

Frente al cambio o continuidad tendrán que decidir los brasileños el próximo domingo, y de ser necesario, también el 26 de octubre en la segunda vuelta. Aún queda por ver el último debate público entre candidatos el 2 de octubre. Esta será la última oportunidad de Marina Silva para aclarar su proyecto de gobierno en materia energética y social, de lo contrario proyectará al electorado una imagen improvisada y desordenada. Sin embargo, parece ser que el petróleo se ha consolidado como el pasaporte para el futuro del PT y su permanencia en la presidencia.

José Luis Reséndiz es director general de Onceporciento.


[1]Aécio: Estamos vivendo um mensalão 2”, O Globo, consultado el 28 de septiembre de 2014.
[2] Para conocer la relevancia de este sector poblacional véase “La nueva clase media, clave en las elecciones brasileñas”, El País, consultado el 28 de septiembre de 2014.
[3] “Brasil, informe general”, U.S. Energy Information Administration, consultado el 28 de septiembre de 2014.
[4] “Un gran yacimiento de crudo entra a la campaña”, El País, consultado el 28 de septiembre de 2014.
[5] “Encuesta de intención de voto en Primera Vuelta”, Datafolha, consultado el 28 de septiembre de 2014.

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