anarc

Con la ya conocida desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Isidro Burgos en Ayotzinapa y las protestas y exigencias de justicia que la sociedad ha orquestado en consecuencia, se puso en la palestra de la discusión el tema del anarquismo y/o de la protesta violenta.

Lo anterior, debido a que diversos grupos autodenominados anarquistas han aparecido en las manifestaciones ciudadanas haciendo uso de las acciones directas y en otros casos, de métodos que han sido calificados como actos vandálicos.

Al respecto, tanto los medios de información como el vox populi sostienen diversas suposiciones sobre los objetivos, métodos y procedencia de dichos grupos. El grueso de estos intentos de hipótesis pueden dividirse en dos grandes bloques no necesariamente “puros”, es decir, hay quien combina argumentos de uno y otro.

1. Que los autodenominados grupos anarquistas son células de vándalos cuyo objetivo es la violencia para desestabilizar el proyecto de nación existente.

2. Que dichos grupos son mercenarios al servicio del gobierno para desvirtuar la protesta pacífica y con ello dar pie a la criminalización de la misma.

Los que sostienen el primer argumento son principalmente los miembros de la clase política y la algunos medios de información. El segundo, proviene principalmente del vox populi y ha tenido su principal bastión en las redes sociales.

Creo que ambos bloques dejan vacíos discursivos que no han querido o no han podido responder, ya sea por conveniencia, desinformación o prejuicios.

Voy a referirme primero a los argumentos del primer bloque. Se trata del discurso de una élite que apuesta, por obvias razones, al status quo, y se alimenta de un sector de la sociedad que asume sólo una parte del discurso de la no violencia como vía para la construcción de una sociedad más justa, olvidándose, en muchos casos y siendo copartícipe en otros, de que la violencia se manifiesta también mediante otras formas ajenas a la política.

El segundo bloque, el de la vox populi, es el que a mí parecer contiene los argumentos más interesantes, no necesariamente por ciertos, sino porque ponen de manifiesto el ánimo social, dan pie al debate y abren la puerta para una conciencia política más elaborada donde no existen las verdades absolutas.

Al respecto, quisiera señalar los argumentos de este segundo bloque, a saber:

Que la aparición de los denominados grupos anarquistas va de la mano con la llegaddel priismo a la presidencia. Para ello se remiten a una supuesta primera aparición pública de dichos grupos el día de la toma de protesta de Peña Nieto y también, a los métodos de contrainsurgencia utilizados por el partido tricolor en décadas anteriores.

Que los denominados grupos anarquistas son en realidad infiltrados pertenecientes a las fuerzas de seguridad pública para inocular el miedo y, con ello, desincentivar y criminalizar la protesta pacífica.

Con respecto al primer argumento: En México nunca han desaparecido los grupos radicales e insurgentes. Ni los que tienen como línea la lucha campesina, ni los que optan por una insurgencia de tipo urbana popular. Se tiene conocimiento de células de grupos que se identifican con el anarquismo desde el año 2008. Durante ese año, la revista anarcolibertaria Bite Back documentó que los anarquistas intervinieron en 120 atentados.

El 4 de febrero del 2010, un día antes del aniversario de Plaza de Toros México, una de estas células intentó explotar una “garra de tigre” (tanques de gas butano, cuetones y una vela) en un vagón del metro que corría de General Anaya a Taxqueña. La explosión falló, pero capturaron al responsable, que responde al nombre de Adrián Magdaleno y que actualmente cumple una condena en el Reclusorio Norte por ataques a la paz pública.

Los atentados de las células anarquistas han ido en aumento: Tan solo en abril del año 2010, el Comité de Seguridad de la Asociación de Bancos de México reportó que durante 2009 hubo 23 atentados a cajeros automáticos que diversas células anarquistas se adjudicaron en varios blogs. Durante ese mismo año también hicieron estallar artefactos en sucursales de McDonalds, Burguer King, KFC, plantas distribuidoras de Coca Cola, tiendas Oxxo y boutiques de ropa.

Las células anarcolibertarias en México están influenciadas por el resurgimiento de movimientos de este tipo en otras partes del mundo, surgidas principalmente en Inglaterra a mediados de la década de los setenta, “como el Frente de Liberación de la Tierra (FLT) y el Frente de Liberación Animal (FLA), cuyas líneas de acción se basan en la batalla diaria en contra del antropocentrismo y sus consecuencias” el sufrimiento de los animales, la tecnología y la degradación del planeta”, por los que han sido bautizadas por algunos como “anarcoecologistas”. Son una suerte de (anti)organización internacional con células que no se conocen entre sí –una de sus fortalezas- y cuyo discurso ha añadido con el paso del tiempo, frentes de lucha vinculados a la coyuntura política.

Con respecto al segundo argumento, que el Estado infiltre agentes en las manifestaciones, que no quepa duda, es parte del trabajo de inteligencia que todo gobierno realiza pertenezca a regímenes democráticos o autoritarios. Si estos infiltrados han actuado promoviendo la violencia, es algo que muchos han asegurado tras evidencias pobres y dudosas. Quizá estas supuestas evidencias aparezcan con más claridad en algún momento (mientras escribo esto, estamos a unas horas de la marcha del 1 de diciembre, que probablemente arrojará nueva información).

Por el momento, lo que sí tenemos es una evidencia clara de que hay grupos actuando de manera no pacífica y por cuenta propia, tal es el caso de Sandino Bucio, estudiante y activista social que tras haber sido “levantado” por elementos de la PGR y después puesto en libertad, declaró en entrevista con la periodista Carmen Aristegui, haber participado en los enfrentamientos del día 20 de noviembre en las inmediaciones del Aeropuerto, esto después de que el diario Reforma publicara imágenes que lo evidenciaban.

El reto para quienes creemos que el movimiento debe ser pacífico, es aceptar su existencia (no sus métodos) e intentar abrir canales de comunicación para atraerlos hacia una agenda no violenta.

Eric Uribares es narrador y poeta. Desde hace varios años le ha dado seguimiento a las acciones de diversas células anarquistas. En 2013 fue becario del Fonca por su proyecto “Historias desde las trincheras del anticapitalismo”.

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