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La mesa de discusión sobre la Reforma Política fue notable y atípica por muchos motivos. Ciudadanos jóvenes deliberando en un foro organizado por la dirección de cultura democrática de la SEGOB ante un Secretario de Estado.

Lamentablemente el tema que la convocó, el del diseño político, hace que hoy en día nuestra participación en un evento de este tipo sea intrascendente. Así evidencio lo necesario que son los formatos donde ciudadanos comunes reflejen un sentir generalizado y afectan las decisiones que toman los servidores públicos.

No me considero una voz autorizada para calificar o diagnosticar técnicamente la Iniciativa de Reforma Política; lejos de sus tecnicismos e implicaciones me preocupa que la incorporación de un nuevo sistema, sea el que sea, dependa de su aceptación por parte del sistema actual. Dependemos de su miedo al cambio, de la suma de agendas personales que lo rigen y de su habilidad para anular.

A pesar de esta barrera la oportunidad está en nuestro capital humano y en el poder de participación. Más ciudadanos involucrados no solo producirían políticas más inteligentes, sino que aportarían los recursos faltantes.

Quienes estamos dispuestos a aportar experiencia y trabajo frecuentemente no hemos encontrado alternativas oficiales y nos hemos visto obligados a establecer mecanismos eficientes que comunican dónde, cómo y por qué participar en nuestras causas.

Partiendo de esta experiencia me considero una voz autorizada para afirmar que una solución viable está en el uso de las tecnologías de información para el diseño de mecanismos de participación en decisiones de Gobierno a nivel nacional. Tecnologías que permitan pasar por encima de los rezagos, agrupar intereses y crear comunidades de la nada. Convoco a que diseñemos nuevos medios y maneras de participación que democraticen el acceso y fusionen el mundo de la información con el terrenal.

Y es precisamente del mundo de las tecnologías de información de donde obtengo mi conclusión. Según los principios de organización que aplican a los sistemas operativos, la única manera de hacer funcionar un sistema complejo es comenzando con uno simple, pero que funcione. Según este principio hemos estado haciendo todo mal; nuestro sistema actual es complejo y no funciona.

Es por eso que cito un segundo principio. El error, aleatorio o deliberado, debe convertirse en una parte integral de cualquier proceso de creación. No hay que tener miedo a equivocarse, pero hay que equivocarse rápido.

Alejandro Ramos. Integrante de Pase Usted.

Este texto proviene de la intervención del autor en la “Mesa de discusión: Agenda Ciudadana y Gobernabilidad: la Reforma Política” organizado por la Secretaría de Gobernación

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